Liderazgo y valentía

Nuestra sociedad civil, a menudo poco estructurada y poco activa, debe tomar conciencia de que quien quiere puede y que, más que insistir en la victimización, debe pasar a la acción

| Actualizado a 16 octubre 2022 11:47
Núria Pérez
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Ninguno de los siete nuevos consellers del nuevo Govern procede del Camp de Tarragona o Terres de l’Ebre. Únicamente la consellera d’Igualtat i Feminismes, la reusense Tània Verge, que ya formaba parte del ejecutivo de Pere Aragonès, es de nuestra demarcación. El único nombramiento de nuestras comarcas conocido esta semana es el de Quim Nin como número 2 de otro Quim, Nadal, el nuevo conseller de Recerca i Universitats. Barcelona (7), Girona (4) y Lleida (2) están mejor representados que Tarragona (1).
En el caso de Girona, además, se da la circunstancia de que, con menos habitantes que nosotros, tiene cuatro veces más consellers. No es una situación nueva. Ha sucedido en anteriores legislaturas en el Parlament. Hay quien considera que lo importante no es el origen de los consellers sino su sensibilidad respecto a todo el país. Es cierto. También hay quienes perciben un claro agravio, un ninguneo. Discrepo de esa manera de interpretar las cosas, como si desde el territorio no tuviéramos ninguna responsabilidad en lo que nos acontece. Reclamar liderazgo desde la inacción es prácticamente un oximorón. Hay que dejar atrás los discursos victimistas, tan instalados en nuestras comarcas y ganarse el respeto día a día. Defendiendo las potencialidades de esta segunda gran área metropolitana de Catalunya con vehemencia, eficacia y sensatez. Buscando los consensos para reclamar a las administraciones las inversiones que el Camp de Tarragona y Terres de l’Ebre se merecen.
Nuestra sociedad civil, a menudo, poco estructurada y poco activa, debe tomar conciencia de que quien quiere puede y que, más que insistir en la victimización, debe pasar a la acción, abandonar las ‘batallas de campanar’ y actuar con la valentía y empeño necesario para participar en los centros de decisión y evitar que construyan nuestro futuro desde fuera.

Simulacro químico

Necesitamos valentía y empeño para participar en los centros de decisión y evitar que construyan nuestro futuro desde fuera

El próximo 2 de noviembre los barrios de Ponent de Tarragona, La Canonja, Vila-seca, La Pineda, dos urbanizaciones de Salou y parte del polígono de Reus participarán en un simulacro de confinamiento por accidente químico. Una empresa ubicada en el polígono sur simulará una fuga de cloro y, fruto de ello, se activarán veinte de las 45 sirenas que hay repartidas por el Camp de Tarragona. En total, unas 65.000 personas están llamadas a confinarse.

Toda simulación para conocer mejor qué hacer en caso de accidente es poca si realmente es efectiva y si después, cuando ocurre una emergencia, los protocolos de actuación se activan de la misma manera. Casi tres años después de la explosión en Iqoxe, aún se cuestiona por qué en ese caso no se activaron las sirenas. Y hace apenas un par de semanas, tras la fuga de nafta en Asesa, que provocó un intenso episodio de malos olores, se volvía a reconocer que los mecanismos de comunicación eran claramente mejorables.

El próximo día 2, como novedad, se llevará a cabo la prueba del nuevo sistema de aviso a la población a través de SMS por móvil, un sistema de alerta reivindicada y que puede resultar uno de los medios más efectivos de información a la ciudadanía, dada la incorporación de los smartphones a nuestra vida cotidiana.

La comunicación de riesgo es imprescindible, necesaria, indispensable y obligatoria. La población que se puede ver afectada por algún accidente en la industria química de Tarragona debe conocer (es una obligación impuesta por leyes europeas), donde vive, y a qué riesgo está sometida. Los agentes sociales y los ciudadanos debemos exigir, y a la vez, implicarnos en la revisión en profundidad del sistema de información del Plaseqta. De nada sirve quejarse después cuando las cosas no funcionan si uno, sabiendo que todos tenemos nuestra parte de responsabilidad, no se ha involucrado en su mejora.

FICVI, Psicurt y Festival Tau

La oferta cultural de la demarcación ha alcanzado en los últimos años un nivel admirable. Cada mes hay al menos dos o tres citas destacables que no tienen el reconocimiento que deberían. Algunos ejemplos. Por un lado, el Festival Internacional de Curtmetratges de Vila-seca (FICVI) arrancó el viernes con una nómina de actores de máximo nivel en las producciones. Entre ellos, José Sacristán, Aitana Sánchez Gijón, Luis Tosar, Amaia Salamanca o Dani Guzmán. De los 666 cortometrajes de 42 países diferentes presentados, el FICVI ha seleccionado a 44 procedentes de Brasil, Países Bajos, EEUU, Albania, Reino Unido, Irán, España y Catalunya, una cifra récord que sigue avalando la relevancia internacional de este certamen que es colaborador en la preselección de cortometrajes por los Premios Goya. Por otro lado, el Psicurt, uno de los festivales de cortometrajes sobre salud mental más consolidados e importantes de España, clausuró el pasado domingo. Era su séptima edición, la más participativa en cuanto a cifra de cortometrajes presentados a concurso.

Anoche comenzó en Tarragona la segunda edición del Festival TAU de música antigua, que durará hasta el 29 de octubre y quiere ser un referente de la música de los siglos XIII al XVIII. Se trata aún de una cita joven, nacida hace un año, pero con gran potencial por celebrarse en un entorno majestuoso como es la Catedral de Tarragona. Esta edición contará con artistas de la talla de Ensemble O Vos Omnes, Farran Sylvan James, Dani Espasa o Jordi Savall, que no actuaba en la ciudad desde el 5 de diciembre de 2010, cuando cerró la conmemoración de los diez años de la declaración de Tarraco como Patrimonio de la Humanidad.

Invertir en pastores

El Museu de les Terres de l’Ebre acoge este fin de semana la Segunda sesión del II Congrés de Transhumància i Camins Ramaders de Catalunya. Sus impulsores reivindican la importancia del pastoreo porque, recuerdan «provee de servicios de aprovisionamiento como alimentos pero también lana, piel y realiza servicios ambientales». Al leerlos, me acuerdo de Edu Balsells, que con poco más de treinta años decidió cambiar su empleo de trabajador social por el oficio de pastor, y con quien tuve oportunidad de hablar tras emprender su proyecto Ramats al Bosc. Después de más de dos horas de conversación me di cuenta de dos cosas. Una: que el pastoreo debería ser una actividad muy valorada porque cumple todos los objetivos de desarrollo sostenible de los que tanto se habla en la actualidad. Dos: que, si invirtiéramos en pastores se reduciría de el riesgo de incendio y mitigaríamos el cambio climático.

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