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El año triunfal de Miquel Vilella

El reusense culmina la exitosa gira de un disco elogiado por toda la crítica
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Miquel Vilella, con la guitarra, durante una actuación de su reciente gira.  Foto: Anna Galí (Light Thru My Lens)

Miquel Vilella, con la guitarra, durante una actuación de su reciente gira. Foto: Anna Galí (Light Thru My Lens)

Miquel Vilella iba conduciendo esta semana cuando se dio cuenta de que aún no había compuesto una sola canción de amor. «Quizás es porque aún no sé cómo funciona, pero tengo el consuelo de que mucha gente a mi alrededor está igual», admite. Ni siquiera la temática amorosa, el tema por excelencia de la historia de la música popular, le ha inspirado para darle forma a su segundo disco, que ya está en su cabeza. «Tengo ya las imágenes», admite. Queda perfilarlo, darle algunas vueltas y entrar a grabar, para que ya en otoño vea la luz su nueva música. «Ha sido un álbum inesperado, que ha salido sin darme cuenta, sin forzar», indica este músico y compositor reusense, que deja atrás un año esplendoroso en su trayectoria: su disco Després del món/Farewell, Dear Towermen, un ambicioso álbum doble en catalán y en inglés, se coló en las listas de lo mejor de 2014 y le ha llevado a una gira larga y no prevista, que nació en locales de Reus y llegó a escaparates apetitosos de Barcelona y Madrid, ‘Conciertos de Radio 3’ incluidos.

«Me he visto en un aventura, y sigo en ella». Lo cuenta él, que una vez alumbrado ese descomunal trabajo (grabado y producido íntegramente por él en su casa, con vistas señoriales a la Prioral de Reus, y compuesto tiempo atrás en un verano pegajoso en Nueva York), no quería tocarlo en directo. «Pensé que la obra estaba bien así. Para mí el directo ha sido una cosa distinta». Pero poco a poco se animó, espoleado por el ropaje rockero en los directos de la banda Göttemberg, el grupo tarraconense que ha flanqueado sus temas en los escenarios. «Todo se ha ido dando así, sin forzar nada, de forma natural», cuenta Miquel, que pone distancia con el hecho de que la crítica especializada se haya rendido a su trabajo. «Algunos han dicho que son canciones intensas, otros que son melódicas. Yo no sé si es música buena o mala, lo que sí es verdad es que hago música innegable, irrefutable. Nadie ha dicho que sea un disco cobarde. Por supuesto, la música cínica está prohibida aquí». Ese elogiado álbum rezuma folk pop lleno de subidones épicos que se vuelve ornamental y preciosista, psicodélico o barroco. Entre juegos de voces, coros y arreglos, se puede seguir el rastro de su formación musical: tocó salmos y aleluyas de los 10 a los 18 años en la iglesia de la Puríssima Sang, en Reus.

Ahora ya prepara una nueva entrega, mientras deja macerar su primera novela, acabada hace algunos meses. Apunta que su inminente nuevo repertorio partirá de imágenes y buscará cierta contundencia visual en las canciones, aunque hablen de la fe, del hambre, de la miseria, o de personajes a la deriva, pero de momento, nunca de amor de pareja. «También hay algo de la joia de viure que he experimentado. Iba a Madrid, tocaba en una sala, conocía a gente, en una conversación escuchaba dos palabras que me atraían, volvía a Reus y de pronto salía la canción». Mientras llegan sus nuevas entregas, este sábado (22 horas, entrada gratuita) cierra la gira y ese año de lujo en la Sala El Cau de Tarragona.

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