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Gironell: «Liz Taylor hizo llevar a Londres unos canelones desde Los Angeles»

Entrevista
El escritor de Besalú traslada al lector con su última obra ‘La fuerza de un destino’ a la época dorada de Hollywood

Gloria Aznar

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El escritor Martí Gironell (Besalú, Girona, 1971) adentra al lector con su última novela La fuerza de un destino, en el Hollywood dorado de los años 50 a través de un personaje real Ceferino Carrión, que se convirtió en Jean Leon, un inmigrante español que huyó del franquismo y fue el confidente de las estrellas de la meca del cine.

Gironell tiene una larga trayectoria como novelista y entre sus obras se encuentran las conocidas El puente de los judíos, La venganza del bandolero o El arqueólogo. Esta semana pasó por Tarragona para presentar su último trabajo.

¿Cómo un personaje como Jean Leon ha pasado desapercibido hasta ahora?
Yo tuve conocimiento hace tres años, en una charla de escritores sobre la adaptación literaria. De pronto nos pusieron una botella de Jean Leon y nos dijeron que su historia se podría adaptar a cualquier formato. Cuando nos explicaron quién era Ceferino Carrión miré a mis compañeros de mesa y dije, a ver perdonad, ¿nadie quiere esta historia? 

¿El trabajo de documentación ha sido arduo?
Empecé al día siguiente a documentarme y a hablar con gente que me pudiera dar su perfil, entre ellos su hermana, que está viva en Barcelona, el enólogo, Jaume Rovira o su hijo.

Tenía que ir con pies de plomo porque estás hablando de Sinatra, James Dean,  Paul Newman, Marilyn Monroe, Kennedy, Reagan... muy conocidos pero hay detalles de sus biografías que a la gente se le escapan y son estos detalles, a partir del protagonista, los que puedes estirar para vestir una ficción con muchos visos de realidad. 

No aclara qué es real y qué no.
No. No lo he hecho porque precisamente estamos en este registro del cine, de los sueños, de las ilusiones, de Hollywood. Que cada uno se monte su película.

¿La conversación entre Ava Gardner y Frank Sinatra en el taxi es real?
Viendo el reportaje de Agustí Vila en que su amigo taxista dice «cuando trabajábamos en Hollywood a lo largo del día a nuestro taxi podían haber subido diez o doce grandes estrellas».

Entonces yo me imagino, ¿y por qué no sube Frank Sinatra y pasa algo? Todo está imaginado pero la información de la conversación es real y está extraída de la biografía de Ava Gardner.

¿Qué más hay de realidad?
Es cierto que Sinatra lo introduce en aquel mundo gracias a su actitud de no delatarlo ante la Justicia cuando con Joe DiMaggio son denunciados por apalear a una pareja al confundirlos con Marilyn Monroe y su amante.

Y va forjando una amistad con aquellos jóvenes actores que serán James Dean, Natalie Wood, Paul Newman, Warren Beatty...

¿Le sirvió la última cena a Marilyn Monroe?
Él lo explica en los días posteriores a su muerte, cuando es entrevistado por los diarios de la época.

Dice que en La Scala tenían un servicio a domicilio y dijo que fue una de las últimas personas que la vio con vida. ¿Una de las últimas? ¿había alguien más? Y aquí sale el escritor para situar a Bob Kennedy.

Servir a domicilio era algo que hacía también con otros actores, pero no se murieron.

Y no eran Marilyn
No. Pero eran Orson Welles, Howard Hughes o Elizabeth Taylor, quien en una ocasión les pidió que le enviaran unos canalones a Londres cuando estaba rodando Cleopatra y esto es real.

Él no tenía nunca un no para sus amigos. Y encontró la manera de enviarlos.

A través de los ojos de Leon se ve la parte más humana de las estrellas de la época, él era su confidente, de La Scala no salía nada que él y el actor o actriz decidieran previamente.

¿Es posible el Sueño Americano hoy en día?
En las circunstancias que él vivió no. Por eso he intentado en la novela pintar un fresco de los años 50 y 60 de que todo estaba por hacer, todo era posible.

Es un momento muy irrepetible. Pero para mí está vigente el mensaje del soñador, del luchador, del emprendedor que tiene un sueño y que lucha para hacerlo realidad.

¿Es el ‘Puedes rondinar pero lo tienes que hacer’? 
La frase la saqué de un libro del siglo XVI o XVII. Resumía mucho esto: te podrás quejar, te podrá costar, pero si realmente es el sueño que persigues, tienes que ir hacia allí.

En este sentido para mí sí que es aplicable a nuestros días. Y por el camino Leon se encuentra con muchas dificultades, entre ellas el vino. Se asesora y le dicen que venga a Catalunya, al Penedès.

Lo hace con un enólogo joven y arrancan las variedades locales y se ponen a la comarca en contra. 

Qué tal el vino?
El que he probado es buenísimo.

¿Todavía se sirve en la Casa Blanca?
Eso no lo sé pero lo que sí está contrastado es que el 20 de enero de 1981 durante las galas de inauguración de la presidencia de Ronald Reagan se sirvió el vino de Jean Leon, que era una promesa que él le había hecho siendo jóvenes.

Y esto también demuestra que esta gente tenía valores. 

Ha obtenido el Ramon Llull y ahora llega Sant Jordi...
Yo trabajo para que la novela guste y es lo que he hecho siempre. Recibí el premio muy contento porque te da un impulso muy importante. 

Es su novela más cercana históricamente hablando
Es cierto. Pero el planteamiento es el mismo. Enamorarse de la historia de alguien, de un personaje que te permita documentarlo y coger del brazo al lector y llevártelo a aquella época.  

¿Es consciente de que estos famosos no les llegan de la misma forma a los jóvenes?
Depende de qué jóvenes. La gente de 20 hacia arriba pueden saber quienes son porque son iconos que han ido pasando de generación en generación. Pero no tiene por qué no poder entrar en la novela, con ganas de querer saber. Son nombres para la historia y para la Historia en mayúsculas, como un Kennedy o un Reagan.

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