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La fiebre Alejandro Sanz crece

Un Parc del Pinaret lleno hasta la bandera corea todos los temas del cantante en una noche que muchos calificaron de histórica
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Un momento del concierto de Alejandro Sanz, que cerró un FIM histórico. Foto: Pere Ferré

Un momento del concierto de Alejandro Sanz, que cerró un FIM histórico. Foto: Pere Ferré

Ya media hora antes del concierto en el Parc del Pinaret se podía respirar emoción. Ríos de gente por todas partes que tenían como único objetivo llegar a la zona del escenario para poder ver a su ídolo. Una vez allí, gritos de emoción y grupos de espectadores que coreaban un solo nombre, Alejandro. «Estamos desbordados» decía la gente del staff. Y es que se trataba de una noche histórica. El aforo estaba completo y las entradas agotadas desde el pasado lunes. Dos factores eran los culpables: el fenómeno que ha generado Alejandro Sanz desde que es coach del programa televisivo La voz y el revulsivo que ha significado para el mercado discográfico el lanzamiento de su último trabajo Sirope.

El concierto para nadie cabía la posibilidad de que fuera un fracaso. Consecuencia de esto, un público muy entregado y eufórico que si el cantante lo hubiese querido se habría podido permitir dejar durante las dos horas de concierto el micrófono enfocado hacia la pista y no habría tenido ni que cantar. Letras enteras solo cortadas por algún grito de emoción. No obstante en el concierto hubo tiempo para todo. Canciones nuevas y temas más antiguos que respondían a la variedad de edades que se podía ver en los asistentes. Tres generaciones convivieron durante las dos horas largas de música que sin lugar a dudas disfrutaron al máximo y convirtieron la velada en un momento muy especial. El punto álgido llegó con la canción Corazón Partío en el que a parte de ser el momento más aclamado, un espectador lanzó al artista una bandera catalana estelada. Sin ánimo de polemizar, Alejandro Sanz se limitó a cogerla y no la ondeó.

Al salir de las instalaciones una vez terminada la actuación, la reacción de los que habían estado escuchando al madrileño eran unánimes. La expresión que más se podía oír por los alrededores del Parc del Pinaret era «piel de gallina» o «se me han puesto los pelos de punta». El cantante ya había estado dos veranos atrás en la provincia, en Sant Carles de la Ràpita, donde dejó muy buen sabor de boca y un objetivo difícil de repetir. A pesar de eso, las expectativas quedaron superadas con creces y así se cerró un Festival Internacional de Música de Cambrils histórico.

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