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Naltros Ecosistemas

El floreciente negocio de los piojos

Los niños llegan de los campamentos de verano con la cabeza tan cargada de bichos como de historias que  contar. La lucha contra los insectos no es ni fácil ni barata; sino que se lo expliquen a esta madre que lleva más de 40 euros gastados en la farmacia... Y lo que queda

Norián Muñoz

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Los piojos son un clásico del verano y no distinguen de edad.

Los piojos son un clásico del verano y no distinguen de edad. Lluís Milián

La escena transcurrió más o menos así:  por fin había acabado el informe y estaba repasándolo en papel. De repente algo cae de su cabeza y comienza a moverse entre las letras. Allí ¡en la oficina! 

Insecto, pequeño, que salta de la cabeza... La palabra ‘piojo’ comienza a rondar, pero ¿cómo son los piojos?  ¿Cómo iba a saberlo ella, que siempre había presumido de que no tuvo ni uno solo en toda su infancia? 

Y va y no se le ocurre otra cosa que buscar en las imágenes de Google. Error. Las fotos que vio allí pueden aterrorizar al más pintado y hacer que le pique la cabeza por los siglos de los siglos.

El insecto cayó sobre la hoja que estaba corrigiendo ¡en la oficina! 

Con las imágenes todavía en la retina llega a casa; corriendo, al espejo del baño. No ve ni un bicho más. Alivio... Pero la ilusión dura poco. Hay que llegar al fin del asunto, así que va directa a la cabeza de su hija (que entonces tendría unos nueve años). Allí estaban.

Comienza el pánico, y los lamentos, y el ¿por qué a mí, si siempre les reviso cuando llega el papelito del cole advirtiendo de que hay piojos?
La respuesta estaba, luego lo descubriría, en el campamento, ese invento veraniego del que los niños suelen regresar con la cabeza tan poblada de  historias que contar como de bichos.

Pero si las imágenes eran perturbadoras, la información en la web no podía ser más agobiante: «Un piojo adulto mide entre 2 y 4 milímetros... No puede volar ni saltar, pero se mueve con rapidez (23 centímetros por minuto)... Respira a través de agujeros que pueden cerrarse y volverse impermeables al agua... Pica 2 a 4 veces al día durante ‘comidas’ que duran unos 30 minutos... Puede vivir en el cuero cabelludo durante más de un mes... Las hembras ponen entre 4 y 8 huevos o liendres diariamente durante 3 a 5 semanas, lo que significa un total de 100 a 250 huevos o liendres...».

Toca lavar con agua caliente toallas, sábanas, cojines del sofá y aislar en bolsas herméticas los peluches (porque se supone que los bichos se mueren si pasan 24 horas sin comer)

Aquí comenzaba, por primera vez, el operativo que se repetiría más de un verano: loción pestilente, niñas que se resisten, madre que después del tratamiento, combinado con el tinte, luce en el pelo una textura extraña...

Pero la guerra es la guerra, así que no hay tregua: toca lavar con agua caliente toallas, sábanas, cojines del sofá y aislar en bolsas herméticas los peluches (porque se supone que los bichos se mueren si pasan 24 horas sin comer).

Después, a repetir la operación de la loción una semana después y ya está... Ya está hasta el campamento que viene.

Repelente de amigos
Pero este año había decidido que no. Así que cada día al campamento la hija pequeña va con coleta prieta y un  buen chorro de repelente del supermercado. La niña se queja de que además de los bichos, el olor va a espantar a sus amigos. Se acaba el campamento y, por fin, canta victoria.

Pero no. La alarma saltaba el domingo, después de un día en la playa. La hija mayor comienza a gritar en el coche: ¡A Fulanita le corre algo por la cabeza! Pánico otra vez.

Nada más llegar a la ciudad, corre a buscar la primera farmacia de guardia. Le prometen que «esta loción va muy bien». La pequeña pregunta: «¿Pagas un champú con tarjeta?» La respuesta: «Es que cuesta 26 euros».

Luego descubriría que no era el único gasto, tendría que volver a la farmacia a por un peine especial (14,90euros). También le ofrecen en una gran superficie un peine eléctrico que los «peta», en palabras técnicas de la vendedora. Suena bien, hay sed de venganza, pero cuando le dicen el precio, 42 euros, se modera.

En resumen, este año lleva  40,90 euros gastados en piojos, sin contar con lo que  costó el inútil repelente... Y lo que queda, porque aún habrá que repetir la operación para toda la familia, incluidas la madre, que  a estas alturas ya tiene el pelo hecho polvo, y la hija adolescente, que sólo tenía un piojo, pero casi amenaza con el suicidio si se lo cuentan a alguien.

Al final ella, que es incrédula por naturaleza, no para de darle vueltas a lo que le dijo aquella madre amante de las teorías conspiratorias: «Los piojos los sueltan los fabricantes (de productos) para que no les falte negocio». 

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