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Los monumentos de Tarragona "encogen"

MiniTarraco, ubicado en una finca de El Catllar, alberga un pequeño museo con réplicas atamaño reducido de la Catedral, el anfiteatro romano o la Ermita de Sant Magí Brufaganya

Javier Díaz Plaza

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El anfiteatro romano en primer plano, junto con otras réplicas. Foto: Lluís Milián

El anfiteatro romano en primer plano, junto con otras réplicas. Foto: Lluís Milián

El abuelo de Wenceslao Maceras construyó en 1966 una casa en medio del campo, en una finca rodeada de pinos, en El Catllar. La llamó La Ponderosa, como el rancho de la popular serie de televisión Bonanza. La familia de Wenceslao, originaria del barrio pesquero de El Serrallo, se refugiaba allí los domingos, días de reunión, arroz casero y largas sobremesas.

Su exterior, por donde correteaban entonces los niños, es ahora un pequeño museo al aire libre. Una suerte de Tarragona en miniatura con sus monumentos más emblemáticos reducidos a unos pocos centímetros. En una misma parcela se pueden visitar la Catedral, el Pont del Diable, el anfiteatro romano, la Torre del Pretori, parte de la muralla con la Torre de l’Arquebisbe, la iglesia de El Serrallo o incluso el Arc de Berà.

El padre de Wenceslao, del mismo nombre y ya fallecido, dio forma de manera artesanal y con mucha paciencia a estas reproducciones. Tardó siete años en terminarlas. La primera que hizo fue la Ermita de Sant Magí de Brufaganya, de quien era muy devoto. La original está ubicada en Pontils y dice la tradición que allí el patrón de Tarragona hizo brotar el agua milagrosamente dando tres golpes en el suelo con su bastón.

Wenceslao padre elaboró las réplicas con materiales sencillos: madera, ladrillos, tejas, piedras de la playa... Luego las revistió con sulfato de hierro para darle un color similar al de la piedra que utilizaban los romanos. Era su hobby –de profesión fue funcionario en el Ayuntamiento de Tarragona–.

A Wenceslao hijo le pareció que esos pequeños monumentos, que sólo habían visto familiares y amigos, merecían ser expuestos al público. Los llevó a la finca de El Catllar y, en 2010, montó MiniTarraco. Abre todo el año y se puede visitar previa reserva (los horarios y precios se pueden consultar en su web, www.minitarraco.com). Entre semana está dirigido, sobre todo, a escolares de educación infantil y primaria. Una guía les explica de manera didáctica y amena la historia de estas joyas arquitectónicas de Tarragona.

Fiestas privadas

Los fines de semanas son para grupos que acuden para pasar un día cultural a la vez que celebran un cumpleaños, preparan una barbacoa o una calçotada, ahora que empieza la temporada. « La alquilan, sobre todo, personas de Tarragona y de municipios de alrededor, como Vila-seca, Salou o Cambrils», explica Wenceselao.

La finca dispone también de un espacio para juegos infantiles tradicionales: carreras de sacos, encestar almendras en cuencos de barro, completar un puzzle gigante de la catedral o la rayuela. También se realizan talleres, manualidades y hay una piscina de arena donde los niños hacen de arqueólogos y excavan para hallar tesoros. «Recreamos los juegos con los que se entretenían los niños en la época romana. Es una manera divertida de conocer nuestro patrimonio y nuestra historia», concluye Wenceslao.

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