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El síndrome de bosque vacío, la extinción silenciosa

Son ecosistemas en los que todos sus ejemplares son adultos, sin árboles jóvenes y con ausencia de otras formas de vida

Cristina Yuste

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Los biólogos alertan del colapso del ciclo natural de la regeneración de algunos bosques. FOTO: Pixabay

Los biólogos alertan del colapso del ciclo natural de la regeneración de algunos bosques. FOTO: Pixabay

Un bosque en el que todos sus ejemplares son adultos, en el que no hay árboles jóvenes, en el que faltan otras formas de vida o éstas tienen poblaciones anormalmente bajas son ecosistemas que esconden la más silenciosa de las extinciones, el llamado «síndrome de bosque vacío».

Son «bosques de muertos vivientes», como los han bautizado los biólogos, lugares donde está «colapsado» el ciclo natural de la regeneración de una determinada especie porque se ha perdido la interacción con otros seres vivos necesaria para que ésta tenga lugar. Y es que las interacciones de beneficio mutuo entre seres vivos conforman «redes mutualistas» en la naturaleza que cuando se rompen por la ausencia o la disminución de alguno de ellos provocan esta silenciosa muerte conocida como el «síndrome de bosque vacío».

Son «bosques con plantas, pero sin animales, condenados a degradarse y desaparecer en un futuro inmediato víctimas de esa falta de seres vivos que cumplen en ellos funciones ecológicas fundamentales», explicó Pedro Jordano, investigador de la Estación Biológica de Doñana. De hecho, en bosques defaunados «se ha documentado la pérdida de hasta tres cuartas partes de su potencial de almacenamiento de carbono», es decir, «los árboles siguen ahí, pero no sus funciones ecosistémicas», señaló.

«No existe ni una sola especie en todo el planeta que viva sola, sin interrelacionarse con otras especies», aseguró Jordano; es el caso del depredador y la presa o del parásito y el huésped, todos ellos conforman «la arquitectura de la biodiversidad».
Por eso, para este biólogo «se deben tener en cuenta las relaciones ecológicas o la diversidad de interacción cuando se aborda la pérdida de biodiversidad de un ecosistema». Porque, si bien hay hábitats que persisten de manera adecuada aunque se pierdan determinadas especies, en otros casos «esas especies son fundamentales para el correcto funcionamiento del ecosistema, que sin ellas colapsa por completo».

En el caso de las aves, aunque la mayor parte de ellas son insectívoras, existen las frugívoras, que se alimentan de frutos carnosos, flores, néctar, polen o tubérculos, y que «son las responsables de diseminar las semillas», explicó Jordano.
«Son las jardineras del bosque y sin ellas colapsaría por completo la regeneración natural de muchos de ellos, como los bosques tropicales», aunque también en el bosque mediterráneo entre un 50 y un 70 por ciento de las especies leñosas producen frutos carnosos y dependen de la diseminación por animales frugívoros.

Y cualquier factor que intervenga en la pérdida de la funcionalidad ecológica de las especies, ya sea por su extinción o porque su densidad sea residual, pone en riesgo ese equilibrio; «los lobos están en Sierra Morena, pero no ejercen una función ecológica en ese ecosistema», señaló el experto. Jordano se refirió a la alteración del hábitat de las especies frugívoras, que necesitan áreas grandes de campeo; «si se fragmenta el bosque, esas especies no podrán subsistir y con ellas el propio bosque».

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