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Naltros Ciencia ciudadana

Los investigadores del mar necesitan tus ojos

Ya son más de 1.400 los ciudadanos que, con sus fotos, se convierten en los ojos de los científicos en toda la costa
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Para participar en el proyecto Observadores del Mar no hacen falta grandes conocimientos, sólo una mirada atenta.

Para participar en el proyecto Observadores del Mar no hacen falta grandes conocimientos, sólo una mirada atenta. Pere Ferré

Aunque parezca difícil de creer, para participar en investigaciones sobre el mar y sus ecosistemas no hace falta tener un título universitario ni sofisticados equipos; basta con un teléfono móvil y una mirada atenta. Y es que, gracias al programa Observadores del Mar, cualquiera puede compartir con un grupo de científicos nacionales e internacionales sus observaciones marinas.
Ya son 1.449 las personas que se han sumado a esta plataforma web coordinada desde el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona ICM-CSIC y han aportado 7.339 observaciones. Gracias a estas colaboraciones altruistas los investigadores hoy  pueden comprender mejor los efectos que tienen el calentamiento global, la contaminación, los cambios de biodiversidad, las invasiones de especies exóticas y la sobrepesca, entre otros.

¿Qué especie será ésta?
Cuenta Elisabetta Broglio, coordinadora de la plataforma que arrancó en 2012, que la idea surgió porque cada vez recibían más llamadas y correos de personas «alertando de fenómenos raros o de especies nunca vistas».

Hoy todas las fotos y comentarios que envían los ciudadanos son validados y comentados por el equipo científico y en el caso de ser particularmente interesantes se destacan en la portada de la plataforma y se difunden en las redes sociales.

Cuenta Broglio, doctora en ciencias del mar, que las observaciones de los ciudadanos ofrecen «datos muy valiosos para poder hacer el seguimiento de fenómenos que ocurren en el mar; datos en el tiempo  y  en el espacio que sin la ayuda de los ciudadanos no se podrían recoger... También aportan la experiencia de quienes conocen su zona muy bien, porque por trabajo o por ocio la han estado observando de forma seguida durante años y pueden detectar cambios... Al final  es una oportunidad de diálogo con los ciudadanos, una ventana al conocimiento que permite intercambiar información en las dos direcciones, ambos lados aprenden».

Los ciudadanos han ayudado a detectar especies invasoras

Cuando se le pregunta si las observaciones les han ayudado a hacer hallazgos importantes, responde categórica que sí. «Un ejemplo son las primeras apariciones de especies invasoras o la mortalidad masiva de organismos. Son muy difíciles de detectar en las primeras fases y una vez detectadas es más fácil hacer el seguimiento y buscar soluciones», explica.
Los ciudadanos interesados en participar sólo deben registrarse en la página web (observadoresdelmar.es) para comenzar a subir sus fotos y rellenar las fichas con los datos del hallazgo. Se puede participar en trece proyectos distintos, el más reciente de ellos es el de las nacras (una especie de molusco endémico del Mediterráneo), actualmente en serio peligro. Participan desde personas particulares hasta clubes de submarinismo o pesca, por ejemplo.

De medusas a esponjas
Uno de los proyectos más conocidos es el de las medusas, pero Broglio aclara que no es el único que  despierta el interés de los observadores. «Las medusas molestan a los bañistas que se preguntan siempre si habrá más o menos y qué hacer en caso de picadura, por lo tanto hay mucho interés por conocer la problemática, pero hemos constatado que los observadores han aprendido a mirar el mar de otra forma, y que a mdida que se abren nuevos proyectos científicos se interesan también por otros organismos menos ‘mediáticos’ (como algas, esponjas, moluscos, corales, crustáceos, etc) y fenómenos que también producen nuevos retos científicos».

La nacra, una especie en peligro, es el objeto del más reciente de los 13 proyectos. Foto:Lenka Juskanicova

Relata que al inicio del proyecto recibían más observaciones en verano, cuando la gente va más a la playa y a hacer actividades acuáticas, pero ahora los colaboradores saben que los datos que se recogen todo el año son muy valiosos.

Del otro lado, del de los observadores, destaca que no sólo van educando su mirada y obteniendo cada vez más conocimientos, sino que adquieren conciencia de que el medio marino no es sólo un sitio de recreo, una piscina de agua salada. Broglio comenta que  «con el proyecto plástico cero lo hemos visto claramente: desde que hemos enseñado a los ciudadanos la cantidad de micro y macroplásticos que se encuentra en nuestras playas y que llegan al mar por negligencia humana, antes de tiran un bastoncillo de los oídos por el wc la gente se lo piensa dos veces... Estamos dando motivos a los ciudadanos para mirar el mar con otros ojos y descubrir su belleza, la variedad de los organismos que componen los ecosistemas marinos y las problemáticas que está sufriendo y, a la vez, estamos concienciando a nuestros investigadores de la importancia de abrirse a la sociedad y de compartir el conocimiento».

Si vive o visita Tarragona, una oportunidad de acercarse al proyecto puede ser visitar la exposición ‘Mediterrani. El nostre mar como no l’has vist mai’, que estará abierta hasta el 30 de julio en el Caixaforum. En la muestra, muy completa, vivencial y recomendada para toda la familia, hay un módulo de Observadores del mar.

Observadores a pie de playa

Sergio Ruiz y Pablo, su padre, en la playa de Cubelles, donde realizan sus observaciones. Foto: Cedida

Hace ya seis años que Pablo, policía local de Cubelles, y su hijo Sergio, que hoy tiene 12 años, se dedican a ‘peinar’ la playa de Cubelles, cerca de la desembocadura del río Foix, en busca de especies que clasificar para la plataforma  Observadores del Mar. El mes pasado volvían a ser los que ostentaban más observaciones (a lo largo de estos años llevan 287).

Relata Pablo que se enteró de la iniciativa por la prensa y, desde entonces, involucró a su hijo. Al principio, con cada foto, se metían en internet a ver de qué especie se trataba,  pero ahora cada vez tienen más experiencia. Además, su hijo ha desarrollado una técnica para salvarse del pellizco de los cangrejos más agresivos y,  con su vista afiladísima, halló una subespecie que no estaba catalogada. 

Entre sus grandes hallazgos se encuentra, precisamente, la detección en su zona de una especie exótica, el cangrejo azul americano (originario de la costa americana del Atlántico), que habían visto por primera vez en 2015 y no volvieron a detectar hasta ahora, que ya está ‘instalado’ y hay numerosos individuos. Es una muestra evidente, apunta, de que el cambio climático ha llegado para quedarse.

Una de las peculiaridades de esta pareja de observadores  es que todo lo que recogen lo hacen a pie de playa y con el  móvil como única herramienta (en la plataforma también participan muchos submarinistas). Asegura que en una playa común, como la suya, se pueden hacer grandes hallazgos y basta con tener los ojos bien abiertos. «El mar es como el universo, está lleno de cosas sorprendentes y está aquí al lado», remata.

 

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