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Cara a cara con el azúcar

La campaña SinAzucar.org nos ha abierto los ojos frente a las 'dulces' cantidades que contienen diferentes alimentos procesados

Silvia Fornós

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Antonio R. Estrada está retratando diferentes productos junto a la cantidad de azúcar que contiene, utilizando terrones como equivalencia. FOTO: SINAZUCAR.ORG

Antonio R. Estrada está retratando diferentes productos junto a la cantidad de azúcar que contiene, utilizando terrones como equivalencia. FOTO: SINAZUCAR.ORG

Cuánto azúcar tiene una pizza?, ¿Qué cantidad hay en unas inofensivas galletas infantiles? o ¿Cómo es de dulce la crema de cacao con la que hemos crecido? Laha echado cuentas para destapar la cantidad de azúcar que tienen los alimentos industriales que tenemos en la nevera y la despensa de nuestros hogares. El fotógrafo Antonio R. Estrada está retratando diferentes productos junto a la cantidad de azúcar que contiene, utilizando terrones como equivalencia.

Ningún producto impune. La campaña nos descubre que una lata de 473ml de Red Bull contiene 52g de azúcar, equivalente a 13 terrones, que un yogur sin lactosa de la marca Dhul (120g) tiene 13,6g de azúcar, equivalente a 3,4 terrones o que 1 botellita de Actimel tiene 11,5g de azúcares totales (incluido la lactosa de la leche), lo que equivale a 2,85 terrones. El 8,3% es azúcar añadido, es decir 2,1 terrones.

El fotógrafo Antonio R. Estrada está detrás de esta iniciativa. «Practico crossfit y empecé a cuidar mi alimentación reduciendo la cantidad de azúcar. Primero fueron los refrescos, pero en seguida me di cuenta de que el azúcar está omnipresente en muchos productos procesados». La fotografía es su arma de combate. «No somos capaces de visualizar la cantidad de azúcar que por ejemplo tiene un café de Starbucks y que son 20 terrones», afirma Antonio R. Estrada. Le preocupa especialmente lo ‘dulces’ que son algunos productos infantiles. «Me pregunto por qué es necesario añadir azúcar a los yogures para bebé. Lo que consiguen es que les guste el sabor y de mayor lo demanden más», lamenta. Critica que nos han inculcado una dependencia emocional haca el azúcar. «El sabor lo asociamos a recompensa cuando conseguimos algo», destaca y añade que «el sabor dulce lo educamos y cada vez lo necesitamos más. Y al final la industria necesita meter más azúcar a los productos para satisfacer el paladar».

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