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Antoni Mas. 'La fiesta es salud democrática'

Entrevista al Perpetuador de les Festes de Santa Tecla
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El Perpetuador recibirá el homenaje mañana (19h) en la sala de actos del Ayuntamiento. Foto: Lluís Milián

El Perpetuador recibirá el homenaje mañana (19h) en la sala de actos del Ayuntamiento. Foto: Lluís Milián

- ¿Cómo está viviendo el hecho de ser el Perpetuador de las fiestas de Santa Tecla?

- Me voy haciendo la idea poco a poco. Lo primero que hice cuando lo supe fue preguntar qué tenía que hacer. Me contestaron que hablar. Entonces me tranquilicé, no tengo problema para eso (se ríe). Cuando supe que sería el Perpetuador empecé a repasar toda mi relación con Tarragona y todos mis recuerdos de cuando era pequeño.

 

- ¿Se lo había imaginado alguna vez en su vida?

- Nunca. Hay personas que me dicen que es muy importante, pero a mí me honra tanto arreglar un elemento del Seguici como ser el Perpetuador. Las dos tareas tienen que ver con las fiestas.

 

-¿Qué es lo que más le llama la atención de las fiestas?

- El disfrute de la gente. Me alucina cómo lo vive.

 

-¿Cómo será el discurso de mañana?

- Hablaré del sentido de la fiesta y de su grandeza. Siempre he pensado que quien es capaz de hacer fiesta, es capaz de decirle a quien manda lo que piensa. La fiesta es un síntoma claro de salud democrática.

 

- ¿Usted es de los que se pone en medio de la plaza o busca un balcón para ver la Baixada de l’Àliga?

- Soy de esos que viven la fiesta desde lejos, con tranquilidad. Soy más de hacer, no de vivir. Hice L’Àliga para que otros la bailen y los tarraconenses la disfruten.

 

-¿Qué significa L’Àliga para usted?

- Contaré una historia. Un carpintero del pueblo de Vinyols me explicó, hace muchos años, que los nacionales entraron en el municipio durante las fiestas mayores. La tristeza dada por las muertes de familiares y amigos estaba muy presente. Pero los vecinos decidieron hacer unos gegants. Con la madera de las cajas de los muertos hicieron la estructura, y con las telas, la ropa. Esta historia me impactó.

 

- ¿Y qué tiene que ver esta historia con L’Àliga?

- Me di cuenta de que de la muerte, del desastre más absoluto y de la carencia total de entusiasmo, puede surgir un momento alegre. L’Àliga de Tarragona fue la ocasión perfecta para que la ciudad de Tarragona explotara y conociera el significado de la libertad, después de tanto tiempo sin ella.

 

-¿Se imaginaba que este elemento del Seguici se convirtiera en un símbolo tan tarraconense?

- La verdad es que no. El proceso de elaboración fue una lucha constante contra circunstancias desastrosas que no me permitían avanzar. Mis ojos no funcionaban bien. Corrían los días y creía que no acabaría el trabajo. No avanzaba. Hasta el último momento no acabé la obra de arte.

-¿Desde cuándo es usted herrero?

- Desde que nací. Mi bisabuelo ya lo era, y yo mantengo el taller de mi abuelo y de mi padre, con las mismas máquinas y herramientas.

 

-¿Cómo ha sido su experiencia profesional?

- A veces pienso en las expectativas que tenía cuando era pequeño: continuar con el hereditario trabajo de herrero. Pero la realidad mejoró mi mejor sueño. A causa de mis inquietudes y mis ganas de aprender, vine a estudiar a Tarragona. Esto me permitió salir de mi hábito natural y conocí a muchas personas interesantes.

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