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La soledad de la maternidad que tarda

Sonia Ruano ha tenido a sus hijas por maternidad subrogada y ahora se dedica a acompañar a mujeres que se someten a reproducción asistida

Norián Muñoz

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La soledad de la maternidad que tarda

La soledad de la maternidad que tarda

Sonia Ruano tiene 38 años; un cáncer y 16 sesiones de quimioterapia le habían quitado la oportunidad de ser madre de forma natural hasta que optó por la maternidad subrogada en Estados Unidos. Una mujer gestó en su vientre a las pequeñas de ocho meses que la tienen ahora más que entretenida.

A Ruano la experiencia del cáncer y un año y medio de baja en su trabajo en el área de marketing de una multinacional le hicieron replantearse muchas cosas y, además, comenzar a formarse como coach. Ahora, junto a la también coach Hind Binoua (ha pasado por cinco procesos de reproducción asistida), se dedica a acompañar a mujeres que se están sometiendo a un tratamiento de reproducción asistida tanto individualmente como a través de talleres de grupo.

Cuenta que «la mayoría de las mujeres que asisten a nuestro taller necesitan un espacio seguro donde dar voz a las emociones que sienten. Lo que significa para ellas el sueño de ser madres y el duelo de no poder conseguirlo de forma natural».

Explica que una de las grandes dificultades es que, a pesar de que las clínicas de reproducción asistida ahora comienzan a ofrecer asesoría psicológica, lo más común es que se sientan abrumadas por toda la burocracia médica del proceso.

Muchos tabúes

Otro de los objetivos que buscan es que las mujeres se sientan libres de hablar de sus tratamientos y sus sentimientos con quien quieran. «Hay muchos tabúes» apunta, que no permiten compartir con la familia, los amigos o los compañeros de trabajo las emociones de impotencia, rabia, obsesión, dolor... que acompañan al proceso. «Se suele vivir en mucha soledad», apunta.

El tabú no permite, por ejemplo, comentar el impacto emocional que tiene todo el tema hormonal. «Ellas suelen decir que se sienten como en una especie de montaña rusa», comenta. Y es que la presión social para que las mujeres sean madres tampoco afloja y las preguntas de ¿para cuándo? se repiten con frecuencia a partir de cierta edad.

También sufre la relación de pareja. «Se olvidan de tener relaciones por placer, el sexo se convierte en una obligación con la finalidad de tener un hijo y cada vez que viene la regla o un predictor da negativo vuelve a comenzar la rueda», explica.

Y si finalmente el embarazo se logra, cuesta que estén tranquilas, «hasta la semana 12 no comienzan a relajarse un poco».

De todas formas, explica, la intención es conectar a las mujeres con lo que realmente desean y en algunos casos, después de años de tratamientos, se trata de escuchar el cuerpo y los sentimientos y dejar de intentarlo.

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