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Guerra a la plancha

Marta y Juan son pareja, ambos cuentan 36 años y tienen un pacto no escrito: en su casa no se plancha. Clara, de 34, cuenta orgullosa que ni siquiera tiene el susodicho electrodoméstico... Y no son los únicos que se rebelan

Norián Muñoz

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Foto: Lluís Milián

Foto: Lluís Milián

Dejar la ropa sin arrugas es una de las tareas domésticas que suscita más antipatía, especialmente entre las mujeres, que, seamos claros, son las que se dedican en su mayoría a esta labor. Y no es sólo cosa de percepciones; una encuesta de Metroscopia del año pasado que se basó en 2.500 entrevistas encontró que entre quienes vivían en pareja un 80% de las mujeres decía planchar, mientras el porcentaje de hombres era del 8%.

Aunque atención, desigualdad de género aparte, unas y otros están comenzando a rebelarse. Marta y Juan, pareja, ambos de 36 años, tienen una especie de pacto no escrito: en su casa no se plancha. Sólo hacen excepciones cuando tienen eventos muy especiales, como una boda, y en esos casos cada uno plancha lo suyo. Del resto, procuran comprar ropa que no necesite plancharse o hacen caso omiso a las arrugas.

Clara, de 34 años, vive sola y va más allá: cuenta orgullosa que ella ni siquiera tiene el electrodoméstico porque no piensa utilizarlo.

Y ¿cuál es el argumento para rehuir de la tarea? Todos hablan del tiempo que supone. Alba, de 30 años, casada y madre de dos niñas pequeñas, sí que plancha y explica que cada semana dedica unas tres horas, de un tirón, a la plancha. Eso sí, es la única de los encuestados a la que no le parece una tarea ingrata; al contrario, asegura que le relaja.

Según la encuesta de empleo del tiempo del INE, en el caso de las personas que viven en pareja las mujeres dedican 30 minutos diarios al cuidado de la ropa (lavar, tender, recoger y, cómo no, planchar) y los hombres, uno.

Se trata de un tiempo que en algunos casos ni existe. Carla, de 45 años, también casada y madre de dos adolescentes, apunta que en su caso la montaña de la ropa para planchar es directamente proporcional a las horas extra que se pasa en el trabajo. «Ahora mismo está inescalable», explica, a la par que reconoce que ahora en invierno hace trampas, como planchar sólo el cuello de las camisas de su marido, que es lo que se ve por debajo del jersey. «Si pasa calor se fastidia, es lo que hay», dice.

Ante esta realidad irrefutable no ha faltado quien ha sabido ver el negocio. Jordi Bobé es gerente de Serviplancha, una empresa de Alcover que fue pionera en ofrecer sólo servicio de planchado. Trabajan desde hace 20 años en el Camp de Tarragona; recogen la ropa limpia un día y la entregan planchada al día siguiente.

Bobé explica que sus clientes mayoritarias para este servicio (cerca del 90%) son mujeres pero, paradójicamente, las prendas que dan para planchar no son suyas, sino de sus maridos, sobre todo camisas (las planchan a 1,50€). Se trata especialmente de hombres que trabajan de cara al público y que usan camisas cada día.

El propio Bobé reconoce que es una labor ingrata, especialmente en verano, con el calor, y además es desagradecida y efímera, porque basta con ponerse la prenda para que aparezcan las arrugas.

Y volviendo a quienes se rebelan, sólo será cuestión de tiempo ver si la rebelión anti-plancha cuaja. Por lo pronto, algún personaje público ya se ha apuntado a la tendencia. Es el caso de Carolina Bescansa, cofundadora de Podemos. Sus blusas arrugadas, créanlo o no, han suscitado hasta un artículo en elEconomista.es.

Los polos que no se arrugan

Santi Simón es, junto a Lluís Latorre, uno de los dos fundadores de Batech, una marca de polos técnicos que tiene la peculiaridad de que todos los materiales y el proceso que se emplean son ‘made in Catalunya’.

La marca, que ya tenía 40 puntos de venta, abrió en la Calle Major su primera tienda propia el año pasado y Simón reconoce que de la variedad de prestaciones que tiene el tejido de estos polos, el hecho de no tener que planchar es uno de los argumento de venta más potentes. «La gente quiere usar su tiempo en cosas más importantes».

Otra característica del tejido desarrollado por estos emprendedores es que es antibacteriano, protege de los rayos UV y es transpirable. Además, en los polos de invierno usan una base de cerámica para proteger del frío.

Sus clientes, apunta, tienen, en general, más de 35 años porque es donde hay más poder adquisitivo (los de manga larga rondan los 80 euros). Con todo, vaticina, igual que ha pasado en la ropa deportiva, los consumidores irán a buscar los materiales que les dan las mejores prestaciones. «Y que no se planchan», insiste.

La arruga ya no es bella

El diseñador tarraconense Jordi Represa reconoce que «la plancha ha arruinado el tiempo de varias generaciones», pero cree que eso no hace cierta aquella frase firmada por Adolfo Domínguez que decía que «la arruga es bella».

Cuenta que eso era válido en la época de los 70 y 80, cuando en las prendas había sobrantes de ropa por todas partes; hoy que se usa la ropa más ceñida, ir arrugado sólo es  señal de que no se ha planchado.
Represa reconoce que una de las cosas que preguntan los compradores en su tienda es si las prendas se planchan y si es muy difícil hacerlo. Lo preguntan sobre todo las mujeres, especialmente las madres.
La buena noticia, explica, es que cada vez en la industria hay más tejidos que hacen que apenas haya que tirar de la plancha, especialmente con un porcentaje de elastano. En los trajes la revolución ha venido de la mano de las lanas frías.
Cuenta el diseñador que estos tejidos ya gozan de gran aceptación en la moda femenina que, asegura es como la Fórmula 1, donde  se suelen testar las novedades del sector textil, y ahora esas innovaciones están llegando paulatinamente a la moda infantil y masculina. 
La siguiente revolución, explica, son los nanotubos de carbono, que a la vez servirán de soporte para diferentes dispositivos.

El diseñador tarraconense Jordi Represa reconoce que «la plancha ha arruinado el tiempo de varias generaciones», pero cree que eso no hace cierta aquella frase firmada por Adolfo Domínguez que decía que «la arruga es bella».

Cuenta que eso era válido en la época de los 70 y 80, cuando en las prendas había sobrantes de ropa por todas partes; hoy que se usa la ropa más ceñida, ir arrugado sólo es señal de que no se ha planchado.

Represa reconoce que una de las cosas que preguntan los compradores en su tienda es si las prendas se planchan y si es muy difícil hacerlo. Lo preguntan sobre todo las mujeres, especialmente las madres.

La buena noticia, explica, es que cada vez en la industria hay más tejidos que hacen que apenas haya que tirar de la plancha, especialmente con un porcentaje de elastano. En los trajes la revolución ha venido de la mano de las lanas frías.

Cuenta el diseñador que estos tejidos ya gozan de gran aceptación en la moda femenina que, asegura es como la Fórmula 1, donde se suelen testar las novedades del sector textil, y ahora esas innovaciones están llegando paulatinamente a la moda infantil y masculina.

La siguiente revolución, explica, son los nanotubos de carbono, que a la vez servirán de soporte para diferentes dispositivos.

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