Lector, ¿tienes pleonastitis?

| Actualizado a 11 noviembre 2022 07:00
Ángel Camacho
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Seguro que sí, porque es uno de los vicios más frecuentes, sobre todo en el idioma castellano. Es un ‘virus’ idiomático que se transmite con celeridad y de unos a otros, sobre todo, desde las radios y televisiones, por el indebido uso de los locutores. Otro día hablaremos de esos estúpidos que pronuncian nombres extranjeros a la perfección y no saben pronunciar ‘Fortuny’ o ‘Puig’, ya no digo ‘eskerrik asko’. Volviendo al inicio, lector, seguro que puedes tener pleonastitis. ¿Y qué demonios es eso? Pleonastitis es el uso innecesario de una o más palabras que se añaden a una expresión con intención sin duda de hacerla más clara. El resultado es que no añade nada nuevo a la frase: es una redundancia. El que habla o escribe no hace sino repetir lo que ya ha dicho antes, y la redundancia no justifica ese injustificado uso del idioma.

Pleonastitis es el uso innecesario de una o más palabras que se añaden a una expresión con intención sin duda de hacerla más clara. El resultado es que no añade nada nuevo a la frase

Decía una persona muy culta que ya no está aquí –Ramón Piñol– que la pleonastitis es una dolencia congénita para la que no se conocen antibióticos, ni siquiera una vacunita; no mata, pero tiene cura. Cuando no se controla, puede incluso resultar molesta para el que lee o escucha al redundante. El diccionario lo define así: «Figura de construcción, que consiste en emplear en la oración uno o más vocablos innecesarios para que tenga sentido completo, pero con los cuales se añade expresividad a lo dicho, p.ej., lo vi con mis propios ojos». La realidad, como se ha visto en el ejemplo, es que no aporta expresividad, ni añade nada nuevo a la frase y a su sentido. Debe evitarse, si quiere presumir de hablar correctamente. Podemos dar más ejemplos, para que el lector los evite: Tiene cinco años de edad (sobra edad). Un mendrugo de pan (un mendrugo es un trozo de pan duro o desechado). Progresó positivamente (progresar significa positividad, avanzar, mejorar, sobra, pues, el adverbio). Había una pequeña casita (sobra el adjetivo, pues ‘ita’ tiene valor diminutivo). Le hizo un obsequio gratuito (si no es gratuito, no es un obsequio). Apareció un testigo presencial (todo testigo es presencial). Conclusión final (otra cosa son las provisionales). Hemos colaborado juntos (pues no hay otra forma, sobra juntos). Tuvo un olvido involuntario (los olvidos son voluntarios). Lo partió por mitades iguales (se supone que las mitades son al 50%). El edificio ardió en llamas (es como suele arder algo...). No se debe gritar tan alto (gritar es precisamente hablar alto). Voy a salir afuera (se sale hacia afuera y se entra hacia dentro).

La realidad es que no aporta expresividad, ni añade nada nuevo a la frase y a su sentido. Debe evitarse, si quiere presumir de hablar correctamente

Son expresiones muy frecuentes, pero que abusan del habla. Como la tontería, tan frecuente también, del «Yo, me gustan los dulces...», en vez de ‘A mí’. De joven recuerdo que el uso –hoy tan frecuente– de esto nos daba ocasión para añadir «El burro, por delante...». Pues escuchen incluso a personajes de la política o de otros sectores con el «Yo...me parece que...». ¡Burros!...

Otro día, si no te he cansado, hablaremos del ‘la, le, lo’ y del Premio Nobel de Literatura Juan Ramón Jiménez. Mientras tanto, por favor, corrige tu pleonastitis...

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