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La Pixerota: entre barcas y delicias

La playa de Mont-roig es una de las pocas que permite atracar embarcaciones y además acoge a uno de los chiringuitos más consolidados de la zona

Cristina Valls

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La playa de la Pixerota reúne gran cantidad de turistas llegado agosto. Foto: A. Mariné.

La playa de la Pixerota reúne gran cantidad de turistas llegado agosto. Foto: A. Mariné.

Más de 1.800 metros de largo playa y una arena cambiante. De ocupación media, no muy masificada, pero con unas vistas maravillosas. Unas que dejan entrever los recorridos de habituales embarcaciones trazando caminos en el mar. Los bañistas de la playa de La Pixerota de Mont-roig son testigos de todo esto y, desde luego, no renuncian a la tranquilidad. «La actividad de aquí es de lo más relajante, a veces hay que ir con cuidado de no distraerse mucho.  Realizamos rondas y hablamos un poco con la gente. Acuden muchos turistas a la zona y gran parte residen en el pueblo de Mont-roig, que está bastante cerca», explica el socorrista reusense Josep Maria Vilà, quien encarrila su tercer año consecutivo trabajando en el puesto.

La playa de Mont-roig es una de las pocas que admite que embarcaciones acutáticas atraquen. Foto: A. Mariné.

«Este año cumplo un par de años vigilando La Pixerota y uno que estuve en la que llaman Cristal. Sobre la experiencia de esta playa, puedo decir que es una de las más apaciguadas y su limpieza depende del día», ríe mientras divisa la hilera de bañistas de delante de la caseta. La rutina incluye informar de algunos de los servicios de los que dispone la zona a aquellos que no están familiarizados y velar por la seguridad de todos.  Uno de los principales reclamos de la playa también es su carril náutico, tener espacio para poder atracar embarcaciones además es clave. «Muchos se vienen con sus motos acuáticas hasta aquí para poder comer en el chiringuito, que es muy popular», evidencia Vilà. Otro testigo de muchas de las historias que se cuecen en la arena es también Cesc Cueto Martín, más conocido en la zona como ‘El Cueto’. Es el dueño del Chiringuito de La Pixerota y cuenta con parientes también dedicados a la rama de la hostelería y hace gala de ello muy orgulloso.

Una de las cualidades de la zona es su tranquilidad y poca profundidad. Foto: A. Mariné.

Sobre la crisis, «algo se ha notado. Aunque nos caracterizamos por ser trabajadores. Mientras lo hagamos, estamos tranquilos», valora contento Cueto. Tantos años de trabajo lo han curtido, aunque conserva mucha humildad: «La gente dice que le gustan mis hamburguesas pero lo importante es que ellos lo digan, no yo».  El aspecto culinario triunfa en la zona. Cerveza, hamburguesa y patatas es lo que se come en La Pixerota.

Hasta la playa en moto
Y es cierto, un ejemplo práctico es el de la madrileña Belén García, quien reconoce haber probado tales delicias después de haber vivido en la zona más de 20 años. «Nosotros tenemos una casa cerca del mar, en la que vivimos todo el año. Contamos con una barca incluso y muchas veces hemos venido hasta aquí con una embarcación, una Zodiac», explica la bañista. 

Muchos de los bañistas se acercan a esta playa con su embarcación acuática


Otra de las virtudes que resalta Noelia Costa, natural de la Vall d’Aran, y bañista habitual de la zona de Mont-roig durante cerca de una década, «es que la relación calidad y precio en la oferta de la zona es muy buena». Apunta que es una playa que no tiene «muchas piedras» y «apta para los más pequeños, que están más seguros porque no hay tanta profundidad», expone Costa.

En el caso de Maribel Martínez, elige La Pixerota «porque acudiendo a la hora que sea, siempre encontramos sitio. Veraneamos aquí durante años y la vemos algo sucia», concluye.

Imagen del Chiringuito La Pixerota, momento clave para la formación de colas. Foto: A. Mariné.

Las hamburguesas más conocidas del verano

Mientras ultima los preparativos culinarios de la petición más reciente, Cesc Cueto Martín, repasa las mesas que faltan por servir en el Chiringuito de la Pixerota. Es un día caluroso, de comienzos de agosto, y ya piensa en el ritmo de la noche, cuando sus famosas hamburguesas ejerzan de reclamo para muchos visitantes. «Llegadas las 9 horas de la noche, aquí se forman unas colas de una hora. Hay que reservar con antelación y lo que realmente nos funciona es el boca a boca. Nuestra fórmula no es otra que nuestra manera de cocinar de siempre», explica Cueto resuelto.  

Según destaca risueña una de las trabajadoras, que se encuentra a su lado, «el secreto está en las cebollas» y «el trato también es fundamental». Lo  corrobora mientras ya prepara un arsenal de porciones de lo más amplias.  «Hay que darse prisa», dice la chica. Y consigue hacerlo todo sin llorar. El negocio familiar ha estado al pie del cañón durante cerca de 41 años y se ha consolidado por la estrella de la carta, pero también acoge a clientes muy leales. Sobre el futuro Cueto dice, ahora más crítico, que «seguiremos, si las administraciones nos dejan».

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