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Balcó del Mediterrani: Anar a tocar ferro

Es un punto de referencia tanto para los ciudadanos como para los turistas que cada verano se inclinan por la ciudad de Tarragona como lugar para pasar sus vacaciones

Juan Carlos Roldán

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Fotografía en la que se puede apreciar el monumento a Roger de Luria.

Fotografía en la que se puede apreciar el monumento a Roger de Luria.

Turistas admirando las vistas.

Turistas admirando las vistas.

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El denominado Balcón del Mediterráneo supone un perfecto mirador del Mare Nostrum, del anfiteatro, de la playa del Miracle y del puerto. Construido a 40 metros sobre el nivel del mar, es ya un punto de referencia tanto para los ciudadanos como para los turistas que cada verano se inclinan por la ciudad de Tarragona como lugar para pasar sus vacaciones.

Se trata de un mirador situado en el extremo oriental de la Rambla Nova (que tiene más de 2 kilómetros de largo). El Balcón del Mediterráneo de Tarragona está considerado como uno de los 10 mejores miradores de todo el Estado español por la Guía Repsol. Su denominación se debe a Emili Castelar, presidente de la Primera República Española, quien lo bautizó con este nombre en su visita a Tarragona en 1863.

Pero Emilio Castelar no fue el primer personaje ilustre que recorrió las calles de Tarragona. Carlos V Emperador (conocido en aquí como Carlos I el Grande), se hospedó durante una visita a la ciudad realizada en 1542 en casa de los Castellarnau (familia de mercaderes). Un día se acercó al mirador y no dudó ni un segundo en bautizar las vistas como las mejores que jamás había visto en toda su vida.

No confundir el mirador con la famosa barandilla, que fue construida más de 20 años después del bautizo. Antes de su construcción había un muro que limitaba el paseo de les Palmeres con el acantilado que separaba los campos de cultivo a sus pies y la línea del mar. Se trata de una construcción de más de 200 metros de hierro forjado, construido por Joan Miquel Ginart. El diseño estuvo a cargo del arquitecto tarraconense Ramon Salas i Ricomà, quien decidió darle la forma tan característica que conserva hoy en día. De hecho, se dice que tocarla da buena suerte.

Magníficas vistas

Los habituales del lugar siguen paseando por la barandilla y asombrándose por las magníficas vistas. Según los tarraconenses, «es ya un punto de referencia de la ciudad». Palabras como «tranquilidad» y «paz» llenan las bocas de quienes acuden al lugar y que han hecho famosa la expresión «anar a tocar ferro», que viene a significar un «dar un paseo por la Rambla Nova hasta el Balcón del Mediterráneo».

Además del balcón, el mirador dispone también de un monumento al que no le resulta nada fácil pasar desapercibido: la estatua de Roger de Llúria, un marinero al servicio del rey de Aragón entre los siglos XIII y XIV. Con una carrera repleta de victorias navales y militares, se decidió recuperar su memoria en 1889, siendo escogido nuevamente para ello Ramon Salas i Ricomá. Su inauguración, y años posteriores, estuvo caracterizada por una disputa, en la que no se acababa de escoger si la estatua debía mirar al mar o a la ciudad (a la que actualmente mira).

El Balcón del Mediterráneo no es solo un lugar ideal para hacerse selfies con el azul del mar como fondo; también está repleto de establecimientos gastronómicos y de helados en los que poder calmar la sed y el estómago, además de refugiarse de los abrasadores rayos del sol.

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