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Amor verbenero

En las orquestas también hubo intrusismo y burbuja. Luego acabaron dos músicos sobre el escenario, enlatando a Lou Bega o Nino Bravo

Raúl Cosano

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Un show de la Orquestra Mitjanit, habitual de las fiestas mayores.  Foto: DT

Un show de la Orquestra Mitjanit, habitual de las fiestas mayores. Foto: DT

Llega un momento de la noche de verano, pegajosa y asfixiante, en el que al guitarrista ‘jevilón reciclado’ de la orquesta se le deja su flash de gloria. Entonces la banda renuncia un instante al pasodoble y la canción del verano y le mete mano a Héroes del Silencio. Suena 'Entre dos tierras' y tiene un efecto disuasorio: despista a los mayores, da la tregua para ir a buscar una Fanta a la barra y esperar a que la cosa amaine. 

Tampoco engancha a la muchachada, que por entonces suplica en la discoteca. El dj ha dejado sonar todo el primer disco de Estopa. Enterito. Cuando acaba, vuelve a empezar y entonces llega el conato de motín hasta que, por fin, el pinchadiscos cambia el registro para desterrar el tedio y la revuelta. Luego pasó que los más contraculturales, por no decir los quinquis del lugar, montaron la carpa joven (o viejoven) por su cuenta, para darle rienda suelta al dance, en términos ortodoxos, o música máquina, en jerga popular. 

Era terreno del 'Blanco y Negro Mix', del 'Bolero Mix' o del 'Ibiza Mix', recopilatorios estivales que abrigaron siempre a mitos como Gigi D’Agostino o Vengaboys, electrodance de piscina. Hablamos del año 2002, poco después del robo de Al Ghandour a España en el Mundial de Corea, porque uno colorea el mapa sentimental de las verbenas guiándose por el fútbol. 

Todo eso pasó en un pueblo, porque en esta época todos tenemos un pueblo al que ir a pasar calores, y da igual que sea Matalascañas que El Morell o que la fiesta de una orquesta que posiblemente se llama Maravillas o Pasarela gane por goleada al solfeo.

¿Se va a poner uno exquisito como un crítico repelente rechazando organillos criminales? ¿Acaso no tienen carrerazas y estudios buena parte de esos músicos que están en las tablas? Como pasa ahora con Twitter, a uno le pueden traer a colación los trapos sucios: haber bailado 'El toro y la luna', 'Follow the leader' y 'La cucaracha' en menos de media hora. En mi descargo puedo decir que todo eso se mezcló, nitroglicerina pura, con interpretaciones de temas de Extremoduro o Loquillo, y que realmente entre una cosa y otra yo no sabía lo que hacía, señor juez. 

En Tarragona nadie tiene adolescencia si no es capaz de acordarse de una noche con la Orquestra Girasol. También hay quien la siguió un verano entero, de pueblo en pueblo, con devoción religiosa, entre escenarios coloristas y delirio en el público: hasta circulaban muñecas hinchables en un concierto que vi en Perafort, de esos maratonianos –más de cuatro horas– y en bucle sobre una pista de baloncesto. 

Sonaba 'Comerranas', de Seguridad Social, y aquel público de universitarios mezclado con autóctonos del pueblo (familias enteras) echaba (echábamos) el rato feliz pegando brincos como pollo sin cabeza

La comunión era de mérito, y luego te calzaban un dj, que vendrá en el contrato, para acabar la madrugada por todo lo alto antes de ir a desayunar churros y después a casita. ¿Quién querría malvivir en el barro de la tienda de campaña del FIB o el Arenal Sound?

También estas orquestas de baile y covers para el gran pueblo, multitudinarias como La Década Prodigiosa o el enésimo combo de ska mestizo, tuvieron su intrusismo y su burbuja, su ladrillazo. 

También en el boom hubo orquestas por encima de nuestras posibilidades, que luego se fueron reduciendo en miembros como un grupo rockero va perdiendo a los suyos a los 27 años por puro cupo de malditismo y mística. 

Con la crisis hubo que decir a veces adiós al guitarra, a un teclista, a dos coristas y al mánager, y ahí se te plantaban, en las verbenas de barrio periférico, dos tíos con teclado y todo secuenciado, enlatando el 'Mambo Number 5' de Lou Bega o a Nino Bravo muy cerca del tren de la bruja y el pulpo. 

Recuerdo noches abisales así, que derrapaban en lo sórdido, pero te reconciliaban con el verano como espacio para el karaoke y, en el fondo, para la vida disoluta. Lo que sucede en la verbena –amor incluido– se queda en la verbena

Uno aceptaba que el listón –el musical, digo– estuviera bajo, pero era un pacto de Estado: media España de fiesta mayor y los juzgados parados. Por eso según qué versiones ya han prescrito. 

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