Polizones en el timón

| Actualizado a 01 diciembre 2022 07:00
Álex Saldaña
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La imagen es estremecedora. Tan impactante, que lleva a todo el que la ve a preguntarse cómo se sobrevive así once días en océano abierto. Me refiero a esos tres subsaharianos que viajaron durante once días de forma clandestina, sentados sobre la pala del timón de un petrolero, con los pies a menos de medio metro del agua, en un pequeño espacio en el exterior del casco, bajo la popa, a la intemperie y a merced de cualquier golpe de mar. Solo una gran desesperación y la necesidad imperiosa de buscar una vida mejor pueden explicar semejante temeridad. «Es un sitio que no está habilitado para albergar a una persona, con riesgo de morir por deshidratación, porque caigas al agua por un golpe de mar, por hipotermia.... riesgo máximo. Y el habitáculo se puede inundar, es muy posible que pase eso. Son unas condiciones de lo peor que existe... incluso peor que una neumática o una patera, pésimas», relataba la jefa del Centro de Coordinación Salvamento Marítimo de Las Palmas, que dirigió el rescate de estas tres personas. Una odisea que podría tener un final feliz si al final, gracias a la presión de algunas ONG, se permite a los tres polizones solicitar el asilo para permanecer en España y alcanzar así el sueño europeo por el que tanto se han expuesto. Aunque, vistas las condiciones en que viajaban, se pueden considerar afortunados por seguir vivos. Claro que el riesgo que asumieron en estos once días le hace pensar a uno si lo que tenían en su país de origen era realmente vida...

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