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El Papa permite que los sacerdotes puedan perdonar el aborto

Su postura se basa en la idea de que todos los pecados, incluso los más graves, pueden perdonarse, si hay arrepentimiento

Darío Menor

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El papa Francisco incluye esta medida en su carta apostólica ´Misericordia et misera´. Foto: efe

El papa Francisco incluye esta medida en su carta apostólica ´Misericordia et misera´. Foto: efe

Conseguir el perdón de la Iglesia católica tras realizar o participar en un aborto es desde ayer mucho más fácil. Como colofón al Jubileo de la Misericordia concluido el pasado domingo, el Papa decidió que todos los sacerdotes, y no sólo los obispos, como ocurría hasta ahora, puedan absolver a quienes están implicados en la interrupción voluntaria del embarazo, una práctica considerada muy grave por la doctrina católica y que se castiga con la excomunión automática.

Francisco asegura que con esta nueva medida, incluida en su carta apostólica Misericordia et misera, el documento en el que recoge sus conclusiones del Jubileo extraordinario, no se cambia la posición de la Iglesia frente al aborto, que considera la destrucción de «una vida humana inocente». Su postura se basa en la idea de que todos los pecados, incluso los más graves, pueden perdonarse, siempre eso sí que haya arrepentimiento y «voluntad de reconciliarse» con Dios.

Misericordia et misera, publicada ayer después de que el Papa la firmara el día anterior durante la misa de clausura del Año Santo, convierte en permanente la facultad de absolver a quienes «hayan procurado el pecado del aborto» que Jorge Mario Bergoglio otorgó a los presbíteros durante el Jubileo de la Misericordia iniciado el 8 de diciembre de 2016 y concluido el domingo.

«Que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial», escribe el Pontífice. El arzobispo italiano Rino Fisichella, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, encargado de presentar la carta apostólica, aclaró que el perdón del Papa abarca a «todos los implicados» en la interrupción voluntaria de un embarazo. «El pecado del aborto es global y el perdón es también global para todos los que han participado: mujeres, médicos o enfermeros, quienes han incurrido en una excomunión sin necesidad de que haya una declaración canónica», explicó.

Habrá que ver cómo responde a esta decisión del Papa el sector de la Iglesia más incómodo con su pontificado. La semana pasada cuatro cardenales publicaron una carta en la que le exigían que aclarara su postura frente a la readmisión a los sacramentos para los divorciados vueltos a casar introducida en algunos supuestos en su exhortación apostólica Amoris Laetitia.

En el pasado, otros purpurados también mostraron sus suspicacias porque consideraban que amenazaba la indisolubilidad del matrimonio y había aligerado hasta el extremo los procesos para lograr la nulidad matrimonial. En una poco habitual respuesta a las críticas por parte de los medios oficiales vaticanos, el director de L’Osservatore Romano, Giovanni Maria Vian, comentó en su último editorial que «sorprende» que sea precisamente dentro de la Iglesia donde haya quien no entienda «el significado pastoral y misionero» de las decisiones tomadas por el Papa.

«Los contrarios a Bergolio son pocos, pero hacen mucho ruido y tratan de aprovecharse de que muchos católicos de buena voluntad pueden sentirse desorientados con algunas de sus decisiones», cuenta un alto funcionario de la Santa Sede.

No se entiende sin recordar que llegó al pontificado tras décadas de experiencia como pastor en contacto con la gente, por lo que sabe el dolor que provoca el aborto. En la carta con que otorgó la facultad de perdonar ese pecado a todos los sacerdotes durante el Año Santo, dijo haber conocido a muchas mujeres «que llevaban en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa». Tal vez para intentar dar una de cal y otra de arena, en el mismo apartado de Misericordia et misera en que habla del aborto Francisco anuncia otra novedad que gustará al sector tradicionalista. Extiende «hasta nueva disposición» la posibilidad de que los fieles puedan confesarse con los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X, el movimiento ultraconservador fundado por el cardenal Marcel Lefebvre y escindido de la Iglesia. Este permiso estaba en vigor sólo durante el Jubileo de la Misericordia.

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