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De mayor quiero ser youtuber

Cada vez hay más niños que suspiran por ser ´influencers´. Se sienten identificados con ellos. Y es que las redes han cambiado las tendencias

Mònica Just

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Cada vez hay más jóvenes interesandos en este mundo. Foto: Lluís Milián

Cada vez hay más jóvenes interesandos en este mundo. Foto: Lluís Milián

 

Los niños de hoy en día suspiran por convertirse en youtubers, gamers o bloggers. Quieren ser influencers. Todavía son pocos los que pueden ganarse la vida con estas actividades, pero ya figura como uno de los trabajos anhelados por los más jóvenes. En la encuesta ¿Qué quieres ser de mayor? publicada por la empresa de recursos humanos Adecco, son profesiones que aparecen en tercer lugar entre las preferencias de los chicos, mientras que en años anteriores tenían un peso anecdótico en el ranking. Les atrae este mundo. Porque se sienten identificados.&nbs p;
«Son jóvenes como ellos, a quienes les gustan las mismas cosas. Hablan su lenguaje y sobre temas que les interesan», explica Elisenda Estanyol, directora del máster universitario de Comunicació Corporativa, Protocol i Esdeveniments de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). «Conectan de una forma más próxima, más natural, genuina y espontánea. Consiguen que sus seguidores empaticen con ellos», apunta. Y añade: «Es un contenido fácil de consumir, versátil y que permite una interacción de forma directa»
Hoy en día, la mayoría de los influencers todavía no pueden vivir solo de esto y necesitan otros empleos. «Pero también es cierto que cada vez más los planes de marketing y de comunicación de las empresas los tienen en cuenta como uno de los canales donde difundir sus productos y servicios, de forma que cada vez son más cotizados», señala Estanyol, recordando que precisamente su presencia e influencia en las redes hace que se conviertan en prescriptores de marcas. «Sus opiniones y valoraciones generan más credibilidad que la publicidad», dice.
Estanyol pone de relieve que la creciente profesionalización la vemos cuando alrededor de algunos influencers se ha creado ya una red de negocio: fotógrafos, operadores de cámara y editores de vídeos, agencias de representantes, personas que ayudan a hacer crecer el canal, que gestionan la agenda, o los ingresos.
Es un campo que no está regulado. «Tenemos que esperar que sean los seguidores quienes muestren su rechazo cuando hay prácticas poco éticas», explica la directora del master universitario, quien añade que «más adelante habrá asociaciones profesionales que evitarán este tipo de comportamientos y se establecerán códigos deontológicos».
Como explica Estanyol, aunque el perfil de influencers y seguidores es relativamente joven, «difícilmente tendrá fecha de caducidad. Ha venido para quedarse». Señala que en los próximos años «viviremos una transformación y una profesionalización del fenómeno, que seguirá creciendo si cogemos como referentes países como los Estados Unidos». Y que veremos la evolución de figuras como el youtuber, el blogger o el instagramer, además de emerger nuevas redes y formas de comunicarse. «El contenido estará más elaborado y se consolidarán quienes sepan conectar mejor con sus seguidores», añade.

Los niños de hoy en día suspiran por convertirse en youtubers, gamers o bloggers. Quieren ser influencers. Todavía son pocos los que pueden ganarse la vida con estas actividades, pero ya figura como uno de los trabajos anhelados por los más jóvenes. En la encuesta ¿Qué quieres ser de mayor? publicada por la empresa de recursos humanos Adecco, son profesiones que aparecen en tercer lugar entre las preferencias de los chicos, mientras que en años anteriores tenían un peso anecdótico en el ranking. Les atrae este mundo. Porque se sienten identificados.

«Son jóvenes como ellos, a quienes les gustan las mismas cosas. Hablan su lenguaje y sobre temas que les interesan», explica Elisenda Estanyol, directora del máster universitario de Comunicació Corporativa, Protocol i Esdeveniments de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). «Conectan de una forma más próxima, más natural, genuina y espontánea. Consiguen que sus seguidores empaticen con ellos», apunta. Y añade: «Es un contenido fácil de consumir, versátil y que permite una interacción de forma directa»

Hoy en día, la mayoría de los influencers todavía no pueden vivir solo de esto y necesitan otros empleos. «Pero también es cierto que cada vez más los planes de marketing y de comunicación de las empresas los tienen en cuenta como uno de los canales donde difundir sus productos y servicios, de forma que cada vez son más cotizados», señala Estanyol, recordando que precisamente su presencia e influencia en las redes hace que se conviertan en prescriptores de marcas. «Sus opiniones y valoraciones generan más credibilidad que la publicidad», dice.

Estanyol pone de relieve que la creciente profesionalización la vemos cuando alrededor de algunos influencers se ha creado ya una red de negocio: fotógrafos, operadores de cámara y editores de vídeos, agencias de representantes, personas que ayudan a hacer crecer el canal, que gestionan la agenda, o los ingresos.

Es un campo que no está regulado. «Tenemos que esperar que sean los seguidores quienes muestren su rechazo cuando hay prácticas poco éticas», explica la directora del master universitario, quien añade que «más adelante habrá asociaciones profesionales que evitarán este tipo de comportamientos y se establecerán códigos deontológicos».

Como explica Estanyol, aunque el perfil de influencers y seguidores es relativamente joven, «difícilmente tendrá fecha de caducidad. Ha venido para quedarse». Señala que en los próximos años «viviremos una transformación y una profesionalización del fenómeno, que seguirá creciendo si cogemos como referentes países como los Estados Unidos». Y que veremos la evolución de figuras como el youtuber, el blogger o el instagramer, además de emerger nuevas redes y formas de comunicarse. «El contenido estará más elaborado y se consolidarán quienes sepan conectar mejor con sus seguidores», añade.

 

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