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La lucha diaria por comer más sano y divertido

Los nutricionistas consideran necesaria una mayor regulación para que los niños no estén expuestos a los anuncios de algunos productos

Daniel Roldán

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Cuatro días de fruta y uno de lácteo en los postres o que en todos los menús haya verduras son algunas de las recomendaciones básicas que se recogen en todas las guías impulsadas por el Ministerio de Sanidad. FOTO: DT

Cuatro días de fruta y uno de lácteo en los postres o que en todos los menús haya verduras son algunas de las recomendaciones básicas que se recogen en todas las guías impulsadas por el Ministerio de Sanidad. FOTO: DT

Una nota recordatoria en la mochila de los más pequeños o un correo electrónico multitudinario para todos los padres son las herramientas que utilizan los colegios para recordar las normas básicas de este micromundo. Ordenes que desde hace años trascienden lo puramente académico y también se centran en el aspecto alimenticio. No es raro que los progenitores reciban instrucciones sobre los almuerzos que pueden llevar los hijos al colegio. Nada de chucherías, bollería industrial y productos similares. Sí a los bocatas hechos en casa y a las galletas y los bizcochos horneados en el hogar. "Transmiten una idea de lo que es una dieta equilibrada. Las guarderías y los comedores escolares tienen una labor educativa que es importante", explica el doctor José Manuel Moreno, miembro del comité de nutrición de la Asociación Española de Pediatría. Cuatro días de fruta y uno de lácteo en los postres o que en todos los menús haya verduras son algunas de las recomendaciones básicas que se recogen en todas las guías impulsadas por el Ministerio de Sanidad o las organizaciones médicas, como la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria. Unas pautas fundamentales, aunque no deben ser las únicas que se deben seguir. "Se garantiza que de las 14 comidas principales de la semana (siete almuerzos y siete cenas), cinco se cubran con unas condiciones. ¿Es poco? Sí. ¿Se tiene que acompañar con trabajo en casa? También. Pero por lo menos se pone una pica en Flandes", reflexiona el doctor Moreno. El resto del trabajo para conseguir que los niños coman sano pasa por casa. Porque como recuerda el nutricionista, dietista y divulgador Julio Basulto, un niño que almuerza todo un curso en el comedor, solo "está haciendo ahí el 10% de las ingestas que hace al año". "El peso de la escuela en la alimentación infantil es pequeño. En el peor de los casos puede ser perjudicial y en el mejor de los casos puede ser un poco beneficioso", señala Basulto que, junto a Juanjo Cáceres ha escrito 'Más vegetales, menos animales' (Debolsillo). "Creo que es mejor controlar los comedores infantiles para que no hagan barbaridades que no preocuparnos si son exquisitamente nutritivos porque el peso recae sobre la familia", recalca el experto.

Basulto también ve necesario que la sociedad tome más conciencia de la exposición de los más pequeños de la casa a los productos poco o nada sanos. "Lo que más nos preocupa a los nutricionistas son las bebidas azucaradas", indica Basulto, quien critica la "permisividad" de la legislación española con las comidas poco adecuadas. "El bombardeo de esta publicidad debería estar regulado y en horario infantil prohibido. Uno de cada tres niños europeos que tienen obesidad no la tendrían si se hubiera prohibido la publicidad de alimentos malsanos", defiende. Una idea que comparte el también nutricionista Aitor Sánchez. "En los países nórdicos donde se aplica se ha demostrado que funciona. Los niños sedentarios que no ven estos anuncios, tienen mejor salud que los niños sedentarios que sí los ven", señala este divulgador albaceteño, autor del blog 'Mi dieta cojea' y que acaba de publicar un libro con el mismo nombre (Paidós) sobre los mitos que existen en los alimentos más comunes, como la leche. "Es un alimento más que puede consumir si te apetece, pero no es imprescindible. Su exceso provoca que se desplacen otros alimentos que son más interesantes. Si estás todavía tomando lácteos, no vas a dejar espacio a otros alimentos más saludables como frutas, verduras y hortalizas que deberían estar en esas ingestas", argumenta. Gastronomía agradable Basulto y Cáceres defienden precisamente la necesidad de incluir muchos más productos vegetales poco procesados -"son las dos palabras fundamentales", recalca- en la dieta diaria. "Hay un auténtico caos y lleva a la gente a la confusión y al no saber qué es sano y qué no lo es. La gente cuando piensa en dieta sana está pensando en ensalada y carne a la plancha. Pero no es cierto porque la ensalada pesa 50 gramos y la pechuga de pavo o de pollo, 150 gramos. Y luego comer ensalada todos los días, no es vida", explica el nutricionista. Más legumbres, hortalizas, verduras, avena, trigo, quinoa y "un puñado de frutos secos al día, no quicos" son ingredientes que se pueden aplicar en innumerables recetas para crear menús atractivos. "Nuestra intención no es tanto que la gente que sepa hacer menús y coma saludable, sino que se entienda que la dieta saludable es no comer insano", añade Basulto.

Unas verduras que suele ser uno de los motivos de batalla entre padres e hijos. Los primeros quieren que se coman por sus cualidades nutritivas y los segundos ponen más pegas de las habituales. "A los más pequeños, cuando comienzan a comer sólidos, les cuesta esos sabores porque están expuestos a productos demasiado azucarados", explica Sánchez. Por este motivo se hace necesario tirar de ingenio para cuando empiecen a comer de forma autónoma, se sientran atraídos por los verdes.

"En las comidas se puede hacer más para generar una cultura de que se puede comer sano y divertido. Nos falta un poco de alegría, de cultura gastronómica, de hacerlo atractivo a los niños. Es necesario saber manejar los platos, las combinaciones y que los niños tengan su participación. Y hacérselo fácil. Es más fácil que coman gajos de frutas que la fruta entera", añade el doctor Moreno.

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