Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Evelí Adam, alma de madera

El escultor y pintor de Campdevànol presenta su obra en Tarragona
Whatsapp

Me he emocionado por todos estos animales y lo que me estás contando. Tengo ganas de llorar'. Estas palabras se las dijo Mireia, una niña de cinco años a Evelí Adam, mientras él permanecía arrodillado junto a una de sus creaciones, la Hidra. «Esto me lo dice todo. Estoy orgulloso y por ello esta escultura tiene para mí mucho sentimiento», comenta el pintor y escultor.


El Tinglado 1 del Moll de Costa de Tarragona acoge hasta el 26 de noviembre la exposición de este artista de Campdevànol, en el Ripollès, quien presenta una colección de 160 obras que son un tributo a la naturaleza, llegadas del bosque, muchas de ellas de robles de 1.800 y 1.900 metros de altitud, del Puigmal. Todos los nombres de las raíces y troncos están inspirados en la mitología catalana, por lo que cada pieza tiene detrás una leyenda. 


Es la primera vez que este carpintero de profesión expone en Tarragona y la segunda que su tema raíces se muestra al público. «Es una satisfacción venir aquí porque disfruto, es como si tuviera un don y que Dios me ha ayudado. Además, desde esta sala puedo observar el mar».


Un toro, una bailarina, un cocodrilo que llora por efecto de la resina, un dragón o un león son algunas de sus 38 creaciones inspiradas en el tema de raíces. Se trata de obras elaboradas con sentimiento y un profundo respeto hacia el medio ambiente. «Voy paseando por el bosque y observando la naturaleza. Entonces detecto una pieza a la que ya, de entrada, le veo un encanto. Aunque a veces me imagino una figura y el resultado final es otro distinto. Cuando la limpias y la rascas es cuando te queda el alma, cuando transmite otra cosa», comenta Adam. Hace hincapié en la pieza Contemplant. Explica que «La salvé. Me la encontré al lado del río. Y ahora es una pieza viva, aunque también tiene una parte muerta». Adam reivindica que «en lugar de quemarla o que se marchara río abajo, ahora está protegida».


Para trabajar, este ripollense se fabrica algunas de sus propias herramientas, para «poder llegar al corazón de la madera». Y lo compara con una persona cuando muere, en la que «a lo largo de los años queda el esqueleto. Lo mismo que queda aquí. Queda el corazón de la madera, lo más fuerte, la resina». Adam aboga por la vertiente pedagógica y didáctica de su obra e invita a las familias que van a disfrutar de la montaña a que cojan  una piedra, una raíz, a que la saboreen y que traten de descubrir qué les transmite, «en lugar de apartarlas de una patada. Lo que desaparecería al cabo de unos años, pudriéndose, sufriendo, puede lucir encima de la mesa del comedor, acogida en todo el entorno del hogar», defiende.


Al mismo tiempo, reivindica el papel de los niños y los abuelos en la sociedad, esos que tan olvidados están a veces. «Yo he crecido y me han formado, pero siempre he creído mucho en los abuelos. Ahora veo cómo vienen los abuelos, que son históricos, con unos ojos brillantes que escuchan, y yo les escucho. Pero a pesar de toda mi sabiduría y mi formación al lado de mi padre, hay cosas que yo no sé y les estoy muy agradecido porque ellos me acaban de formar, algo que es muy importante para mí. Toda la vida los he apoyado. Los abuelos se tienen que apoyar».


Entre los materiales reutilizados, Adam trabaja con puertas de antiguas masías y se pregunta ¿Cuánta gente habrá pisado estas maderas a lo largo de los años? Son materiales que «se van convirtiendo en nuevas piezas que, aunque sean viejas pueden ser bellas. Ya no hacen la función de cerrar el hogar, sino que son las aperturas al mundo y al arte».


Adam expuso por primera vez en 2011 en su Campdevànol natal sus pinturas. Desde entonces ha pasado por diferentes ciudades españolas y fuera del país, por París y Londres, donde ha recibido premios en más de una ocasión. «Toda mi vida he trabajado y cuando empecé a viajar, cuando salí del pueblo, fui a Estados Unidos, al Cañón del Colorado, con sus acantilados, las rocas... Fui a Kenia y Tanzania, donde conviví con los Masái y en estos lugares me inspiré para mis pinturas. También en el fondo marino, ya que he estado 33 años navegando por la Costa Brava». La muestra también recoge las colecciones ‘La Força del Vent’, ‘La Força del Foc’ y tema paisajístico. Una parte la realiza sobre una base de madera con volumen que se consigue con una técnica inventada por él mismo. Parte de restos de serrín y virutas, elaborando una masa que le aporta unas características moldeables con las manos, para conseguir diferentes texturas, volúmenes y colores tan naturales como la misma tierra. 

Temas

Comentarios

Lea También