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A los moteros les va la butifarra con mongetes

Las carreteras es un escaparate de bares y restaurantes a ambos lados del asfalto

Javier Díaz Plaza

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A los moteros les va la butifarra con mongetes

A los moteros les va la butifarra con mongetes

La carretera es un escaparate de bares y restaurantes. De almuerzos y menús caseros. De fogones y hornos de leña. De recetas tradicionales. De salones acogedores y otros más destartalados, pero con solera. De pueblo. En invierno hay que coger temperatura, no se escatima en calorías. Sobre todo cuando has hecho unos cuantos kilómetros en moto. Que por mucha chaqueta y casco que lleves, hace frío. Y más por los caminos serpenteantes del Priorat y el interior del Baix Camp.

En estos meses es cuando más salidas sobre dos ruedas hacen los miembros del Motor Club Salou. Los domingos por la mañana es su día preferido y la butifarra con mongetes, su plato más socorrido. Se cocina a ambos lados del asfalto, en cualquier establecimiento donde paran para almorzar. Para beber, agua o un refresco. Yen menor medida, una caña de cerveza o un vasito de vino, siempre guiándose por un consumo responsable. El alcohol lo dejan para el regreso a casa, para la hora del vermut.

Los descansos culinarios de los moteros son prácticamente una liturgia. «Se junta nuestra cultura mediterránea de comer bien y en compañía con que en invierno hace frío y apetece un almuerzo calórico», explica Àlex Mora, presidente del Motor Club Salou. Eso sí, no siempre tiran de cuchillo y tenedor, a veces se conforman con bocadillos de lomo, jamón serrano o tortilla.

Suelen salir en grupos de cuatro a dieciséis motos. El punto de partida habitual es Salou, pero también Cambrils o Reus. De ruta por Les Borges del Camp, Vilaplana, La Mussara y La Febró llegan al probablemente más afamado restaurante de almuerzos (no solo para moteros) de la provincia: Venta de Pubill, en Cornudella de Montsant.

Sin salir del Priorat, otros de sus lugares de peregrinación son Cal Pep de La Vilella Baixa o La Cassola de Gratallops. En el Baix Camp, Prades se lleva la palma: su plaza principal está repleta de bares: Tomasset, Mingo o Sport. Más lejos, en Bot (Terra Alta), está la brasería Laia. «Son sitios en los que se puede comer por un precio económico y donde no hace falta reserva previa y siempre suele haber aparcamiento para las motos», afirma Mora.

Baratos son también los motoalmuerzos que casi cada semana organiza algún club de la provincia. Por cinco euros puedes salir hasta arriba de carnes a la brasa con pan tostado e incluso calçots en temporada. Y con música en vivo de fondo. Se dan en Salou, Montblanc o el Baix Penedès.

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