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Cuando el embarazo no es el momento feliz que nos contaron

Casi un 15% de mujeres sufre ansiedad y depresión durante el embarazo y después del parto. No tratar estos trastornos no sólo tiene graves consecuencias para la madre, también para el bebé

Norián Muñoz

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Fotos: Yanalya - Freepik.com

Fotos: Yanalya - Freepik.com

En el imaginario colectivo embarazo y felicidad son dos palabras que parecen indefectiblemente unidas. Si no lo cree teclee ‘embarazo’ en Google para ver la pantalla inundada de mujeres sonrientes tocando sus barrigas. Pero atención, la epidemiología dice algo distinto: cerca de un 15% de las mujeres sufre trastornos de ansiedad o depresión en esta etapa y alrededor de un 10% los desarrolla después del parto.

Glòria Albacar es psiquiatra del Institut Pere Mata, madre, e investigadora en temas de psiquiatría perinatal y reconoce que a pesar de que se ha avanzado mucho en preparar a la madre para cuidarse durante el embarazo, para enfrentar el parto o para cuidar del recién nacido, apenas se habla de las emociones que aparecen en esta etapa de la vida. «Lo que apenas se dice es que en el embarazo es como un magma, un momento de alto riesgo para estos trastornos», aclara.

Reconoce que es una realidad difícil de encajar en un mundo como el occidental en el que se planifica la maternidad al detalle «elegimos casi hasta el mes de nacimiento y se generan tantas expectativas al respecto...»

Justamente por eso, apunta, suele ser tan difícil que las mujeres que se encuentran en esa situación o quienes les rodean detecten los síntomas y pidan ayuda.

Síntomas difusos

Explica la especialista que hay que estar atento a síntomas que muchas veces se confunden con los del propio embarazo. Se trata de signos como la tristeza persistente, el cansancio, el no ser capaz de realizar las actividades cotidianas, la irritabilidad y la apatía. También es determinante falta de conexión o el rechazo hacia el feto durante el embarazo o el bebé tras el parto.

Lo ideal en estos casos es acudir rápidamente al médico de familia para que remita a los servicios de salud mental. Quienes viven en el territorio también pueden acudir directamente a urgencias del Institut Pere Mata.

Hay que tener en cuenta, advierte, que la depresión no tratada durante el embarazo y el posparto puede generar complicaciones obstétricas como partos prematuros, abortos y retraso en el crecimiento intrauterino. Además, una vez nacido el bebé, se ha demostrado que cuando no hay vínculo materno filial hay problemas en el desarrollo neurocognitivo y emocional del niño, así como más riesgo de desarrollar enfermedades mentales. «Estamos hablando de consecuencias para la dupla madre hijo», advierte.

Hay, además, situaciones en las que claramente hay que pedir ayuda urgente como cuando la madre menciona ideas de muerte tanto de ella como del bebé «parece algo muy duro, pero no hay que perder de vista que en occidente la primera causa de muerte es el suicidio», advierte.

Sin fármacos seguros

Una vez hecho el diagnóstico la otra gran dificultad es iniciar el tratamiento farmacológico cuando se necesita porque no existen medicamentos completamente seguros para el bebé y toca evaluar muy bien riesgos y beneficios. Además se acompaña de terapia psicológica para, entre otras cosas, aliviar el profundo sentimiento de culpabilidad que suelen sufrir las madres.

Se trata de lograr una comunicación con el resto de profesionales sanitarios que atienden a la madre y al bebé sobre asuntos clave como la lactancia. De hecho hay algunas experiencias en que la madre, a pesar de estar siendo tratada farmacológicamente, puede dar el pecho.

Albacar recalca que es importante que haya un tratamiento a tiempo para que la enfermedad no se cronifique. Además tocará hacer un seguimiento más cercano en futuros embarazos.

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