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Naltros Ecosistemas

Entre viejas joyas

Una vieja radio de no sé qué año me invita a pasearme por el Mercat d'Antiquaris i Brocanters de Reus. Aquel lugar donde conviven miles de pequeñas joyas

Mònica Just

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El Mercat d’Antiquaris i Brocanters de Reus se celebra cada sábado. Foto: Alba Mariné

El Mercat d’Antiquaris i Brocanters de Reus se celebra cada sábado. Foto: Alba Mariné

Siempre pasaba de largo. Sabía que era un mercadillo distinto. De objetos curiosos, antigüedades, y tal. A mí nunca me había llamado la atención. Pero hoy me lo tomo con calma y decido recorrer aquel tramo de paseo. Insisto. No entiendo de antigüedades. Ni me gustan especialmente. Pero pasear por las paradas que se instalan cada sábado entre el paseo Sunyer y el Prim de Reus es toda una experiencia.

Lo que me invita a entrar es una vieja radio de no sé qué año. Suena fuerte. Pero con muchas interferencias. Cuesta de entender lo que dice. Bueno, más que costar, me doy cuenta de que no puedo descifrar absolutamente nada. Me voy acercando. Solo es ruido. Pero quiero ver la radio. Es peculiar. De madera. Muy vieja. Está bien cuidada y tiene un aire vintage que me gusta. El paradista la coloca bien, en su sitio, mientras de reojo mira el cielo amenazador. Como tenga que correr, le va a ser difícil recoger todo esto.

Me llama la atención una revista de 1986. En portada, Harrison Ford

Hay pequeñas joyas. Una enorme báscula que seguro que tiene más de un siglo de historia. Candelabros que en su día debían lucir en los salones más elegantes. Lámparas.  Relojes. Utensilios de cocina. Cuchillos. Herramientas del campo. Y mil cosas más. 

¿Quién debió estrenar estos objetos? ¿Cuál es su historia? Recordaba lo que me comentó hace poco una amiga, a quien le gusta pasear de vez en cuando por este pequeño mercadillo. Como ella –y hoy, como yo- veo grupos de turistas preguntando y mirando. Curioseando. O regateando.

Paradas de libros y más libros. Y de revistas. Veo una cara en una portada que me resulta familiar. ¡Anda! ¡Pero si es Harrison Ford! Un joven y atractivo actor en sus años de esplendor. Miro la fecha. Revista Chicas. Mayo de 1986. «Declaraciones explosivas de Harrison Ford», anuncia la portada.

Rosa López también está en el mercado de antigüedades de Reus. Al lado de los candelabros, los mecheros, las llaves y los llaveros

Voy paseando y me entra cierta nostalgia. Veo una máquina de coser como la que tenían mis abuelos. De pequeña me gustaba jugar con ella y con su gran pedal de hierro. También era un campo de batalla, un escenario ideal para las historias que montaba con mis pequeños muñecos. Y luego veo un horno de leña. También de los de antes. De los que había en la casa del pueblo. Me acecha la nostalgia. Así que vuelvo a las revistas y los discos. 

¿Dos discos de Rosa de España? ¿Será cierto? Me acerco un poco más. Y sí. Rosa López ya está en el mercado de antigüedades de Reus. Al lado de los candelabros, los mecheros, las llaves y los llaveros. Es graciosa la combinación. Aunque no está sola. Veo un CD de los Lunnis y otro donde leo ‘Cançons de Nadal’. A su lado, cajas llenas de discos de vinilo. Y algún coleccionista que trata de dar con lo que encaja en su colección. Monedas, o las tan buscadas chapas de cava.

Este mercadillo es un lugar ideal para los amantes del coleccionismo

Cámaras de fotos. Bolígrafos. Y muñecas colgadas de ganchos como si fueran chorizos. La imagen me revuelve un poco. Es muy raro esto. Sigo caminando. No pensaba que encontraría tantas cosas. Me fijo en una señora. Lleva una carpeta azul. Y se detiene en una parada. Abre la carpeta y se acerca a las monedas. Es coleccionista y este es un lugar ideal.

¡Cuántos pins! ¿Qué ha pasado con los pins? Recuerdo que, cuando era pequeña, tener pins chulos era lo más. Había concursos de dibujo para poder ser el autor del pin de tu pueblo. Te daban en las ferias, los clubes deportivos... Dónde andarán, pobres. Ahora solo los veo en la solapa de algún político que quiere lucir la insignia de su partido. Nada más.

¡Alerta! Otra antigüedad. ¿Una cabina telefónica?. Vale. Sé que se llama Mercat d’Antiquaris i Brocanters. Que no todo tiene que tener más de un siglo. Pero estar paseando y ver la cabina telefónica que hasta hace poco estaba en su sitio, en la calle –aunque sin usarse– al lado de objetos de hace más de un siglo, a una le llama la atención.

Me encuentro un cartel de la programación del Teatre Fortuny del año 1964

Llevo un rato y decido pasar por las últimas paradas. Alguien ha puesto música para ambientar toda la zona. Esta vez sí se puede descifrar. La canción me suena. ‘Aire’, de Mecano. La tarareo, ojeando otra revista. Uy, no es una revista. Es algo más oficial. Leo: «Hojas de la cámara oficial de la propiedad urbana de la comarca de Reus. Sumario de enero a junio de 1945». Es un poco espeso. Así que dirijo la mirada hacia otro lado. Programación del Fortuny. De 1964. Y una gran foto de Carlos Larrañaga.

Me distrae una conversación entre cliente y vendedor. Hablan de la flora intestinal. De los yogures bio. Ha llegado el momento de irme. No ha estado mal. Quizás algún día vuelva a este rincón de pasado.

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