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El 'corte inglés' de Prades

La dueña dice que vende desde un preservativo hasta un chalet... Y no es mentira
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Maria Rosa Mariné, dueña de la tienda y su hija Marta.

Maria Rosa Mariné, dueña de la tienda y su hija Marta. Lluís Milián

Ya  me había dicho un compañero que si necesitaba algo, cualquier cosa, en Prades (580 habitantes en invierno, 6.000 en verano), preguntara por ‘El Corte Inglés’. No le hice mucho caso, pero una vez en el pueblo me picó la curiosidad. Un vecino en la plaza me indicó dónde estaba: «Pero este corte inglés es de una sola planta», me advirtió entre risas.

Gente de ciudad, nos dio por buscar el cartel con el nombre del establecimiento; fue inútil: la tienda no tiene ni ha tenido nunca nombre. Así que al final preguntamos, como hace todo el mundo. No en vano una página de Facebook, que lleva por título «No eres de Prades si no...», dice que la tienda es  de las cosas que hay que conocer para decir con propiedad que se es del pueblo.

En la entrada comparten espacio las vainas frescas y  una  máquina expendedora de huevos de plástico con  juguetitos dentro, de esos que encandilan a  los niños y que abuelos y tíos compran  a sabiendas de que terminarán rodando por casa más temprano que tarde.

Igual que no tiene nombre,  tampoco es fácil ponerle una etiqueta a esta tienda  abarrotada de objetos del techo al suelo y siempre concurrida.
La dueña, Maria Rosa Mariné, relata entre risas que ella vende desde un preservativo hasta un chalet. Lo explica mientras sostiene una bolsa con tomates. «Son de mi marido, que es payés», explica. También vende, según temporada, vainas, patatas, avellanas, los huevos de sus gallinas... Productos de proximidad, pues. 

Ella lleva trabajando en esta tienda, que era de sus padres, desde los 15 años, y ya tiene 64. Cuenta que ha querido conservarlo todo lo más parecido posible a como se lo encontró. «He tenido la oportunidad de ampliarlo, pero a  mí me gusta así», comenta.

Hechas las presentaciones, nos concentramos otra vez en el ejercicio de describir la tienda, de colgarle una etiqueta. Definitivamente, cuesta. 
Si hiciera un plano general encontraría herramientas, chuches, baberos, hilos de coser, gafas de sol, productos de limpieza, juguetes, zapatos, manteles, relojes, velas, cosméticos... Y tabaco, porque la tienda, además, es un estanco.

Y también, cómo no, muchos souvenirs de Prades, desde una réplica de la famosa  fuente de la plaza, desde donde antes manaba cava, hasta camisetas y sudaderas con el nombre de Prades.

Cuenta Maria Rosa que lo que no le falta nunca, ni en verano, son mantas y ropa de abrigo (normal, en uno de los municipios que marca las temperaturas más bajas de Catalunya durante todo el año). (Lea: Prades, el gusto de ir con chaqueta en verano)

Entre sus tesoros cuenta incluso con algunas mantas Paduana, fabricadas en Ontinyent, y consideradas las mejores del mundo. Todo un recuerdo de una época en la que los edredones nórdicos todavía no habían colonizado todas las camas. Lo de las mantas se lo contó Maria Rosa a El Foraster, el del programa de TV3, que se quedó alucinado cuando pasó por su tienda. Marta, hija de Maria Rosa, que está envolviendo un regalo y que se ha quedado atendiendo a los clientes, le riñe cariñosamente: «¿Tienes que contarlo todo?».

Uno de los clientes, que no quería salir en la foto pero que  estaba escuchando la entrevista, nos recuerda un detalle que casi pasamos por alto:  lo de que se venden chalets. No, no era una tomadura de pelo. Un cartel en la puerta anuncia que se venden y alquilan casas, chalet, pisos... Los vecinos del pueblo saben que la tienda es lugar transitado y piden a María Rosa, que saluda a todo el mundo por su nombre (también a los veraneantes), que le ayuden a correr la voz... Y cuando ha hecho falta también ha echado una mano, como en el caso de una familia que se quedó varada en invierno sin tener dónde alojarse y sin dinero y les llevó a su casa.

Intento recapitular: alimentos, electrónica, cosmética, textil, juguetería... Definitivamente, a quien se le ocurrió llamarle ‘el corte inglés de Prades’ no iba desencaminado. 

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