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El esquiador que no conocía la nieve

El venezolano Adrián Solano compite en el Mundial tras ser retenido en Francia porque la Policía no se creía que fuera un deportista

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Foto: EFE

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¿Quién iba a creer que un venezolano con 28 euros en el bolsillo podía estar viajando a Finlandia para competir en el Mundial de esquí? Las autoridades del aeropuerto de Rissy, en París, desde luego que no se lo creyeron. Lo retuvieron con la sospecha de que era un inmigrante ilegal, lo enviaron a un hotel y solo lo dejaron libre cuando, apoyado por el Consulado venezolano en la capital francesa, se pudo presentar ante el juez y le demostró que iba a la competición.

Todo esto es solo una parte de la odisea que Adrián Solano ha vivido desde que se animó a competir en el Mundial de esquí. Lo suyo, desde luego, es luchar por un sueño. Al llegar a Finlandia, Solano confesó que los billetes se los había pagado trabajando de cocinero y con 'crowdfunding', que hasta ese momento se había entrenado con esquíes de ruedas y que esa era la primera vez que veía la nieve. "Ha sido superemocionante", afirmó.

Como cabía esperar, la actuación de Solano no fue especialmente brillante. La primera de las pruebas en las que participó, los diez kilómetros, el miércoles, la pasó haciendo equilibrios. Tanto había sido su empuje que en la mitad del recorrido, a los cinco kilómetros, rompió los bastones, así que llegar a la meta fue una tortura. Las declaraciones del director del Mundial, Jussi Prykari, dejan bien claro que el representante venezolano no estaba preparado para afrontar una prueba así. "Es la primera vez que ayudo a un esquiador a ajustar sus bastones", declaró.

Al día siguiente Solano volvió a calzarse los esquíes, esta vez para la prueba corta, de 1,6 kilómetros. Quedó último de 156 participantes, a diez minutos del ganador, el ruso Sergeui Ustiugov, que hizo un tiempo de tres minutos, 11 segundos y 72 centésimas. Pero eso sí, su coraje y sus ganas de luchar han convertido a Solano en un nuevo héroe del deporte, a la altura de otros mitos que no lograron las medallas en la pista, pero sí en el corazón de los aficionados, como el equipo jamaicano de bobsleig en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1988 o del nadador guineano Eric Moussambani, que compitió en los Juegos de Sídney en 2000.

El propio Solano no tardó en reivindicarse, sobre todo ante aquellos agentes que nunca pensaron que ese joven venezolano de 22 años que hacía escala en París era un deportista. "En la vida no puedes tenerlo todo, los franceses no tienen la culpa, pero al equipo de policías que no creyó en mi historia le digo: 'Adrián Solano llegó a Finlandia y compitió", aseguró el esquiador, que ya se marca nuevos retos en su horizonte: preparar los Juegos del año que viene en Corea del Sur.

De todas formas, el suceso de Solano amenaza con provocar un conflicto diplomático entre Venezuela y Francia. La ministra de Relaciones Exteriores del país suramericano, Delcy Rodríguez, escribió en Twitter: "Siguiendo instrucciones (del presidente Maduro) presentaremos una fuerte protesta al Gobierno francés por esta afrenta".

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