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Del carrito de bebé al coche de carreras

"Todavía no lo sé, pero de mayor puede que quiera ser piloto de carreras".

Redacción

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Tiene sólo siete años, se llama Mathilda y su nombre es también el del equipo en el que compite su padre: Mathilda Racing Team.

Tiene sólo siete años, se llama Mathilda y su nombre es también el del equipo en el que compite su padre: Mathilda Racing Team.

Tiene sólo siete años, se llama Mathilda y su nombre es también el del equipo en el que compite su padre: Mathilda Racing Team. La pequeña lleva oliendo gasolina desde que estaba en la cuna. Su padre, Michael Paatz, la ha llevado a muchas de las carreras en las que ha venido participando desde que nació. Reconoce que al principio se le hacía “aterrante” verse “con un cochecito de bebé entre boxes pensando, realmente ¿quieres que la niña esté por ahí corriendo con 3 ó 4 años?”

Pero los años pasaron, “entre todos mis amigos la cuidamos”, y hoy Mathilda se mueve por boxes como pez en el agua. “¿Para qué sirven estos botones, papi?” “Con estos puedo hablar por el micro” “Y este otro, ¿para qué sirve?” “Este es el botón de arranque. Yo no tengo una llave normal como los otros coches” La curiosidad de Mathilda no tiene límites y su padre es feliz teniéndola cerca cuando compite. Un binomio perfecto.

Hoy llega una de las fechas más esperadas. Estamos en el mítico circuito de Nürburgring, donde se corren las 24 horas junto a Nordschleife. El tiempo no acompaña, cae una fuerte lluvia que de vez en cuando se vuelve granizo, pero a los participantes no les importa. Y ahí está Michael en representación del Mathilda Racing Team, equipo en el que conduce un SEAT León Cup Racer y participa en la categoría TCR. Antes de comenzar la carrera padre e hija se abrazan. La pequeña le desea suerte mientras asegura orgullosa que “es el más rápido de todos”.

Termina la carrera y Michael y Mathilda se reencuentran. La pequeña se sube directamente al coche, se pone el casco y lo mira todo. Michael sabe del interés de Mathilda por convertirse en piloto, pero asegura que una decisión así se debe tomar entre los 10 y 12 años, con “más criterio para decidirlo”. Entonces, asegura, “si quiere hacerlo estará bien. Conozco los riesgos y creo que no estaría en desacuerdo”. El relevo generacional en esta familia, pues, parece garantizado.

 

 

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