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Arte efímero a pie de playa

Altafulla celebró ayer su concurso de castillos de arena, una tradición de décadas

Joan Boronat

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El concurso despertó el interés de los bañistas. Foto: Pere Ferré

El concurso despertó el interés de los bañistas. Foto: Pere Ferré

El Concurs de Castells de Sorra es un clásico del verano en la playa de Altafulla. Son varias las décadas, contrariamente a lo ocurrido en otros municipios costeños, que se mantiene esta actividad donde pequeños y mayores (no profesionales) hacen demostración de sus aptitudes creativas, construidas con la arena de la playa como único material empleado.

En la presente edición del popular concurso, celebrado ayer por la mañana, se inscribieron un total de 19 equipos, lo que totalizó unos 50 ‘arquitectos de la arena’ que, a marchas forzadas, bajo altas temperaturas y un sol de justicia, dieron forma a sus creaciones ante la mirada de los bañistas más curiosos y paseantes de la playa.

‘La bota i el palau’, una de las creaciones. Foto: Pere Ferré

Allí estaba concursando el tarraconense Carles Vicient, con su esposa Nora García, ambos del histórico Club Maginet de Tarragona, una entidad que destacó por la promoción de este tipo de concursos, como el que se repetirà en la capital, el martes día 15, dentro del programa de las fiestas de Sant Magí. Vicient recuerda que, antaño,Coca-Cola  «promocionó estos concursos por doquier, que luego fueron desapareciendo». Oscar Sagristá, en la categoría de adultos,  con su obra ‘La bota i el palau’, recordaba que de pequeño había concursado «cuando había  una bicicleta BH, de premio».

La excepción

Pero Altafulla «es una excepción», subrayaba Pere Gomès, concejal de Turisme del Ayuntamiento de Altafulla, y afirmó que pese a que «es complicado en estas fechas preparar la infraestructura necesaria, lo hacemos con sumo gusto a sabiendas que es algo muy esperado entre altafullenses i veraneantes».

También hubo creaciones infantiles. Foto: Pere Ferré

Los pequeños, niños y niñas, jovenzuelos, para regocijo de los padres, también algunos adultos, con los aperos playeros necesarios, trabajaron con denuedo para dejar listas sus esculturas a las doce y media, y ser expuestas a la valoración del jurado calificador. 

Un buen exponente era el ‘pez gordo’ de los hermanitos Max y Sara, alemanes, con la ayuda de su primito, el manresano Pol. Curiosamente las escamas del pez eran conchas traídas de Málaga, esta primavera, complementadas por otras de aquí, y dejar escrito: ‘Altafulla’.

Castillos, fortalezas, cangrejos, pulpos, sirenas... Todo valía para optar a los premios establecidos por la organización: cena en el Hotel Altafulla Mar, circuito Spa en el Gran Claustre y visita a La Sína, para los tres premios a los adultos. En infantiles, entradas para Aqualeón, Jungle Treck y para el Karting, por este orden, además de varios obsequios, y detalle de recuerdo para todos los participantes.

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