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'El francotirador', la polémica mirada de Clint Eastwood a Irak

Sea cual fuere la postura del espectador, es innegable la gran actuación de Bradley Cooper, que le ha valido otra nominación
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'El francotirador', la polémica mirada de Clint Eastwood a Irak

'El francotirador', la polémica mirada de Clint Eastwood a Irak

Clint Eastwood no suele dejar frío a nadie. Se puede estar a favor de algunos de sus mensajes o en contra, pero lo cierto es que nadie acaba indiferente al ver sus películas. Ganó sendos Oscar en 1992 por ‘Sin perdón’ y en 2004 por ‘Million Dollar Baby’.

La primera es una magistral lección, vestida bajo el ropaje del género del western que a él tanto le gusta, en la que no tiene el más mínimo pudor a la hora de lanzar su mensaje: «la violencia sólo engendra violencia». Y la violencia es un carrusel sinfín que debe ser cortado de raíz para acabar con ella.

De la segunda, Eastwood nos lanza otra idea: la de la redención y la fe, condimentada con el suicidio y la justificación de la eutanasia.

En 2008, el creador de Harry O’Callaghan dirigió y protagonizó ‘Gran Torino’, una dura crítica contra el racismo y la xenofobia que termina replanteándose sus ideas sobre la llegada de multitud de inmigrantes asiáticos a su barrio, después de ver cómo estos sufren los ataques de otros colectivos. Demuestra sensibilidad y humanidad.

Son sólo algunos ejemplos. Porque lo que importa es el mensaje y la profundidad de los personajes. La historia al servicio de la idea. Es su forma de sentir y pensar.

Y sucede lo mismo con ‘El francotirador’. Eastwood nos propone una reflexión sobre los desafíos morales de la guerra moderna. Es, al mismo tiempo, una película bélica y antibélica. Es la perfecta ambigüedad sobre la violencia que se ha mostrado repetidamente Eastwood en sus trabajos. Si en sus inicios como actor defendía la ‘mano dura’ y el ‘gatillo fácil’ haciendo de Harry el Sucio al que temían los asesinos mientras les apuntaba y les soltaba la frase: «alégrame el día», en los últimos años ha cambiado ligeramente de mensaje, buscando la comprensión humana del conflicto. Especialmente el que cada uno de nosotros tenemos a lo largo de nuestra vida.

Es el conflicto al que debe hacer frente Chris Kyle, el Navy Seal en la vida real al que da vida un extraordinario Bradley Cooper. El actor de Filadelfia, nominado por tercera vez a los Oscar, ofrece sutilmente un retazo de la vida de este marine, del que aseguran que llegó a matar con su rifle y su mira telescópica a más de 150 personas, aunque él mismo llegó a asegurar que habían sido más de 250. Una de ellas a más de dos kilómetros de distancia.

De ahí que algunos vean en ‘El francotirador’ un filme con marcada tendencia neofascista y reaccionaria suscrita bajo el lema de: «matar, matar y volver a matar». La película es contundente, eficaz pero también alarmante. Y, quizás, sea ese el mensaje de fondo de Eastwood. El de la deshumanización, incluida la del protagonista de la película, trivial por momentos y ausente de sentimientos.

A sus 84 años, Eastwood ya no aspira a dejar contentos a todos. Pretende que justifiquemos o nos preguntemos el porqué de algunas cosas y algunas guerras. Y para eso relata la vivencia de Kyle, quien (tras servir a su país cuatro veces seguidas en la guerra de Irak como un miembro de los elitistas Navy Seals) acabaría cayendo abatido por las balas de un marine en un campo de tiro de Texas. Curioso para un héroe.

Una pega: por favor, señor Eastwood, búsquese a un bebé para hacer de tal y ahórrese muñecos.

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