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El infarto también es cosa de mujeres

Las enfermedades cardiovasculares matan en Tarragona a más mujeres que los tumores, pero aún se perciben como cosa de hombres. Estas son las claves que las hacen vulnerables

Norián Muñoz

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El infarto también es cosa de mujeres

El infarto también es cosa de mujeres

Piense en una enfermedad potencialmente grave para las mujeres... Es más que probable que lo primero que se le venga a la cabeza sea el cáncer de mama. Pero atención, tal vez lo que no tenga presente es que las enfermedades cardiovasculares matan a más mujeres que los tumores.

En la provincia de Tarragona se confirma la tendencia. Aquí fallecieron en 2014(el último dato disponible) 959 mujeres por enfermedades cardiovasculares, frente a 923 hombres. Ese mismo año hubo 650 fallecidas por tumores.

Pero entonces, ¿por qué en el imaginario colectivo los problemas cardiovasculares siguen apareciendo como cosa de hombres? Haga una prueba: busque en Google imágenes para la palabra infarto. Verá cómo la abrumadora mayoría corresponden a hombres.

El doctor José Luis Palma, vicepresidente de la Fundación Española del Corazón, apunta que deberíamos comenzar a despedirnos «de esa leyenda urbana». Explica que el riesgo para las mujeres se eleva especialmente después de la menopausia, porque ya no se cuenta con la acción del estrógeno, una hormona que parece tener un efecto protector sobre el corazón y las arterias.

Además, reconoce Palma, la evolución de las mujeres, especialmente en el caso de los infartos, suele ser peor que la de los hombres, aunque las causas todavía no están del todo claras. El promedio de hombres que mueren de infarto entre los 35 y 74 años es del 46%, la mayoría de ellos en las primeras horas o durante el primer mes después del infarto. En las mujeres es más alto y se eleva hasta el 53%.

Uno de los motivos sería una forma diferente de percibir los síntomas, especialmente el dolor. El dolor intenso y la sensación inminente de muerte son uno de los síntomas del infarto. No obstante, ese dolor puede ser percibido de una forma más atenuada por las mujeres mayores o las que padecen diabetes.

Además, también juega en contra de las mujeres la escasa percepción social del riesgo, lo cual las pone en desventaja a la hora de identificar la gravedad de lo que les está pasando. Estos factores pueden hacer que se retrase el momento de pedir ayuda o que el médico tarde más en hacer un diagnóstico.

Reconoce el especialista que, en lo que se refiere a la investigación, hasta hace unas dos décadas, inexplicablemente, sólo se estudiaba a pacientes hombres, un error que, apunta, ya no se comete en los estudios recientes.

La influencia de la Luna

Justamente un estudio presentado hace unas semanas en el Congreso de Enfermedades Cardiovasculares en Zaragoza encontró cierta relación entre las fases de la luna y la incidencia de infartos en las mujeres, algo que, a priori, no sucedería con los hombres. Los investigadores advierten que los resultados no son concluyentes (se estudió a 324 pacientes de León), pero sí les llamó la atención que durante la luna nueva y llena aumentaba el porcentaje de mujeres que precisaban asistencia cardiológica. De hecho, en otros aspectos, como los partos, ya se ha demostrado una correlación entre las fases lunares y los alumbramientos.

Palma considera que aún hay que ser cautos y apunta que ya hay factores externos que se ha demostrado aumentan el porcentaje de infartos, como las guerras o las catástrofes naturales.

Lo importante, recuerda, es estar atentos a los factores de riesgo que sí se pueden controlar, como la diabetes, la obesidad y la tensión arterial. «Después de los 65 años 2 de cada 3 mujeres son hipertensas», señala.

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