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El cóctel, una moda cada verano

Damos un paseo por el amplio campo de la coctelería, un mundo con historia y creatividad que despierta interés entre los consumidores

Mouad El Osri

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El cóctel es un refresco combinado que todos conocemos. Los hay que se mezclan con alcohol, mientras otros no. Los más tradicionales son el mojito, la piña colada o el daikiri. «Hay diferentes variedades dentro de los cócteles clásicos: sour, old fashioned o los coolers», asegura Sergi Pérez, coctelero natural de Calafell. Añade que con el tiempo, varios locales  incorporan creaciones propias en sus cartas. Son de autor, algo que ha empezado a destacar estos últimos años.
«Se trata de contar una historia mediante el producto, más allá del producto en sí», cuenta Jaume Beato, del Beach Club del Hotel Resort Ra de El Vendrell. «Nosotros tenemos el que llamo el Dios del sol Ra. Una combinación se lima, fruta de la pasión, unas hojas de menta fresca, pepino machacado, algo de ginebra, un poco de albariño y un toque de cava».

Otros se decantan por jugar con elementos como el tamaño o la introducción del cóctel en otros formatos de ocio. «Un día, mientras estaba comiendo se me ocurrió la idea de jugar con el tamaño del cóctel. Nos reunimos, lo hablamos, y lo siguiente que recuerdo es empezar a hacer cócteles de tres, cinco y hasta  ocho litros», bromea Félix Ruiz, del Lunattic de Salou. Y continúa: «También combinar con shishas con sabor a cóctel».
No obstante, un cóctel no deja de ser una bebida refrescante al alcance de todos, es decir, cualquiera puede crear uno. Desde la variedad más clásica, hasta los cócteles más nuevos o de variedad tiki. ¿Pero cuándo sabemos que estamos ante un buen cóctel? Daniel Fuentes, del City Hall de Salou, lo tiene muy claro: «Un buen cóctel debe tener los ingredientes muy diferenciados. Poder degustarlos todos, notar la explosión de sabores. Y cada receta tiene unas proporciones ya establecidas.»
Los cócteles de escuela inglesa o italiana son los más venerados, especialmente el inglés. Una corte que genera tendencias que se expanden por el resto del mundo. España tiende más a la importación que a la exportación en cuanto a tendencias, y el cóctel no es una excepción. «El problema es que el cliente va con años de retraso, pero empieza a interesarse por las cosas con historia», comenta Beato. Daniel Fuentes comenta su perspectiva sobre el hábito de consumo del cóctel en España: «El cliente nacional, lo que ve que empieza a hacerse famoso, lo sigue. Hace tres años, el ginebra Puerto de Indias era desconocido. Vendimos tres botellas. El año pasado empezó a llegar gente que pedía ‘la bebida esa rosa’, y de lo que llevamos de año ya vendemos más de mil. Este año la ginebra está muy demandada, las bebidas con ginebra tienen público.

Ycreo que seguirá así hasta de aquí un tiempo. Lo que creo que pueda destronar al gin será el gingabay de Schweppes. Se toma con whisky y corteza de naranja. Quizá de aquí 20 años veamos, y bebamos, más whisky que ginebra».
Esta curiosidad que concierne al consumo, se nota a la hora de beber por parte de los clientes. «El español es conservador, a los que recibimos en Lunattic ni siquiera miran la carta a veces, piden lo de siempre. Aquí se estableció el mojito o el gin-tonic, y es de lo que más se pide entre los clientes de nuestro país», apunta Félix Ruiz, «en cambio el turista extranjero no. Te pide la carta, se la mira y ya pide. Incluso si repite, repite con dos o tres diferentes, más novedosos. Por ejemplo el Rock and Bull. Un mojito con Red Bull, Jägger, lima y ron».
El tipo de cóctel que predomina, se renueva cada verano. Es una moda cambiante. «Hay un patrón que se mantiene, pero también va cambiando cada año. Este verano se lleva lo ligero, bebidas con gin o frutas de la pasión o pepino’, continua Beato, quien asegura que el amargo es concebido como un ‘sabor adulto’. «El amargo va bien para abrir el apetito realmente, por ello se piden cócteles amargos para tardes largas», continua Ruiz.

«Realmente, el concepto de ‘moda’ es relativo. Siempre hay atracción por lo clásico. Recuperar aquello que triunfó y relanzarlo’, concluye Beato.

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