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El verano conspira contra los dientes

Desde los helados hasta el cloro de las piscinas, el cambio de hábitos en vacaciones pasa factura a la boca

Diari de Tarragona

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Los alimentos fríos aumentan la sensibilidad. Foto: pixabay

Los alimentos fríos aumentan la sensibilidad. Foto: pixabay

Comidas fuera de casa, cambios de alimentación, viajes, relajación de las rutinas... Son cambios de hábitos frecuentes en verano pero que pueden pasar factura a la salud de los dientes y aumentar la aparición de problemas como las caries y la erosión dental.

De hecho la caries es una de las enfermedades más comunes entre los españoles, en concreto, cerca del 95% de la población la padece, según la última encuesta de Salud Oral en España del Consejo de Dentistas. «Las caries y la erosión dental suelen generarse por el consumo excesivo de bebidas carbonatadas o azucaradas, la ingesta de dulces, una higiene bucodental deficiente y, en algunas ocasiones, por el cloro de las piscinas», explica Patricia Zubeldia, odontóloga responsable de la Dirección Asistencial de Sanitas Dental.

Otro problema frecuente derivado del consumo de alimentos y bebidas frías es la aparición o el empeoramiento de la sensibilidad dental, que causa  una sensación molesta e incluso dolorosa, intensa y breve tras la toma de este tipo de productos.

Se recomienda un cepillado después del baño en la piscina

Es por ello que  ofrece algunas recomendaciones como hidratarse, porque  la boca seca facilita el desarrollo de bacterias. Hay que beber como mínimo dos litros de agua al día para mantener la boca húmeda.

Además aconseja limitar el consumo de bebidas energéticas, helados o granizados y reducir el consumo de café, alcohol y tabaco. En concreto, el café favorece la coloración de los dientes y aparición de manchas, mientras que el tabaco y el alcohol afectan más a las encías.

También  se recomienda evitar cambios bruscos de temperatura en la boca, porque el exceso de bebidas y alimentos fríos puede conllevar una alteración del esmalte dental y, por consiguiente, provocar sensibilidad en los dientes.

Además es crucial mantener rutinas de higiene bucodental: para evitar el riesgo de estas enfermedades es recomendable llevar un mini kit formado por cepillo y pasta dentífrica para cepillar los dientes después de cada comida. Además, también es recomendable usar enjuagues fluorados y seda dental.

El ‘sarro del nadador’

Pero no sólo los alimentos pueden afectar al esmalte bucal, también el agua de las piscinas, que está tratada con productos químicos para evitar la proliferación de microorganismos, puede ocasionar daños.

De hecho los nadadores profesionales, que suelen pasar más de seis horas semanales en la piscina, tienen un mayor riesgo de sufrir problemas en su salud bucodental, ya que se exponen de manera continuada al agua tratada con cloro. 

«Los componentes químicos del agua hacen que las proteínas salivales se descompongan de una manera más acelerada de lo habitual, provocando que se incrementen los depósitos orgánicos en los dientes del nadador. Las bacterias se adhieren con más facilidad y se transforman en placa bacteriana, que se mineraliza y se convierte en sarro, que se ve, sobre todo, en los dientes frontales con manchas amarillentas o marrones», comenta Zubeldia. Esto se conoce como el ‘sarro del nadador’.

El sarro, además de ser un problema estético, puede provocar inflamación de encías (gingivitis), mal aliento (halitosis), caries o periodontitis. 

No obstante aclara la especialista que en los usuarios eventuales de piscinas no hay tanto riego del daño del esmalte, pero sí que recomienda cepillarse los dientes con pasta dental fluorada después del baño. 

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