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El conductor risueño del camión de bomberos suizo

Toti Roger es el presidente de Somriures Nòmades. Este animador infantil recorre el mundo con sus espectáculos de música y humor para repartir sonrisas entre los más desfavorecidos

Javier Díaz Plaza

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Toti, la semana pasada con dos niños y el camión de bomberos detrás en Chiloé (Chile). Foto: Somriures Nòmades

Toti, la semana pasada con dos niños y el camión de bomberos detrás en Chiloé (Chile). Foto: Somriures Nòmades

Toti Roger está con su viejo camión de bomberos suizo por el archipiélago de Chiloé, en el sur de Chile, con dos perros y dos compañeros de la asociación Somriures Nòmades. Son artistas itinerantes, sin ánimo de lucro, que recorren el mundo haciendo sonreír a los más desfavorecidos. Reparten alegría con sus canciones y sus espectáculos humorísticos. Su lema es «no apagamos fuegos, encendemos sonrisas».

«Estaremos en Chiloé cinco semanas. Una naviera nos ayuda a cruzar las islas y vamos a cantar a escuelas donde quizá sólo hay tres niños, centros culturales o lugares donde sólo viven cuarenta familias», explica Toti, barcelonés que se siente de Poboleda (Priorat), donde tiene un casa y elabora vino en un pequeño terreno.

Él conduce el camión rojo de la marca Magirus Deutz 28o. «Es de 1980 y tiene poco más de 65.000 kilómetros. «Eso no es nada, estos vehículos pueden hacer uno o dos millones de kilómetros». «En Suiza hay pocos fuegos, por eso cuando se lo compramos a los bomberos apenas tenía 32.000 kilómetros». Nunca les ha dejado tirado. Quizá porque está fabricado con mecánica alemana.

«Hemos tenido algunas averías, pero siempre nos ha pillado cerca de mecánicos y eran más fruto de la antigüedad que del uso. Las ruedas sí que empiezan a estar mal porque ya tienen 25 ó 30 años. Estamos buscando a alguien que nos auspicie unas», explica Toti.

El camión luce en su frontal el nombre Dream Warrior (guerrero de sueños). Ese el espíritu de Somriures Nòmades. Luchar por sus sueños y por los de las comunidades en la que hacen un alto en el camino. «Queremos dejar el mundo mejor que nos lo hemos encontrado».

El Dream Warrior les sirve de casa cuando están en ruta. Dispone de agua caliente, ducha, calefacción, armarios... Está equipado con placas solares, sistemas electrónicos de navegación y un generador de corriente para tener energía en cualquier lugar. «La gente y sube y baja del camión. Es un proyecto abierto a quienes quieran estar una semana, un mes... haciendo espectáculos». También recogen a viajeros que hacen autostop en la carretera.

«Recorremos el mundo porque nos gusta estar vivos. Hemos tocado para una sola persona, para seis escuelas, dentro de una gasolinera... Nos hemos tenido que apuntar en el brazo letras de canciones en idiomas que no conocemos para aprenderlas. Nunca sabemos dónde vamos a tocar, puede ser en un comedor escolar o en una cabaña», comenta Toti.

Van sin rumbo a aquellos lugares donde les reclaman. «En nuestros espectáculos, tanto los músicos como el público intercambian energías. Proponemos abrazos, miradas, canciones o danzas, siempre con un fin educativo. Para que los niños puedan jugar con sus maestros y los padres vayan con sus hijos».

A lo largo de su travesía han visto mucha desigualdad y pobreza. «Hay mucho trabajo por hacer en este mundo y no tanto con la gente humilde, sino con la que lo tenemos todo y no valoramos nada. El 20 % del planeta vive bien a cambio de que el otro 80 % no tiene la suerte de estar como nosotros».

Pero aún hay esperanza. «Hay más gente haciendo cosas buenas que malas. Personas que apuestan por la agricultura ecológica, paneles solares o ecoconstrucciones para llevar una vida más acorde con este planeta llamado Tierra, que, si no aflojamos, reventará», concluye Toti.

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