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Camí de ronda, una ruta de sorpresas sin perder de vista el mar

Este camino que une Tarragona y Altafulla, siempre al lado del mar, se puede hacer en uno o en varios tramos y transcurre entre bosques, acantilados y calas

Norián Muñoz

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El camino de ronda está salpicado de playas y pequeñas calas.

El camino de ronda está salpicado de playas y pequeñas calas. Pere Ferré

Hace siglos los caminos de ronda servían para unir pueblos pesqueros y también una extensa red de torres de vigilancia que se usaban para controlar el litoral frente a peligros y contrabandistas. Hoy estos caminos se han reconvertido en una buena opción para un paseo a lado del mar. Es el caso del camino que une Tarragona y Altafulla, uno de esos placeres cercanos y accesibles.

Una de las ventajas del camino es que se puede hacer completo, de una población a otra, o por tramos que comiencen o terminen con un buen baño en la playa. Además en distintos puntos se puede coger el transporte público si el cansancio apremia.

Los caminos de ronda servían para vigilar la costa de peligros y contrabandistas


El recorrido en total tiene unos 15 kilómetros y se puede arrancar directamente por el Passeig Marítim Rafael de Casanova, en Tarragona, al lado de la Platja del Miracle. Es una zona urbanizada pero tiene su encanto cuando se encuentra, por ejemplo con la pequeña Cala dels Cossis. 

Siguiendo el camino se va a dar a la Platja de l’Arrabassada, muy concurrida en verano y que hay que atravesar entera para bordear después la zona del Preventorio de la Savinosa. Aquí se sale a la playa del mismo nombre (que tiene una parte nudista). La siguiente playa en el camino es la dels Capellans y poco después está la Platja Llarga (2,7 km).

Paseo entre pinos
Para el gusto de muchos es aquí donde arranca la parte más agradable de la ruta. De hecho puede plantearse salir directamente desde la zona del camping de la Platja Llarga y atravesar el Bosc de la Marquesa; un bosque de pino blanco con una sombra muy de agradecer en verano.

Hay varios senderos, pero todos llevan al mismo sitio y no hay pérdida si se tiene como referencia el mar. Además basta con ir viendo las marcas en los árboles y las piedras del camino. Aquí vale la pena preparar la cámara o el teléfono móvil, porque van apareciendo riscos y pequeñas calas dignos de fotografiar. 

Puede que al toparse de frente con un camping se pregunte si el camino se ha acabado, pero lo cierto es que se puede seguir por dentro del establecimiento sin problemas. Posteriormente pasaremos sobre la Playa de la Mora hasta una nueva torre defensiva: La torre d’en Segur, y un poco más tarde llegaremos a la Cala Jovera, casi a los pies del Castillo de Tamarit. La vista del Castillo, de finales del siglo XII es uno de los regalos a la vista que ofrece el paseo. Desde aquí más playa, primero la de Tamarit y después la de Altafulla, la que marca el final del recorrido. 

Información práctica:
En verano conviene hacer el recorrido a primera hora de la mañana. Es indispensable llevarse el bañador porque el camino está salpicado de calas y playas, pero tenga en cuenta que no es un camino para hacer con chanclas porque hay rocas y zonas donde agradecerá llevar calzado de montaña. Como es un camino que va pasando por varias zonas urbanas se puede plantear regresar en transporte público.
 

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