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Así va ayudarle el mindfulness a evitar los atracones en verano

¿Comemos obedeciendo al hambre o a nuestras emociones? En vacaciones es más difícil responder a la pregunta del millón. Una coach nutricional nos ayuda

Norián Muñoz

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Una cerveza (140 calorías) y 100 gramos de patatas fritas de bolsa (518 calorías), alimentos típicos que consumimos sin mucha conciencia.

Una cerveza (140 calorías) y 100 gramos de patatas fritas de bolsa (518 calorías), alimentos típicos que consumimos sin mucha conciencia. Freepik

Póngase en situación: playa o piscina, en un momento de descanso y literalmente sin darse cuenta, es posible que ‘caigan’ dos cervezas (140 calorías cada lata) y 100 gramos de patatas fritas de bolsa (518 calorías). Y eso sin plantear casos extremos como el del hotel con buffet ‘todo incluido’.  

¿A que no es difícil? Pues este es uno de esos típicos momentos veraniegos en los que parece que la conciencia nos abandona y somos capaces de hincharnos a calorías vacías sin control. 

Pero atención, ser conscientes de lo que entra por nuestra boca en estas circunstancias no es una utopía y se puede entrenar. Lo cuenta Minerva Castillo, ella es coach nutricional (coach-nutriemoción.com) y trabaja junto a una nutricionista acompañando a personas con sobrepeso, pero no a contar calorías, sino a descubrir lo que les está llevando a esa situación.

Explica que en vacaciones desconectamos del trabajo, pero tenemos más tiempo para conectar con nosotros mismos, una situación con la que no siempre estamos cómodos, lo que nos hace más proclives a buscar placer en la comida o porque estamos, solos, tristes, aburridos...

La coach pregunta: ¿esa patata le acerca o le aleja de quien quiere ser?

Apunta que muchas personas encuentran motivación en la ‘operación bikini’.  «Nos enfocamos a corto plazo, pensando que eso nos hará felices, pero sólo estamos cambiando el envoltorio, cuando en realidad es mejor apuntar a un cambio de conciencia», dice.  
Recuerda que, tras estas dietas restrictivas que ofrecen una bajada de peso rápida se puede recuperar un 30% más de lo que se había perdido. «Lo interesante sería plantearse un cambio de hábitos», recomienda.

También es un error pensar en cometer todo tipo de despropósitos en verano pensando en ponernos a dieta en septiembre, porque de esa manera «sólo estamos postergando nuestra salud, nuestro bienestar, hay que tener en cuenta que la forma como comes influye en tu equilibrio emocional... Y es importante  alimentarse bien para disfrutar del ocio de estos días», recalca.

La clave para iniciar cambios, insiste, es el autoconocimiento «para quererse primero hay que conocerse, y eso muchas veces implica pasar por una que otra tormenta», dice.

La pregunta de la patata
Hasta aquí la teoría, pero en la práctica lo más probable es que las patata fritas sigan ‘llamándole a gritos’ desde cualquier mesa. ¿Qué hacer?. Castillo dice que estaría muy bien abrir un momento de pausa para preguntarse: «Esos cinco segundos de placer que tendré la patata en la boca: ¿Me acercan o me alejan de la persona que quiero ser?».

Esta es una de las claves del mindfulness o conciencia plena, que también propugna vivir el momento presente. Otro ejemplo sería comer despacio y poniendo los cinco sentidos. No sólo se disfruta más, sino que nos sentiremos saciados antes.

También hay que aprender a disfrutar de las compañías en estos días en que abundan las reuniones con familiares y amigos. Hay que dejar de buscar el placer sólo en la comida porque cuando contactamos con gente con la que nos gusta estar ya nuestro cerebro produce neurotransmisores que nos ayudan a estar más felices.

Pero no hay que caer en extremos ni obsesionarse, el verano, explica, es un momento para darnos permiso de tomarnos de vez en cuando una caña, un helado... Pero guardando las proporciones. La idea sería, por ejemplo que al menos el 80% de las comidas se hagan de forma ordenada y saludable y dejemos  ese 20% para otros platos y bebidas. 

«No hay que enfocarse en lo que no queremos porque le damos más fuerza. Lo más beneficioso es enfocarnos en lo que sí queremos: comer más frutas, más verduras, hacer más cenas ligeras...», remata. 

Cuatro  ideas prácticas
  1. Beba mucha agua, «a veces creemos tener hambre pero lo que tenemos es sed». Intente beber más agua que otras bebidas; puede ponerle un poco de limón. Tenga en cuenta que las cervezas sin alcohol tienen menos calorías.
  2. Muévase, pasee, camine, preferiblemente por la naturaleza para compensar los excesos.
  3. Tome el sol con protección y fuera de las horas de más calor. No sólo sintetiza la vitamina D, sino que ayuda a producir neurotransmisores que nos hacen sentir bien.
  4. Descanse, necesitamos dormir al menos 7 a 8 horas. Practique la meditación. Esto también es clave en nuestro peso.

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