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"De pequeña me habría encantado jugar con robots"

Un estudio asegura que las niñas dejan de interesarse por la ciencia y la tecnología a los 15 años. Así lo ven quienes trabajan con ellas en las aulas

Norián Muñoz

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Un grupo de niñas participa en un Taller de Petits Enginyers en la Escola Isabel Besora de Reus. FOTO: Alba Mariné

Un grupo de niñas participa en un Taller de Petits Enginyers en la Escola Isabel Besora de Reus. FOTO: Alba Mariné

«De pequeña me habría encantado jugar con robots» cuenta Agnès Gomis, profesora de tecnología de alumnos de primero y segundo de ESO y coordinadora de monitores de la empresa tarraconense Petis Enginyers que ofrece talleres y actividades relacionadas con la tecnología en una cuarentena de escuelas y entidades.

Pero la realidad es que, a pesar de lo llamativo de los robots, las impresoras 3D y demás artilugios con los que los niños pueden jugar y experimentar en los talleres que ofrecen, el número de niñas que se apuntan sigue siendo pequeño «para que se haga una idea, de los 28 niños que se apuntaron a talleres en Semana Santa solo hubo una chica», cuenta.

Sonia Babiloni, estudiante de biotecnología y monitora de talleres lo confirma, las niñas son minoría, algo que no se explica: «Porque las que vienen están felices y se lo pasan genial».

Justamente el jueves que viene se celebra Día Internacional de las Niñas en las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) auspiciado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones para tratar de acortar la brecha digital entre mujeres y hombres desde la infancia.

Un estudio reciente realizado por Microsoft en Europa, encontró que los quince años es la edad clave en que las niñas pierden (y no recuperan) su interés por las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas -lo que se conoce como las carreras STEM.

Para el estudio se entrevistó a 11.500 mujeres de entre 11 y 30 años de doce países europeos. El 42% de las encuestadas dijeron que considerarían estudiar una carrera STEM en el futuro, pero el 60% de ellas admitieron que se sentirían más seguras de hacerlo si supiesen que después tendrían las mismas oportunidades de encontrar un empleo que un hombre.

Problema de confianza

Lo que sí parece claro es que no se trata de un problema de capacidad. Gomis cuenta que sus alumnas de la ESO, donde la asignatura de tecnología es obligatoria, tienen resultados tan buenos o mejores que los chicos.

Pero lo cierto es que no solo cuentan las cualidades, sino la percepción que uno tiene de esas cualidades. La profesora Milagros Sáinz, investigadora principal del grupo Género y TIC de la UOC, apuntaba recientemente que «en un estudio longitudinal de un grupo de estudiantes durante seis años estamos comprobando que las chicas en educación secundaria, a pesar de tener notas equiparables o incluso superiores a sus compañeros (en materias STEM) se infravaloran, es decir, se creen menos competentes de lo que realmente son según sus calificaciones». En el caso de los chicos la reacción es la contraria: suelen sobreestimar sus competencias.

Son diferencias de percepción que comienzan bien pronto, incluso con los juguetes, como confirman la investigadora y las dos monitoras consultadas. Allí sigue, año tras año, la publicidad de muñecas para niñas y construcciones para chicos.

Pero no todo está perdido, Gomis cree que se trata sobre todo de que las niñas puedan asomarse a un mundo que es amplísimo «es solo cuestión de que encuentren su lugar.

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