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La cirugía estética mira al sur

Las operaciones de cirugía íntima se han doblado en diez años. Médicos y pacientes hablan de unas técnicas todavía poco conocidas

Norián Muñoz

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La cirugía estética mira al sur

La cirugía estética mira al sur

Las cirugías íntimas se han doblado en una década: «Del 2006 al 2016 hemos aumentado un 109% los tratamientos», dice el ginecólogo Javier del Pozo, director de las jornadas internacionales de ginecoestética y cirugía íntima que celebraban la semana pasada en el Centro Médico Teknon de Barcelona.

Pero, ¿realmente a tantas mujeres les importa la apariencia de sus genitales?... Pues aparentemente la respuesta es sí, especialmente en tiempos de depilación integral y de bañadores y ropa deportiva ajustada.

Toda esta demanda ha hecho surgir lo que ya casi es una subespecialidad dentro de la ginecología: la ginecoestética. «No podíamos seguir haciendo oídos sordos a unas demandas de nuestras pacientes que estaban allí y que no atendíamos», explica el especialista.

En el caso de la consulta de Del Pozo, los tratamientos que se encuentran a la cabeza son las labioplastias (cirugías de aumento, pero sobre todo de disminución del tamaño de los labios vulvares), que han aumentado un 45% en los últimos cinco años.

Reconoce que, aunque en la naturaleza hay multitud de formas vulvares normales, hay pacientes que no están conformes con las suyas, y no sólo por un asunto estético, sino porque a algunas la prominencia de los labios les causa irritaciones y dolor con el simple roce de la ropa, los deportes o en las relaciones sexuales. «Estamos en una era minimalista», observa.

Motivos funcionales

En este punto el doctor Juan Salinas, miembro fundador del Grupo de Ginecoestética de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia, profesor de la URV y quien está al frente de una consulta de ginecoestética en el centro Policlinc Simonet, de Reus, defiende que la mayoría de sus pacientes acude por motivos más funcionales que estéticos.

Y pone el ejemplo de una de sus pacientes, una mujer de 40 años aficionada al pádel que debía ir con compresas por las pérdidas de orina. Tras un tratamiento con láser, relata, los escapes se han reducido mucho, lo que ha supuesto un cambio muy importante en su calidad de vida.

Aparte de las labioplastias, el tratamiento más demandado es el láser vaginal. El procedimiento que se hace en consulta puede mejorar la incontinencia urinaria leve-moderada incluso con cierto componente de vejiga hiperactiva en mujeres que han tenido partos vaginales y también en mujeres postmenopáusicas que con la pérdida de estrógenos pueden experimentar sequedad vaginal, dolor e infecciones recurrentes. En ambos casos, además, el tratamiento puede mejorar la calidad de las relaciones sexuales.

El láser también puede ser un recurso para tratar a pacientes como las que se recuperan de algún cáncer, a quienes no se les puede tratar con cremas de estrógenos, que es el tratamiento más habitual.

Y aunque ahora el láser es un elemento clave, el doctor Salinas apunta que cada vez hay más procedimientos no quirúrgicos y conservadores que se están empleando, como el ácido hialurónico o los tratamientos con plaquetas concentradas o con grasa autóloga ( de la propia paciente), para mejorar las condiciones de la vagina.

Ante cualquier inquietud referida a la apariencia o funcionamiento de la zona genital, ambos especialistas coinciden en que lo primero es acudir al especialista, que es el ginecólogo, porque es quien es capaz de evaluar de manera integral el suelo pélvico de la paciente y descartar patologías.

«El otro paso, aunque todavía queda camino por recorrer, consistiría en que otros compañeros puedan informar a la paciente sobre ginecólogos especializados en ginecoestética que puedan responder de manera específica a sus inquietudes», dice Salinas. Además, si el caso lo amerita, los especialistas en ginecoestética pueden recomendar una evaluación psicológica para determinar la idoneidad de una intervención. Así se puede evaluar, por ejemplo, que la persona no espere resolver con una operación problemas sexuales que en realidad tienen otro origen, o que tenga expectativas poco realistas de lo que pueden obtener con una cirugía.

Valga destacar, por último, que en la sanidad pública no se ofrecen tratamientos de ginecoestética, pero sí se da respuesta a problemas de incontinencia urinaria o fecal relacionados con los prolapsos.

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