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Científicos en busca del ADN

Una veintena de niños y jóvenes consiguen extraer su ADN 
y estudiarlo en una actividad organizada por la URV

Gloria Aznar

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El biotecnólogo Manuel García durante su explicación, en el Rectorat de la URV. FOTO: pere ferré

El biotecnólogo Manuel García durante su explicación, en el Rectorat de la URV. FOTO: pere ferré

Quién no ha oído hablar del ADN, tan de moda en los últimos tiempos a raíz de series de crimen e investigación como la estadounidense CSI.

Pero ¿quién sabe realmente qué es el ADN? 

En un taller organizado por la Universitat Rovira i Virgili (URV), en el marco de la Setmana de la Ciència, una veintena de niños y jóvenes junto a sus familias, descubrieron su utilidad en un caso práctico guiados pacientemente por el biotecnólogo de la URV Manuel García. 

¿Biotecnólogo? Pocos sabían lo que era. «Podemos hacer muchas cosas desde la biotecnología», explicó García para aclarar términos.

«Estudiamos el medio ambiente, los animales, las plantas, los humanos, los microbios que tenemos en la piel... podemos hacer servir todo ello para hacer nuevas tecnologías como una vacuna, que sería un producto de la biotecnología, o nuevos medicamentos, un antibiótico...»

A la pregunta de ¿qué es el ADN? contestó acertadamente un niño de unos 11 años: «está formado por cromosomas que están dentro de las células, específicamente del núcleo y el ADN es el que nos dice quiénes somos y de quién venimos, para identificarnos», definición que arrancó alguna que otra sonrisa.

«Cuánto creceremos, de qué color tendremos los ojos, si seremos rubios o morenos, toda esta información genética es la que proporciona el ADN, que es una molécula», explicó García, tras lo cual otro de los niños preguntó perplejo «¿en serio?».

Y además si el ADN se corta en trozos, «cada uno, llamado gen, dirá una característica», apuntó el biotecnólogo, que fue hábilmente rebatido: «No tenemos tantas cosas.

Tenemos muchas células pero no tantas características». Así llegamos al «ADN basura, el que no contiene ninguna información».

Ávidos de indagar, quisieron saber qué ocurre cuando estás enfermo «y te duele la barriga, entonces ¿cortas la célula y ya no te duele?». A lo que el científico respondió «No. Aquí no hay corte, hay antibióticos para matar la célula». 

Un pez con luz
El biotecnólogo no se olvidó de la ingeniería genética y los transgénicos y los ilustró desde la luciérnaga, «ese insecto que tiene un gen que le dice que tiene que tener luz.

Si cortamos este gen y lo ponemos en un pez, pues tendrá luz. Y además esto es real y ya se pueden comprar». Así, infinitos ejemplos. «Todo lo podemos cambiar». Y de la misma manera se «solucionan problemas».

La clase teórica finalizó con un caso de criminología a lo más puro Sherlock Holmes.

Hay un muerto y cuatro sospechosos. «¿Quién es el asesino? ¿Quién ha estado en el lugar del crimen? Gracias al ADN y al cotejar los genes de los posibles culpables y los de la víctima, se descubre la identidad: ha sido la amante». 

Los jóvenes científicos se marcharon sabiendo muchas cosas y con su ADN, una bata y una mochila para seguir practicando en casa.

Agua, alcohol, jabón y sal, los ingredientes para tener éxito en el experimento

Con la pertinente indumentaria, los aprendices de científicos se pusieron manos a la obra.

Por un lado disponían de jabón, agua, sal y alcohol. Por el otro, dos vasos de plástico, un tubo de laboratorio y un par de pipetas.

El primer paso fue preparar la disolución salina con cuatro dedos de agua y una cucharadita de sal.

Seguidamente se la echaron en la boca (sin tragar) durante un minuto para arrancar las células muertas, paso que provocó caras de desagrado entre la mayoría.

Una vez obtenidas, debían romper las células para liberar el ADN. ¿Cómo? En otro vaso: con tres gotas de jabón y un poco de alcohol vertido muy despacio.

El éxito fue mayoritario pese a la precariedad de los medios.

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