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Así son las mujeres que vienen

Los juguetes, la ropa, el patio, el futuro... A propósito del Día de la mujer hablamos con un grupo de niñas sobre los estereotipos de género y sus respuestas no tienen desperdicio

Norián Muñoz

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Este grupo de niñas tiene entre 10 y 11 años. Les preguntamos por sus referentes para el futuro. Foto: Pere Ferré

Este grupo de niñas tiene entre 10 y 11 años. Les preguntamos por sus referentes para el futuro. Foto: Pere Ferré

«Los que hacen los juguetes se creen que son para niños o para niñas, pero la verdad es que los juguetes son unisex, porque después juega con ellos quien quiera». Lo dice Silvia, de diez años, y Júlia, de la misma edad, añade: «Y como ellos se creen eso, en los anuncios te lo venden así, como que si eres niña tienes que jugar a esto o a aquello».

Silvia y Júlia son parte de un grupo de amigas del que también forman parte Lena, Julia, Laura, Carmen, Adriana y Ainara, y todas juegan en un equipo de baloncesto. Basta con nombrarles los juguetes para niños y para niñas y se encienden.

«Por eso tampoco habría que burlarse de los niños que juegan con Barbies», reclaman Julia y Laura; Ainara reivindica: «Ni de las niñas a las que nos gustan los balones de fútbol». «Yo tengo un coche teledirigido y no pasa nada», reclama Adriana.

Los juguetes son un ejemplo evidente de los estereotipos de género a los que están expuestos, desde bien pequeños, niños y niñas. Desde luego, con el arranque de la conversación queda claro que este grupo ha percibido clarísimamente esa diferenciación... Y no les gusta.

‘Paso del rosa’

Con la ropa, más de lo mismo. «Cuando vas a las tiendas lo de niñas está de un lado y lo de niños, de otro. Yo paso de las tiendas cuando lo de nosotras es todo rosa y de princesas y para ellos es lo más divertido», dice Lena; mientras Carmen y Ainara reconocen que han discutido con sus padres para poder comprarse alguna prenda en la sección de chicos, Julia comenta: «Alguna vez sí que me han gustado cosas de la parte de niños, pero no me atrevo por si me dicen algo». La comodidad también pesa; Laura pregunta «¿a alguna le parece cómodo ir en vestido al cole?». Adriana responde: «Yo prefiero ir en chandal y zapatillas para jugar en el patio».

El patio es para el fútbol

Y justamente jugar en el patio es uno de los momentos, explican, en los que se pueden ver más desigualdades. El relato que hacen todas coincide: la mayor parte del espacio es para los niños que juegan al fútbol y son ellos, además, quienes deciden quién puede jugar. «No lo entiendo, un día me dijeron que no podía jugar porque no tenía zapatos de fútbol y cuando vine con los zapatos entonces me preguntaron cómo es que tenía esos zapatos si era niña», cuenta Ainara. «Cuando era más pequeña jugaba al fútbol, era la única del equipo y me decían cosas», recuerda Júlia.

Pero incluso cuando ellas juegan no es en igualdad de condiciones; «estás allí, pero no te la pasan», reclama Carmen, y todas asienten. En la clase de educación física la cosa cambia, pero por la fuerza, porque el profesor obliga a hacer grupos mixtos para las actividades.

Ellos dicen que son mejores

Clase adentro también hay alguna diferencia, pero menos. Una de ellas cuenta que para el carnaval había dos disfraces, uno de un dios y otro de una reina. A ella le gustó el del dios; lo habló con su maestra y no tuvo ningún problema en optar por el vestido pensado, en teoría, para los chicos. Eso sí, reconoce que más difícil lo habría tenido un niño que le gustara el disfraz de reina.

En cuanto al desempeño académico, las chicas responden que niños y niñas «son iguales, depende de lo que se esfuercen», dice Lena.«Ellos dicen que son mejores en matemáticas», reconoce Laura, mientras Julia apunta que los niños son más dados a hacer alarde de lo que saben y no le parece justo. «Cada uno es bueno en algo».

Al final les preguntamos a quién les gustaría parecerse de mayores. Esto es lo que responden: Silvia: «Me gustaría ser como mi madre, que es científica y profesora»; Lena: «No lo sé, me gustaría ser alguien fuerte»; Julia: «Me lo voy a pensar, tengo tiempo, ¿no?»; Júlia: «Me gusta cómo soy, ya veremos»; Carmen: «Me gustaría ser arqueóloga, como la madre de una amiga»; Adriana: «Me gustaría ser astrónoma, seguro que aprendes mucho viendo las estrellas»; Ainara: «Como mi prima Itsaso, que juega al fútbol y tiene muchos amigos», y Laura: «Como mi padre, que es químico».

Ya para terminar nos lanzan una pregunta: «¿Y los chicos, sólo vas a entrevistar a niñas?». Está claro, lo de la igualdad se lo han tomado en serio.

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