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La oferta de conciertos aumentó un 16% durante el último año

Se incrementan los espectadores pero baja la facturación. La Sala Zero ha subido un 20% sus asistentes desde que reabrió
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La música en directo en Tarragona sigue sumida en la precariedad y ahogada por el 21% del IVA a pesar de las señales positivas mostradas en el último año. Según el Anuari de la Música de 2014, los asistentes a conciertos en Catalunya subieron un 43% respecto al año anterior y la oferta de recitales se incrementó en un 16%. En concreto, la cifra de público a las salas ha aumentado un 2,9%, superando los 1,2 millones. Los mayores incrementos se constatan sobre todo en los equipamientos de fuera de Barcelona, donde la asistencia subió un 12% de media, después de una última temporada muy negativa. 
La Sala Zero, quizás el local con más solera de la provincia, es un ejemplo de inercia positiva. En la primera temporada después de su reapertura (de octubre de 2012 a junio de 2013), registró 7.469 espectadores. En el siguiente curso, pasaron 8.333 personas, lo que supuso un incremento de un 11,5%. Actualmente, pasado el ecuador del ejercicio 2014-15, la asistencia ronda las 6.700 personas. «La proyección es muy positiva. Si seguimos a este ritmo, acabaremos la temporada con más de 9.000 espectadores», explica Àngel Lopera, responsable del espacio tarraconense. Sería una subida del 20% de espectadores desde que la sala reabriera.
Promotores y programadores de Tarragona confirman la abundancia de propuestas. «Mi impresión es que se hace mucha actividad. Hay un público que es capaz de seguir a los músicos de su generación. Eso no pasaba 10 años atrás», indica Jordi Freixes, responsable de Batall Produccions, en Valls. «Valoro el esfuerzo de las salas medianas de tirar adelante. Hay una eclosión de programadores que hacen un gran trabajo, mal remunerado, con un gusto por la calidad y con interés en la música», añade Freixes, miembro de la Associació Professional de Representants, Promotors y Mànagers de Catalunya. «Hay gente nueva que hace cosas interesantes, pero la cosa no está para tirar cohetes. Van saliendo promotores, nuevos espacios musicales… las ganas están porque es algo vocacional, pero cuesta salir adelante sin apoyos», admite Víctor Bladé, programador de la sala Lo Submarino, en Reus, una de las notas positivas desde que abriera en noviembre. 
«La tendencia parece mejorar pero aún nos movemos en cifras muy pobres. En Barcelona y Girona parece que la cosa va mejor pero en Lleida y Tarragona todo cuesta más», diagnostica Jordi Gratacós, presidente de la Associació de Representants. 
Sergi Solís, responsable de la promotora Music From Tamarit, da su impresión: «El problema es que no nos lo acabamos de creer. Aún se ejerce un provincianismo absurdo. Aquí preferimos ir a ver el mismo concierto a Barcelona antes que en Tarragona. Eso pasaba en los años 80 en Barcelona respecto a Madrid.  Luego la mentalidad cambió. Aquí estamos ahora en esa situación». Para Solís, la oferta existe, pero no siempre el público: «Cuesta que en el pequeño concierto la gente se mueva entre Tarragona y Reus. Y desmitifico la creencia de que los de Tarragona se van a Reus. Según mi experiencia, cuando monto algo en Tarragona viene más gente de Reus que al revés. En todo caso, hay gente que pica piedra en las salas. Es una labor encomiable». 
Para Solís, es una cuestión casi de mentalidad o de autoestima en el propio territorio: «Un ejemplo que conozco es lo que pasó con Estopa el año pasado. En Tarragona pusimos a la venta 1.180 entradas y en Sitges 1.380. Pues bien, en Sitges hicimos ‘sold out’ dos meses antes que en Tarragona, y siendo más entradas… Para mí eso es muy significativo». 
En ese contexto en el que surgen programadores, Freixes detecta disfunciones: «Hay vitalidad y capacidad por parte del sector amateur o semiprofesional. Eso está bien valorado por los políticos. Personalmente creo que es un engaño porque, en realidad, cuando se dice eso se están aprovechando de la buena voluntad de entidades jóvenes para cubrir la actividad que deberían llevar a cabo empresas profesionales. Es un engaño si ahí te estás ahorrando contratar a un profesional».
Algunas voces son críticas con el poco apoyo institucional. «Creemos que la colaboración público-privada (sobre todo con Cultura del Ayuntamiento y también de la Diputació) es más que mejorable. Y que debería basarse más en la colaboración que en la competencia, a juzgar por lo que se viene programando bajo el paraguas público. Todo lo que se programa en la ciudad recibe cero apoyo público, con la única excepción del modelo del Dixieland.  Una mayor colaboración con el sector privado mejoraría y haría más sólida la programación musical en la ciudad. En cambio, se financian otras actividades que, en el mejor de los casos, duplican la oferta existente sin aportar más valor. El modelo es muy mejorable», indica Àngel Lopera. 
 Si la tendencia en salas parece ser positiva, la cifra de espectadores, en cambio, baja en picado en los auditorios catalanes, que han visto reducir en un 6,7% la programación de conciertos y en un 18% el público. Tras un periodo de incertidumbre, la programación de orquestas de baile creció un 3%, mientras que los conjuntos de versiones también han visto incrementarse en un 10,7% su número de conciertos.

La música en directo en Tarragona sigue sumida en la precariedad y ahogada por el 21% del IVA a pesar de las señales positivas mostradas en el último año. Según el Anuari de la Música de 2014, los asistentes a conciertos en Catalunya subieron un 43% respecto al año anterior y la oferta de recitales se incrementó en un 16%. En concreto, la cifra de público a las salas ha aumentado un 2,9%, superando los 1,2 millones. Los mayores incrementos se constatan sobre todo en los equipamientos de fuera de Barcelona, donde la asistencia subió un 12% de media, después de una última temporada muy negativa.

La Sala Zero, quizás el local con más solera de la provincia, es un ejemplo de inercia positiva. En la primera temporada después de su reapertura (de octubre de 2012 a junio de 2013), registró 7.469 espectadores. En el siguiente curso, pasaron 8.333 personas, lo que supuso un incremento de un 11,5%. Actualmente, pasado el ecuador del ejercicio 2014-15, la asistencia ronda las 6.700 personas. «La proyección es muy positiva. Si seguimos a este ritmo, acabaremos la temporada con más de 9.000 espectadores», explica Àngel Lopera, responsable del espacio tarraconense. Sería una subida del 20% de espectadores desde que la sala reabriera.

Promotores y programadores de Tarragona confirman la abundancia de propuestas. «Mi impresión es que se hace mucha actividad. Hay un público que es capaz de seguir a los músicos de su generación. Eso no pasaba 10 años atrás», indica Jordi Freixes, responsable de Batall Produccions, en Valls. «Valoro el esfuerzo de las salas medianas de tirar adelante. Hay una eclosión de programadores que hacen un gran trabajo, mal remunerado, con un gusto por la calidad y con interés en la música», añade Freixes, miembro de la Associació Professional de Representants, Promotors y Mànagers de Catalunya. «Hay gente nueva que hace cosas interesantes, pero la cosa no está para tirar cohetes. Van saliendo promotores, nuevos espacios musicales… las ganas están porque es algo vocacional, pero cuesta salir adelante sin apoyos», admite Víctor Bladé, programador de la sala Lo Submarino, en Reus, una de las notas positivas desde que abriera en noviembre.

«La tendencia parece mejorar pero aún nos movemos en cifras muy pobres. En Barcelona y Girona parece que la cosa va mejor pero en Lleida y Tarragona todo cuesta más», diagnostica Jordi Gratacós, presidente de la Associació de Representants.

Sergi Solís, responsable de la promotora Music From Tamarit, da su impresión: «El problema es que no nos lo acabamos de creer. Aún se ejerce un provincianismo absurdo. Aquí preferimos ir a ver el mismo concierto a Barcelona antes que en Tarragona. Eso pasaba en los años 80 en Barcelona respecto a Madrid. Luego la mentalidad cambió. Aquí estamos ahora en esa situación». Para Solís, la oferta existe, pero no siempre el público: «Cuesta que en el pequeño concierto la gente se mueva entre Tarragona y Reus. Y desmitifico la creencia de que los de Tarragona se van a Reus. Según mi experiencia, cuando monto algo en Tarragona viene más gente de Reus que al revés. En todo caso, hay gente que pica piedra en las salas. Es una labor encomiable».

Para Solís, es una cuestión casi de mentalidad o de autoestima en el propio territorio: «Un ejemplo que conozco es lo que pasó con Estopa el año pasado. En Tarragona pusimos a la venta 1.180 entradas y en Sitges 1.380. Pues bien, en Sitges hicimos ‘sold out’ dos meses antes que en Tarragona, y siendo más entradas… Para mí eso es muy significativo».

En ese contexto en el que surgen programadores, Freixes detecta disfunciones: «Hay vitalidad y capacidad por parte del sector amateur o semiprofesional. Eso está bien valorado por los políticos. Personalmente creo que es un engaño porque, en realidad, cuando se dice eso se están aprovechando de la buena voluntad de entidades jóvenes para cubrir la actividad que deberían llevar a cabo empresas profesionales. Es un engaño si ahí te estás ahorrando contratar a un profesional».

Algunas voces son críticas con el poco apoyo institucional. «Creemos que la colaboración público-privada (sobre todo con Cultura del Ayuntamiento y también de la Diputació) es más que mejorable. Y que debería basarse más en la colaboración que en la competencia, a juzgar por lo que se viene programando bajo el paraguas público. Todo lo que se programa en la ciudad recibe cero apoyo público, con la única excepción del modelo del Dixieland. Una mayor colaboración con el sector privado mejoraría y haría más sólida la programación musical en la ciudad. En cambio, se financian otras actividades que, en el mejor de los casos, duplican la oferta existente sin aportar más valor. El modelo es muy mejorable», indica Àngel Lopera.

Si la tendencia en salas parece ser positiva, la cifra de espectadores, en cambio, baja en picado en los auditorios catalanes, que han visto reducir en un 6,7% la programación de conciertos y en un 18% el público. Tras un periodo de incertidumbre, la programación de orquestas de baile creció un 3%, mientras que los conjuntos de versiones también han visto incrementarse en un 10,7% su número de conciertos.

 

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