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Colosos a vapor en Móra la Nova

Andreu Caralt

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Un grupo de escolares con ´La Bonita´ de fondo. foto: joan revillas

Un grupo de escolares con ´La Bonita´ de fondo. foto: joan revillas

Móra la Nova esconde un tesoro, en su estación de ferrocarril. Un grupo de voluntarios de enorme tesón ha levantado un museo único en la demarcación dedicado al mundo del tren. Su sueño les ha llevado a recuperar durante años material móvil –locomotoras, automotores, coches de pasajeros y vagones de mercancías- por toda España para restaurarlos para su exposición. En segundo lugar, han rehabilitado con ayuda pública edificios y antiguos espacios de uso de la estación, que acogió a mediados del siglo XX uno de los mayores depósitos de locomotoras de Catalunya. El resultado de su trabajo bien merece una visita guiada.

Los voluntarios agrupados en los Amics del Ferrocarril de Móra la Nova gestionan el museo del ferrocarril y ofrecen las visitas al recinto, siempre guiadas. La visita tiene una duración aproximada de una hora y media y se desarrolla en tres espacios distintos. Empecemos por el último, la impresionante cochera de 160 metros de longitud que acoge el material móvil. El presidente de la entidad, Jordi Sasplugas, hace recuento: cuatro locomotoras –dos de ellas a vapor-, dos automotores, tres coches de pasajeros y tres vagones de mercancías-.

Los dos colosos a vapor son, sin duda, las protagonistas. Ambos llegaron a Móra la Nova en 2012 y en estos años los voluntarios han restaurado su aspecto exterior a la espera de recibir fondos para ponerlos en marcha. La ‘Mikado’ (1957) mide 23 metros de longitud, su peso es de 170 toneladas y cuenta con una potencia de 2.000 caballos. Y la ‘Bonita’ (1951), emblema del museo, alcanza los 26 metros, las 225 toneladas de peso y los 2.700 caballos de potencia.

Su contemplación evoca tiempos pasados, de viajes en ferrocarril a destinos lejanos en un largo convoy de pasajeros arrastrado por una locomotora que escupía humo y llenaba el silencio con sus bocinazos. Los visitantes pueden pasear empequeñecidos a su lado, conocer los detalles de su historia, y subirse a la cabina de la ‘Bonita’, como antaño hicieran los maquinistas de Móra la Nova. El recorrido por la cochera se completa con un paseo por el interior de los coches de pasajeros restaurados de los años 50 del siglo XX, lugar ideal para sacarse una foto ‘vintage’.

‘Muévete con la locomotora’

Por un precio extra, el visitante tiene la opción durante media hora de subir a bordo de las dos máquinas diesel, que sí funcionan, y disfrutar de una experiencia distinta: moverse en una locomotora para vivir lo mismo que sentían los maquinistas por una zona segura del complejo ferroviario. La tarifa cerrada es de 75 euros, en el puente giratorio, para la ‘Memé’, de siete metros y 174 caballos; y de 150 euros, en el exterior de la cochera, para la ‘Yeyé’, de 13 metros de longitud y una potencia de 960 caballos.

Pero volvamos al principio. La visita guiada arranca en la sede del museo del ferrocarril, ubicado en el edificio de la antigua torre de control, a escasos metros del principal edificio de la estación. Es una bonita estructura de tres pisos con su interior conservado y restaurado. En la planta baja se sitúa el espacio de recepción con una variada oferta de productos propios a la venta. A continuación se inicia la visita guiada por distintas salas donde se relata la evolución de la circulación de los trenes, la propia historia de la estación de Móra la Nova y el proyecto de creación del museo. La explicación se apoya con la exposición de fotografías, objetos cotidianos de una estación de tren como silbatos y billetes, y la evocadora recreación de la sala del jefe de estación. Se completa el recorrido en el piso superior, que conserva un histórico dispositivo de control de la circulación de los trenes. Un audiovisual de unos ocho minutos en la misma sala cierra el relato.

Tras la visita el museo, los guías acompañan el visitante al exterior del recinto donde se recuperó hace unos años un espectacular puente giratorio de 23 metros de longitud utilizado en el pasado para girar y cambiar el sentido de tracción de las pesadas locomotoras a vapor. Desde este punto y en vehículos particulares, la visita se traslada a la cochera.

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