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El paraíso que rodea el Río Brugent

Un lugar recóndito, oculto entre las montañas de Prades, que alberga paisajes de ensueño. Hay desde aguas que emanan del suelo hasta cuevas que son todo un espectáculo en sí

Sonia Fenoy García

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Uno de los saltos de agua que forma el curso del río Brugent

Uno de los saltos de agua que forma el curso del río Brugent

El río Brugent se encuentra rodeado por unos maravillosos parajes naturales, y circundado, a su vez, por cuatro pueblos –Capafonts, La Riba, Farena y Vinatell– cuya arquitectura recuerda a fortalezas medievalista. Al recorrer sus páramos nos traslademos a un mundo de cuento, cuyas vistas impactan, sin lugar a duda, a aquellos que deciden aventurarse por el lugar. 

Alberga espacios recónditos e increíbles de imaginar,  y aunque puede que se trate de uno de los lugares que pasan más desapercibidos de la zona por su anonimato, desprende una magia que es indescriptible, según afirman algunos turistas.

Con una longitud de 18 kilómetros, el río Brugent aparte de ser el primer afluente que desemboca en el Ter, concretamente en su curso bajo, destaca por su aportación hídrica, que es una de las más importantes de la región. Su nacimiento se sitúa en el municipio de Capafonts, lugar en el que se encuentran censadas un total de 53 fuentes, aunque su origen se halla en la Font de la Llúdriga. 

Un lugar fascinante que parece haber surgido de un cuento 

De esta fuente, el agua emana a ras de suelo entre una vegetación exuberante de pinos, álamos y encinas que dan color y forma a la cabecera del río de la Horta. Descendiendo por su curso, detectamos el sonido de los continuos saltos de agua y apreciamos unas pequeñas balsas naturales en la zona conocida como Les Tosques, para llegar finalmente a la confluencia con el barranco de Ribatell y el barranco de la Tarrascona, donde se forma el río Brugent. 

La fuerza del agua, presente en toda la zona, ha ido moldeando la orografía del lugar, sin prisa pero sin pausa, generando formas espectaculares en este abrupto terreno. Prueba de ello es el barranco de la Pixera, un salto de agua con la peculiaridad de que cuando sopla el Mestral, el agua se levanta formando una cortina. Esta fuerza se ha hecho sentir a lo largo de la historia ya que antiguamente movía los engranajes de una treintena de molinos hidráulicos. 

El valle del río Brugent se ha convertido, actualmente, en espacio de interés natural. Rodeado por un conjunto de sierras de lo más llamativas, entre las que destaca la Serra del Bosc, en el norte, el entorno del río presenta un sendero pedregoso en la mayor parte de sus tramos. Motivo por el cual los espontáneos que han ido recomiendan llevar un calzado adecuado. «Vale la pena por las vistas, pero recomendaría que llevaran unas cómodas zapatillas deportivas, no hagan como nosotros», aseguraba uno de ellos que iba con  zapatos de calle. 

Cerca  de la  Font de la Llúdriga, al fondo del barranco de la fuente Nova, encontramos  la cueva de les Gralles. Con  15 metros de profundidad, y un salto en la parte superior de unos 60 metros, se trata de una de las cuevas más impresionantes de la zona . Un  espectáculo digno de admirar es el que ofrece después de llover, cuando se forma una cascada con forma de cola de caballo, que puede ser divisada desde diferentes puntos.

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