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Homeopatía, ¿medicina o no?

Sus adeptos argumentan su eficacia y alegan que sus productos se ajustan al sistema de farmacovigilancia. Por contra, sus detractores señalan que sus principios chocan con la lógica

Agencias

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Gránulos de medicamentos homeopáticos en sus respectivos envases. Foto: independent

Gránulos de medicamentos homeopáticos en sus respectivos envases. Foto: independent

La homeopatía está definitivamente en entredicho. Desde hace años lo estaba, pero ahora la academia le da la espalda. No obstante, los adeptos a los gránulos disueltos en agua son legión. Ante la hostilidad manifiesta, la Asamblea Nacional de Homeopatía reivindica su eficacia y seguridad, al tiempo que alega que sus productos se ajustan a las normas del sistema de farmacovigilancia.

Los detractores dicen en cambio que la aprobación y registro de los medicamentos homeopáticos, que se regulan por una normativa especial, son consecuencia de las presiones de los ‘lobbies’ ante la UE. El cerco sobre los discípulos de Hahmemann cada vez se estrecha más. Si la Universitat de Barcelona ya tuvo que retirar un máster por «falta de base científica», hace días ha hecho lo mismo la de Valencia, que ofertaba un curso sobre medicina naturista, acupuntura y la materia de la discordia.

El alemán Hahnemann es el padre los principios de la homeopatía, fijados a finales del siglo XVIII. Sus bases teóricas dicen que lo similar cura lo similar. Así, para abordar una enfermedad se ha de recurrir a la misma sustancia que origina sus síntomas, pero disuelta en agua en concentraciones infinitesimales. Quienes se oponen a la homeopatía aseguran que con una proporción tan ridícula de partículas el elemento terapéutico se pierde como una gota de agua en el océano.

Vicente Baos, médico de familia y miembro de la Red de Expertos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) y de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), echa por tierra tales principios. «Chocan completamente con la lógica científica y las bases de la física y la química. Son el fruto de las ideas fantasiosas de un hombre que las formuló hace doscientos años. Todo es absurdo», dice Baos.

Con todo, las terapias alternativas constituyen un apetecible negocio. Según cifras no oficiales, el mercado de la homeopatía puede alcanzar una facturación en España de 25 millones de euros. Y además cada consulta suele costar entre 60 y 80 euros.

Los enemigos de la homeopatía sostienen con chanza que, de acuerdo con este tipo de ‘medicina’, la cafeína, en proporciones insignificantes, tendría que dar sueño.

Parece surrealista, pero para Alberto Sacristán, presidente de la Sociedad Española de Medicina Homeopático, no lo es. Sacristán, que invoca su condición de médico, sostiene que la homeopatía surte efectos positivos «en patologías agudas como gripe, tos, diarrea, crisis de migraña y contusiones, pero también en patologías crónicas o de difícil tratamiento como alergia, dermatitis, asma, afecciones reumáticas o ansiedad». Los homeópatas mantienen incluso que su terapia reduce los efectos adversos de los medicamentos contra el cáncer.

 

Sin evidencias

Sin embargo, la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) afirma que no hay ninguna evidencia de que «el tratamiento con homeopatía, administrado simultáneamente con tratamientos antitumorales aprobados, mejore la eficacia de los tratamientos oncológicos ni la tolerancia a ellos». La SEOM advierte de los peligros de terapias de reputación incierta. «La administración de productos sin eficacia ni seguridad contrastada en ensayos clínicos controlados puede incluso modificar el efecto del tratamiento oncológico y por tanto no puede aconsejarse».

Baos incide en que aunque los enfermos puedan sentir una mejora por tomar una sustancia cuyos ingredientes básicos son el agua y el azúcar, el experimento comporta riesgos. «El efecto placebo no es beneficioso en sí mismo, porque es una ilusión de curar. Además, cuando estamos ante enfermedades graves, el efecto placebo desaparece enseguida. Si no se actúa a tiempo, puede suponer un receso en un tratamiento o una complicación mayor».

Si está tan desacreditada la homeopatía, ¿por qué dentro de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) hay un grupo de homeopatía. A Vicente Baos le subleva su existencia. «Es totalmente raro, aberrante y ofensivo. La Semergen debería aclarar de dónde viene la financiación para patrocinar este tipo de actividades».

 

Los medicamentos

Precisamente el argumento económico es también esgrimido por los médicos homeópatas. Si bien los dirigentes de la Asamblea Nacional de Homeopatía no lo dice abiertamente, sus seguidores dejan caer que detrás de la campaña de desprestigio están las grandes multinacionales farmacéuticas de EE UU, que pretenden dominar el mercado europeo.

La UE accedió a darle la vitola de medicamento a los remedios de los homeópatas porque sucumbió a las presiones de los fabricantes franceses y alemanes. Los países nórdicos se resistieron, pero al final prevaleció el interés económico. «Los laboratorios alemanes Heel son propiedad de la familia Quandt, que tiene una importante participación accionarial en BMW. Si se sigue el rastro del dinero se averiguan muchas cosas», apunta Baos.

En España, según la Asamblea, cerca de 10.000 médicos «recomiendan habitual u ocasionalmente medicamentos homeopáticos por los beneficios que aportan a numerosas patologías». Fernando Frías, abogado y miembro de la asociación Círculo Escéptico, rebaja la cifra de facultativos que abogan por la homeopatía y las terapias naturales a 2.000, una proporción muy exigua. «Es el 1% de un colectivo formado por 230.000 médicos», apostilla Frías.

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