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Francesc Cerro: 'Hacer lo que amo no es trabajar'

Entrevista al director teatral
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El director reusense cree en la función educativa de la cultura.  Foto: Alba Mariné

El director reusense cree en la función educativa de la cultura. Foto: Alba Mariné

- ¿Aprovecha el verano para descansar y buscar inspiración o trabaja en festivales, obras, etc?

- Normalmente no dejo de escribir, leer y traducir lo máximo posible relacionado con mi trabajo.

 

- Si tuviera que escoger, ¿con qué se quedaría, mar o montaña?

- Depende… Me gusta mucho la montaña, por ejemplo la Serra del Montsant, la Mussara, la Vall d’Aran… Pero también me gusta la playa siempre que sea de octubre hasta abril. Las masificaciones del verano me apartan de la playa y me acercan a la montaña. También influye el hecho de que me guste practicar el surf. Estás mucho más tranquilo cuanta menos gente haya.

 

- Reivindica mucho a los clásicos como Shakespeare, Dostoievski o Joyce. ¿Cuál es el motivo?

- Porque los clásicos son los más contemporáneos. No podemos confundir la ‘modernidad’ con lo ‘moderno’. La modernidad son esos elementos que vivimos actualmente pero que se convertirán en un clásico en un tiempo. El amor, la guerra, la injusticia… Ha sido, es y será. Shakespeare ya escribió sobre ello y todavía nadie le ha superado.

 

- ¿Y no es preocupante que todavía hoy nadie haya superado a Shakespeare?

- Por supuesto. Si nosotros que tenemos todo ese conocimiento en la palma de nuestra mano que ellos no podían ni soñar y no lo hemos logrado significa que tenemos un problema muy grave. Existe un analfabetismo generalizado preocupante. ¿Cómo vamos a ser mejores que Shakespeare sin tan siquiera leer? Tampoco veo mucha ansia por ‘saber’. La gente se centra en lo suyo y ya.

 

- ¿A qué edad empezó a leer a estos autores?

- Desde muy pequeño gracias a un tío mío que me inició en el teatro. Supongo que el hecho de que en casa estuvieran todos los clásicos también influyó, claro.

 

- Pensando en un chico de hoy en día que quiera iniciarse en la lectura de estos clásicos, ¿cuál le recomendaría?

- Shakespeare, sin duda. Es teatro y además tiene un volumen de páginas accesible a todo el mundo. No se trata de un Quijote de 1.700 páginas. Lo bueno de Shakespeare es que cuando lees a alguno de sus personajes, rápidamente lo identificas con alguien a quien conoces, y eso te acerca a la historia.

 

- ¿Debe adaptarse este tipo de cultura para hacerla más sencilla a las nuevas generaciones o es un error?

- Creo que dar por sentado que un adolescente de 16 o 17 años es alguien inocente, que no se entera… es injusto. A muchos de ellos se les puede tratar como adultos y pueden ver cosas en Shakespeare que un ‘adulto’ de 40 años no verá. Se trata de la madurez de cada uno.

 

- Pero en una sociedad como la actual, que vive en el continuo sprint, ¿existe el espacio para la pausa y reflexión que exige una obra teatral, un libro?

  - Tiempo hay siempre que uno quiera tenerlo. Es cuestión de saber administrarlo. Es verdad que vivimos en una sociedad que lleva un cohete en el culo; se trata de saber cuándo hay que bajarle la velocidad. Yo voy todo el día de un lado para el otro pero tengo mis momentos que no son negociables y es, precisamente, gracias a ellos que después puedo hacer bien lo que hago. Necesitas esos momentos de reflexión.

 

- ¿Y para tener esos momentos, es necesario que sea verano?

- Desde el punto de vista laboral, sí. Pero yo soy autónomo y no sé qué son las vacaciones y espero que siga así por mucho tiempo, dado que hago lo que amo y para mí, eso no es trabajar. Soy un afortunado por hacer lo que me gusta, el teatro.

 

- ¿Cree que el teatro prueba realmente quiénes son grandes actores?

- Es una prueba de fuego para demostrar quién cree en la profesión y quién no. Quiénes son capaces de llegar al público y los que no. Y puede que a alguien que se le dé mal el teatro sea un gran actor de cine, una cosa no quita la otra. Pero el teatro es diferente.

 

- No hemos hablado de música ¿También es usted un clásico en esto?

- Me gusta de todo; bueno, miento, el reggaetón lo odio. El resto, mientras sea buena música y exista un trabajo detrás, me gusta. Al final, eso sí, ‘tiro’ para los clásicos, como no podía ser de otra manera. Si uno tiene una esencia, para qué negarla.

 

- ¿Cómo sería un día perfecto de verano para usted?

- Sería un día en que pasásemos por toda la paleta de tiempo meteorológico. De sol a lluvia. Siento predilección por las tormentas y, de hecho, mi mujer sabe que me encantaría que se inventase una máquina para poder provocarlas. Por ejemplo, si veo que caen relámpagos en la Mussara, cojo el coche y para allá que me voy. Esas cosas me conectan con la naturaleza.

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