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La mujer que hablaba con las piedras

Beatriz habla con las piedras, o mejor dicho, son ellas las que le hablan de nuestros antepasados. Es lo que tiene ser especialista en arte rupestre

Norián Muñoz

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La mujer que hablaba con las piedras

La mujer que hablaba con las piedras

«Es inevitable preguntarse cómo llegaron a hacer grabados en ciertos sitios o por qué los pusieron en un lugar preciso para que el sol le dé justo a esa figura... Es allí cuando comienza a trabajar la cabeza». Lo cuenta emocionada Beatriz Menéndez (Gijón 1979), arqueóloga afincada en Tarragona y especialista en arte rupestre. Pero no hay que engañarse, a pesar de su dulzura en el trato y el entusiasmo que transmite, Beatriz aclara que el suyo es un trabajo científico que deja poco margen a la imaginación. Eso sí, emociones, reconoce, tiene muchas incluso frente a la pantalla de un ordenador.

Es justo lo que le pasa estos días en que está terminando de hacer el calco digital de los grabados que está estudiando para su tesis doctoral. Con programas informáticos está analizando las fotos que realizó en su expedición a Sonora, México. Ahora, a tantos kilómetros de distancia, comienzan a aparecer ante sus ojos detalles que no se veían a simple vista. Aquello que en apariencia era una figura sin mucho sentido se convierte, claramente, en un hombre con un arco.

A ese proyecto arqueológico de Sonora, que fue impulsado por el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, ella asistió como representante del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social, IPHES, de Tarragona, donde se formó.

Sorpresas en espera

La idea es interpretar y tratar de poner fecha a unos grabados que se supone fueron realizados unos 1.450 años antes de la llegada de los colonizadores españoles. Eso sí, aquí también ha aparecido alguna sorpresa, porque algunos grabados retratan a personas con vestuarios europeos. Además, y aunque no era objeto del estudio, también encontraron grabados más recientes representando granadas de mano o fusiles. Lo dicho, piedras que hablan, cada una de lo suyo.

Lo sabe bien la arqueóloga porque antes, en su tesis de máster, otras piedras, esta vez en los Alpes francoitalianos, también le mostraron algún secreto.

Pero como el asunto es no parar, mientras termina la tesis doctoral, se embarcó a finales del año pasado en un proyecto, también con laUNAM, para estudiar el arte rupestre en una zona de Guinea Ecuatorial donde hubo un poblamiento temprano de homo sapiens. En la primera expedición, que terminó en noviembre, encontraron herramientas de piedra, pero todavía no arte rupestre, aunque están seguros de que los hallarán. Eso sí, dice que ya el solo viaje valió la pena, por descubrir un paisaje selvático increíble y los habitantes de un pueblo muy acogedor.

En Tarragona trabaja en la empresa de arqueología y difusión Némesis, donde le contratan por proyectos. «Para mí la arqueología es más una forma de vida que una profesión», resume Beatriz cuando se le pregunta por ingresos fijos o vacaciones, algo a lo que nunca se compromete por si sale algún trabajo o una nueva expedición.

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