Formación Profesional y empresa

| Actualizado a 01 diciembre 2022 07:00
Salvador Soler Luz
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Cuando se comentan temas sobre la Formación Profesional a nivel académico o informal se da por hecho que es normal que estos estudios también se realicen, en parte, en las empresas. Otra cosa es el conocimiento real, incluso en ámbitos de formación general, lo que implica el realizar la formación ‘compartida’. La cuestión no es novedosa y es de suma importancia para la formación de los alumnos, mundo productivo, centros y empresas. La vinculación de la empresa con los estudios profesionalizadores se inició formalmente en España en 1955 con la Ley sobre Formación Profesional Industrial, la primera regulación bien estructurada de estas enseñanzas. De esta se pueden destacar, entre otras, las disposiciones siguientes: Concreta la creación de las escuelas de preaprendizaje, las de aprendices (oficial industrial) y de maestría (maestro industrial). Establece la FP Industrial como la rama de la educación que tiene por finalidad esencial la adecuada preparación del escolar y trabajador cualificado en las diversas actividades laborales de la industria... Determina la obligación para las empresas de aportar la cuota de formación profesional. Dichas enseñanzas se organizaron en régimen diurno y con preponderancia del nocturno para facilitar el acceso de los trabajadores a estos estudios.

Las leyes siguientes hasta la última del 2022, han seguido y propugnado una filosofía análoga con pautas actualizadas, pero han adolecido de ejecución efectiva en todos los vectores intervinientes: planificación, organización y gestión. Es importante conocer objetivamente la vinculación de estas enseñanzas con el trabajo, o de sus actores, la FP y la empresa.

Hay que fomentar la emancipación de los jóvenes adquiriendo conocimientos que asumen como alumnos-aprendices en la empresa

Estos estudios, al combinar-los la ‘escuela’ y la empresa, pueden crear a corto plazo una amplia clase trabajadora innovadora que despliegue la motivación, punto de apoyo de la palanca del emprendimiento de todas las personas. Las personas empleadas pueden generar un atributo que es la creatividad. Para ello hay que potenciar e incentivar la democratización de la innovación y fomentar la emancipación de los jóvenes adquiriendo conocimientos (tecnológicos, organizativos y formas de hacer, ser y estar) que asumen como alumnos-aprendices en la empresa.

La trayectoria profesional de la persona se dibuja en una ecuación singular entre el conocimiento que ha estudiado y las habilidades que le permiten desarrollar su vertiente relacional y organizacional. Las habilidades más demandadas por la empresa se sintetizan en los contextos: la relación con las tecnologías, las personas, la innovación y la adaptabilidad, temáticas que los alumnos no las pueden asumir completamente en el centro de FP, el complemento y la novedad le esperan en la estancia formativa en la empresa.

Según el Informe de tendencias de RRHH. (CEOE-2022), la falta de mano de obra cualificada preocupa seriamente a las empresas del país. En España faltan trabajadores y es difícil hablar de digitalización y sostenibilidad si no hay personas preparadas. Destaca el déficit de perfiles técnicos que preocupa a más del 50% de las empresas. Este empeoramiento de la productividad y los resultados financieros, debido a la escasez de talento activo se manifiesta preferentemente en las empresas pequeñas y medianas, produciéndose una ‘brecha de desigualdad’, afectando a la supervivencia de las que tienen menos recursos, con riesgo de desaparecer si no pueden adaptarse.

¿Qué lógica soporta una tasa de paro oficial del 10%, cuando las PIMES precisan de muchos trabajadores titulados en FP?

En los países de la UE donde apenas se ha desarrollado la modalidad dual, las tasas de desempleo son notablemente altas, en particular en España. En cambio en Alemania, Austria, Holanda y los nórdicos aplicando la gestión organizativa adecuada del sistema de FP-Dual, el desempleo juvenil no ha aumentado, incluso en los peores momentos de la crisis internacional. Hay que valorar la predisposición de las empresas para vincularlas en la formación al considerar los costes y beneficios en este proceso. Encontrar el balance armónico adecuado. Se ha de evaluar el coste que supone buscar y formar a un nuevo empleado o incorporar a un aprendiz que está formándose en la empresa.

Unos incentivos que pueden generar la participación de las empresas en la formación son los que puede proveer la Administración en determinadas variantes y no sólo económicas, atendiendo a la gran variedad de estrategias según el contexto en el que se aplique.

En el caso de las PIME, estas encuentran mayores dificultades para asumir programas de FP Dual y de FCT porque les es difícil liberar un tempus concreto y constante a uno de sus trabajadores para que forme a los alumnos–aprendices. También ocurre que una vez formados, algunos son captados por otras empresas.

No se puede ignorar u olvidar las acciones efectivas que realizó PIMEC para que se incorporara e implantara la Formación en Centros de Trabajo (FCT) (obligatoria) a nivel curricular en los Ciclos Formativos. Es importante señalar sobre el desajuste existente en el mercado laboral: ¿Qué lógica soporta una tasa de paro oficial del 10%, cuando las PIME precisan de muchos trabajadores titulados en FP? La vinculación de la empresa al respecto, en la Ley de Formación Profesional publicada en abril de este año, establece, entre otros, los preceptos: Art.56: «Las finalidades de la fase de formación en la empresa...». Art.83. «Relaciona los deberes y obligaciones de las empresas colaboradoras del Sistema de Formación Profesional». Art. 84. «La colaboración en la acción formativa por parte de las empresas». Quedará definida: «Por parte de la Administración se facilitará, en el caso de las pequeñas y medianas empresas a fin de hacer posible su participación en el circuito de la formación profesional la creación de asociaciones o agrupaciones en un ámbito territorial determinado».

No se hace mención de la existencia de la importante patronal PIMEC, la qual representa a más del 90% de las empresas del país. Siendo la patrocinadora y responsable del I Congrès de Formació Professional a Catalunya, celebrado en 2019, el actual presidente de PIMEC, Antoni Cañete, dejó constancia verbal y escrita sobre la prioridad en reconocer explícitamente a la empresa como eje fundamental de esta etapa formativa.

Unas propuestas de mejora se pueden resumir en las acciones: Incentivar a las empresas como actores en la FP potenciando su participación en la formación y aportando a las microempresas los recursos de personal y materiales necesarios. Compartir las buenas prácticas, referencias novedosas e innovadoras entre las empresas y los centros de FP. Considerar las funciones, mediante el análisis y valoración, del rol de la Tutoría (centro y empresa), a efectos de eficiencia y eficacia. Viabilizar el ejercicio efectivo de las competencias propias por ley del estamento correspondiente de Educació en relación al Sistema de Formación Profesional.

Evidencia: «El movimiento se demuestra andando».

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