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El litoral de Tarragona, una pista de 'running'

El auge del 'running' ha llegado al litoral de Tarragona: el recorrido entre las playas del Miracle y la Arrabassada (y viceversa) se llena cada día de corredores. Es idóneo para entrenar por sus subidas y bajadas

Javier Díaz Plaza

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Un  joven correpor el paseo de L´Escullera Fotos: lluís milián

Un joven correpor el paseo de L´Escullera Fotos: lluís milián

La brisa marina disimula el calor y hace más llevadero el cansancio. Sobre todo para los que corren a media mañana o por la tarde, cuando el sol todavía cae a plomo. Mal momento para salir a hacer ejercicio, pero la única opción para los que no están de vacaciones y se deben a un horario laboral. Aquellos que se calzan las zapatillas a primera hora de la mañana o cuando asoma el anochecer se ahorran el sofoco.

Sean madrugadores o aspirantes a que les dé una insolación, los runners de Tarragona se dejan ver cada vez más por el paseo marítimo. Por el tramo que conecta las playas del Miracle y la Arrabassada. Si calculamos la distancia desde el puerto deportivo hasta el antiguo preventorio de la Savinosa, se pegan tres kilómetros y medio de ida y otros tantos de vuelta. Correcto para principiantes y aquellos que se conforman con mantener la línea.

«Correr al lado del mar sin tener un solo cruce hace que sea un entorno deseado, con vistas únicas y donde se vive ambiente running cruzando con más corredores a cada momento. Es un sitio especial en verano y en cualquier época del año, correr al lado del mar es increíble y muy agradable. Ayuda a divertirte más mientras corres», comenta Juanan Fernández, atleta y fundador de Running Solutions, empresa que organiza carreras populares por toda la provincia.

Precisamente, este circuito ‘interplayas’, sea en un sentido u otro, sirve de entrenamiento a los que preparan esta pruebas. «Es un recorrido apto para todos, pues es fácil, cómodo, de asfalto y por la ciudad. Es un entorno único», afirma Fernández.

Factible, pero con continúas subidas y bajadas. Una suerte de rompepiernas para los menos avezados. «No existe desnivel apenas, es fácil a excepción de la subida del Fortí de la Reina en sentido Arrabassada. Es idóneo y muy divertido para entrenar», apunta Fernández.

La subida del Fortí es un murete para los amateurs. Y encima en curva. Hay que apretar los dientes. Luego aligera con una zigzagueante bajada por el paseo Rafael Casanovas hasta la playa. Se puede uno relajar y disfrutar del paisaje. Las piernas casi van solas y hay solicitados tramos donde los árboles dan una tregua en forma de sombra. La pega son los baches y baldosas rotas que hay que sortear para no tropezar. El Ayuntamiento ha anunciado que va a mejorar ese tramo y va a unir el faro y la Arrabassada con un carril de running y otro de bicicletas. Bien. Pero eso supondrá la pérdida de plazas de aparcamiento, tan escasas en la ciudad.

‘El paisaje es entretenido’

Octavi hace este recorrido pero en sentido inverso, en dirección a la playa del Miracle. «Corro desde hace años, pero sólo en verano y Navidad. Juego a baloncesto y en invierno tengo suficiente con los entrenamientos. Salgo cuatro días a la semana y me gusta este circuito porque como no es recto y tiene continuas subidas y bajadas te obliga a trabajar más las piernas. Además, correr al lado del mar siempre es agradecido y te pones moreno. El paisaje es bonito y entretenido», dice.

Tanto, que hay que ser sacrificado y disciplinado para resistir a las tentaciones que surgen a medida que vas quemando suela. «Aveces me dan ganas de parar y darme un chapuzón en el agua o tomarme una cerveza en la terraza de un chiringuito. Se está mejor tomando el sol que corriendo, pero si se quiere estar en forma no queda otra», sostiene Carlos, que corre entre las dos playas desde hace unos ocho años: «Aparte de que me parece un recorrido perfecto para los que practicamos deporte de manera ocasional, me pilla muy cerca de casa».

«Me gusta correr por allí porque me relaja ver el mar y se hace más ameno. Además, no es totalmente plano y hace que el recorrido sea más variado», indica Laura, runner principiante que cada vez incorpora más metros a su entrenamiento.

Indicado cada 250 metros

Los fines de semana es cuando hay más corredores. Es un deporte al alza, de moda, y las aceras están concurridas. «Los sábados y domingos suelo hacer variaciones dentro del circuito. Salgo de la Arrabassada y me desvío por el puente que da a la calle del Mercadona, subo y en vez de bajar por el Fortí paso por una calle paralela. Normalmente llego hasta el puerto deportivo y doy la vuelta, pero a veces voy hasta el Far de la Banya», comenta Octavi.

Ese tramo extra, por territorio del Port, es otro de los más frecuentados por los corredores tarraconenses. Desde el puerto deportivo hasta el Far de la Banya hay aproximadamente tres kilómetros y medio. Y hasta el final, cerca ya del pantalán, hay otro kilómetro y medio. Es un trazado completamente llano y perfectamente señalizado cada 250 metros. El carrill de running está diferenciado del de bicicletas. Es un lugar tan asequible y cómodo para los menos atléticos como aburrido. Sus interminables rectas son una losa cuando la fatiga acecha. Una alfombra de asfalto demasiado larga.

«Según las fuerzas con las que me levante y la hora a la que salga, tiro hacia la Arrabassada o hacia el faro. Voy combinando. El recorrido del faro es más sencillo, ideal para esos días en los que no te apetece mucho correr o notas las piernas más cansadas. Casi siempre me doy la vuelta en el kilómetro dos y medio. El que va por las dos playas es más exigente», sostiene Javier.

«Las vistas en ambos sitios son muy bonitas. Te permiten olvidarte un poco del cansancio», añade Edgar. Sabe bien lo que es ir de punta a punta, pues allí entrenó durante meses para preparar su primer medio maratón. «Para hacer más kilómetros iba después hasta el Club de Remo, junto al río Francolí», recuerda.

Paco se ha subido al carro del running hace apenas medio año. Se estrenó en llano, por el paseo de L’Escullera, y tras descubrir la subida del Fortí de la Reina, ahora va de una playa a otra casi como una rutina. «Al no haber cruces, es un itinerario que se puede hacer del tirón. Lo peor es que cuando sopla el viento respiras el carbón que tienen amontonado en el puerto», concluye.

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