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Las cicatrices de los abusos sexuales en la infancia no sanan con los años

Un estudio realizado en centros de salud sexual de Catalunya constata que las mujeres que sufrieron abusos tienen peor vida sexual y afectiva

Norián Muñoz

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El estudio se realizó en centros de salud sexual de toda Catalunya, incluida Tarragona. Foto: Freepik

El estudio se realizó en centros de salud sexual de toda Catalunya, incluida Tarragona. Foto: Freepik

Las cicatrices de los abusos sexuales en la infancia y la adolescencia pueden acompañar a las mujeres que las sufrieron a lo largo de toda la vida. Es lo que ha corroborado un estudio realizado por el Programa de Atención a la Salud Sexual y Reproductiva (PASSIR) en el que han participado centros de toda Catalunya, incluida Tarragona.

La investigación, la más amplia hasta ahora, se basó en las encuestas que se realizaron a 917 mujeres adultas que acudieron a a alguno de estos 24 centros de salud por problemas relacionados con su salud sexual y reproductiva. El 37,6% de las encuestadas afirmó haber sufrido algún tipo de abuso sexual durante su infancia y adolescencia. De ellas, el 53,3% manifestó haber sufrido tocamientos o haber sido obligada a tocar, y el 46,7% refirió intentos de penetración o penetración no consentida.

Jesús Cobo, psiquiatra del Servicio de Salud mental de la Corporación Sanitaria Parc Taulí de Sabadell y miembro del equipo investigador reconoce que, trsitemente, la cantidad de mujeres que refirió abusos no les sorprendió, porque otros estudios similares hablaban de las mismas porporciones.

Más dolor, menos placer

El estudio refiere que las mujeres que han sufrido abuso sexual en la infancia y la adolescencia «presentan con mayor frecuencia disfunciones sexuales como trastornos del deseo, de la excitación, del orgasmo, trastornos por dolor (vaginismo o dispareunia) y rechazo. Se sienten menos satisfechas sexualmente, presentan menos deseo sexual, menos excitación sexual y menor frecuencia de orgasmo». El 29%, por ejemplo, nunca o casi nunca ha tenido un orgasmo en el último año. Igualmente, el 20% manifiesta sufrir dolor muchas veces o siempre en sus relaciones sexuales y el 19% siente rechazo siempre o casi siempre a las relaciones sexuales.

Por otra parte, encontraron que el grado de relación con el agresor es determinnante: «la satisfacción con la vida sexual es más baja (el 40% se muestra muy insatisfecha o poco satisfecha) cuando el agresor fue un conocido. La baja frecuencia de deseo (nunca o menos de una vez al mes) es del 48,9% cuando el abusador es un conocido o amigo. En cambio, cuando el agresor fue un desconocido se observa una mayor capacidad para llegar al orgasmo (59,4%), menos dolor y menos sentimientos de rechazo de las relaciones sexuales (15,9%).

Sobreponerse a la adversidad

Con todo, explica Cobo , no todas las mujeres que sufrieron abusos en la infancia y adolesccencia reaccionarán igual, y los efectos tienen que ver también con la gravedad y la duración de los abusos. «Cada persona tiene una capacidad distinta para resistir a las adversidades, es algo que se ve en situaciones como las guerras. Algunas personas necesitarán tratamiento posteriormente, mientras que otras no», explica.

Pero independientemente si se requiere tratamiento o no, lo primero que hay que hacer, explica Cobo, es denunciar «que nadie olvide que es un delito grave, que está bien tipificado en la legislación española. Y explica que «Queremos iniciar una preocupación sobre este tema en Catalunya. Estamos ante un problema muy serio». concluye.

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