Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

El fondo marino de TGN tiene vida

Pequeños y mayores pueden disfrutar de la experiencia del submarinismo. La costa tarraconense ofrece opciones a precios muy asequibles.

Carlos Domènech Goñi

Whatsapp
Foto: carles domènech

Foto: carles domènech

Foto: carles domènech

Foto: carles domènech

Foto: carles domènech

Foto: carles domènech

carlos domènech goñi
Tarragona es una población rodeada de complejos industriales del sector químico. Por otra parte, la vertiente comercial de su puerto deriva en la llegada de miles de embarcaciones a lo largo de todo el año. Barcos que no podrían considerarse de estatura pequeña. El resultado de todo lo nombrado anteriormente provoca comentarios del estilo «en TGN no se puede bucear, está todo sucio y no hay peces». Palabras que en la mayor parte de los casos son pronunciadas por gente que nunca ha querido comprobar sus especulaciones. Sin embargo, quizás se sorprendan si deciden adentrarse en las peculiaridades del fondo marino de las costas tarraconenses. La contaminación a la que está expuesto el Mediterráneo en esta parte del mapa es indudable, pero tras poder comprobarlo, sería mentira negar que en las aguas de Tarragona hay vida. La posibilidad de conocerla es relativamente sencilla, teniendo en cuenta la tranquilidad de las aguas y las varias opciones a nivel de empresas que existen en la ciudad.&nbs p;
El submarinismo se estableció definitivamente en la ciudad en la década de los años 90, cuando se fundó la Sociedad de Exploracions Submarines (popularmente conocido como SES). Con la creación del Parque Subacuático, podría decirse que el buceo con bombona de oxígeno llegó para quedarse. Desde entonces, empresas como Big Blue Center trabajan para acercar las maravillas del mar a los que las desconocen. El fondo del mar de la antigua Tarraco tiene singularidades que no se encuentran en otras partes. La Dragonera es el nombre con el que se conoce el Parque Subacuático. O mejor dicho, el buque que se encuentra hundido y alrededor del cual se ha fundado el Parque. A tan sólo 22 metros de profundidad y con unas condiciones ideales para practicar este deporte, La Dragonera es la joya de la corona. Bancos de peces, un maravilloso ecosistema alrededor del barco e incluso delfines, son las atracciones que acercan a centenares de buceadores a lo largo del año.&nbs p;
Para todas las edades
Adentrarse a conocer el mundo submarino es más sencillo de lo que muchos creen. Algo que facilita la práctica a personas de todas las edades. Desde los más pequeños hasta los mayores pueden cargarse la mochila y la bombona, endosarse el apretado traje de neopreno, ponerse las gafas y sumergirse en la tranquilidad absoluta que se adquiere bajo el agua. Siempre con la compañía de los monitores, en la primera inmersión los principiantes pueden hacerse una primera idea de lo que esconde el litoral. La escollera de la Platja del Miracle es el lugar escogido para el llamado ‘bautizo’, como se conoce a la primera inmersión en el mundo del buceo. 
Las explicaciones previas se centran en enseñar el funcionamiento del equipo. El regulador de oxígeno, la estabilidad de la mochila y el ajuste de las gafas toman protagonismo minutos antes de meterse en el agua. Una vez la explicación se ha realizado, y con la mochila cargada, la orilla se transforma en un aula personalizada en la que el monitor da las clases. Los gestos que hay que realizar bajo el agua son extremadamente importantes. Tal y como informaban los monitores, «una buena comunicación puede salvarte la vida. Tan sólo podemos hablar mediante los gestos y hay que aprendérselos bien para no correr riesgos». 
Las claves
Aunque parezca mentira, dentro del agua es más complicado de lo que se cree mantener el equilibrio. Cuando la mochila de 16 kilos entra en acción, es importante equilibrar el peso con sacos de plomo para poder mantenerse estable. Por lo tanto, una vez sumergidos es aconsejable no realizar movimientos bruscos. Llevando a cabo esto, el buceo es mucho más placentero y tranquilo. 
Otro de los factores importantes es el hecho de controlar la respiración. Si durante la inmersión se saca el aire tan sólo por la boca, el tímpano puede sufrir lesiones (algo que no sucede cuando se practica este deporte por primera vez, ya que las profundidades no son elevadas). 
Una vez se hayan dominado todos estos factores, el submarinismo se convierte en una experiencia maravillosa. Jaume, uno de los alumnos, declaraba en su ‘bautizo’ que «tenía muchísimas ganas de probarlo y no me ha defraudado». Jaume es uno de los ejemplos de que el submarinismo puede practicarlo cualquier persona. Con más de 50 años de edad, confesaba que «repetiré en cuanto pueda». En este sentido, cabe decir que recibir un cursillo de cuatro sesiones es algo más caro. Cuesta aproximadamente unos 300 euros, aunque permite bucear en profundidades más grandes (unos 25 metros). Esto significa que, en Tarragona, se podría visitar La Dragonera, o intentar descubrir el secreto de unas misteriosas vigas situadas a unos 100 metros mar adentro de la Platja del Miracle. Según miembros de Big Blue Center, «las vigas tienen una anchura de ocho metros y un peso que debe superar las 2 toneladas. Nadie sabe cómo han llegado allí». 
Para los que se atrevan a descubrirlo, no queda otra que empezar por donde toca y realizar el ‘bautizo’. Luego, las profundidades marinas les esperarán. 

Tarragona es una población rodeada de complejos industriales del sector químico. Por otra parte, la vertiente comercial de su puerto deriva en la llegada de miles de embarcaciones a lo largo de todo el año. Barcos que no podrían considerarse de estatura pequeña. El resultado de todo lo nombrado anteriormente provoca comentarios del estilo «en TGN no se puede bucear, está todo sucio y no hay peces». Palabras que en la mayor parte de los casos son pronunciadas por gente que nunca ha querido comprobar sus especulaciones. Sin embargo, quizás se sorprendan si deciden adentrarse en las peculiaridades del fondo marino de las costas tarraconenses. La contaminación a la que está expuesto el Mediterráneo en esta parte del mapa es indudable, pero tras poder comprobarlo, sería mentira negar que en las aguas de Tarragona hay vida. La posibilidad de conocerla es relativamente sencilla, teniendo en cuenta la tranquilidad de las aguas y las varias opciones a nivel de empresas que existen en la ciudad.

El submarinismo se estableció definitivamente en la ciudad en la década de los años 90, cuando se fundó la Sociedad de Exploracions Submarines (popularmente conocido como SES). Con la creación del Parque Subacuático, podría decirse que el buceo con bombona de oxígeno llegó para quedarse. Desde entonces, empresas como Big Blue Center trabajan para acercar las maravillas del mar a los que las desconocen. El fondo del mar de la antigua Tarraco tiene singularidades que no se encuentran en otras partes. La Dragonera es el nombre con el que se conoce el Parque Subacuático. O mejor dicho, el buque que se encuentra hundido y alrededor del cual se ha fundado el Parque. A tan sólo 22 metros de profundidad y con unas condiciones ideales para practicar este deporte, La Dragonera es la joya de la corona. Bancos de peces, un maravilloso ecosistema alrededor del barco e incluso delfines, son las atracciones que acercan a centenares de buceadores a lo largo del año.

Para todas las edades

Adentrarse a conocer el mundo submarino es más sencillo de lo que muchos creen. Algo que facilita la práctica a personas de todas las edades. Desde los más pequeños hasta los mayores pueden cargarse la mochila y la bombona, endosarse el apretado traje de neopreno, ponerse las gafas y sumergirse en la tranquilidad absoluta que se adquiere bajo el agua. Siempre con la compañía de los monitores, en la primera inmersión los principiantes pueden hacerse una primera idea de lo que esconde el litoral. La escollera de la Platja del Miracle es el lugar escogido para el llamado ‘bautizo’, como se conoce a la primera inmersión en el mundo del buceo.

Las explicaciones previas se centran en enseñar el funcionamiento del equipo. El regulador de oxígeno, la estabilidad de la mochila y el ajuste de las gafas toman protagonismo minutos antes de meterse en el agua. Una vez la explicación se ha realizado, y con la mochila cargada, la orilla se transforma en un aula personalizada en la que el monitor da las clases. Los gestos que hay que realizar bajo el agua son extremadamente importantes. Tal y como informaban los monitores, «una buena comunicación puede salvarte la vida. Tan sólo podemos hablar mediante los gestos y hay que aprendérselos bien para no correr riesgos».

Las claves

Aunque parezca mentira, dentro del agua es más complicado de lo que se cree mantener el equilibrio. Cuando la mochila de 16 kilos entra en acción, es importante equilibrar el peso con sacos de plomo para poder mantenerse estable. Por lo tanto, una vez sumergidos es aconsejable no realizar movimientos bruscos. Llevando a cabo esto, el buceo es mucho más placentero y tranquilo.

Otro de los factores importantes es el hecho de controlar la respiración. Si durante la inmersión se saca el aire tan sólo por la boca, el tímpano puede sufrir lesiones (algo que no sucede cuando se practica este deporte por primera vez, ya que las profundidades no son elevadas).

Una vez se hayan dominado todos estos factores, el submarinismo se convierte en una experiencia maravillosa. Jaume, uno de los alumnos, declaraba en su ‘bautizo’ que «tenía muchísimas ganas de probarlo y no me ha defraudado». Jaume es uno de los ejemplos de que el submarinismo puede practicarlo cualquier persona. Con más de 50 años de edad, confesaba que «repetiré en cuanto pueda». En este sentido, cabe decir que recibir un cursillo de cuatro sesiones es algo más caro. Cuesta aproximadamente unos 300 euros, aunque permite bucear en profundidades más grandes (unos 25 metros). Esto significa que, en Tarragona, se podría visitar La Dragonera, o intentar descubrir el secreto de unas misteriosas vigas situadas a unos 100 metros mar adentro de la Platja del Miracle. Según miembros de Big Blue Center, «las vigas tienen una anchura de ocho metros y un peso que debe superar las 2 toneladas. Nadie sabe cómo han llegado allí».

Para los que se atrevan a descubrirlo, no queda otra que empezar por donde toca y realizar el ‘bautizo’. Luego, las profundidades marinas les esperarán.

Temas

  • DVerano

Comentarios

Lea También