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MInerva Castillo, coach nutricional: 'Las emociones engordan'

El trabajo, una relación tóxica, una pérdida, la soledad... ¿Ayudan a acumular kilos? Castillo cree que sí

Norián Muñoz

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Minerva Castillo, coach nutricional. Foto: Alba Mariné

Minerva Castillo, coach nutricional. Foto: Alba Mariné

A cualquiera le puede haber pasado alguna vez: está en casa y se encuentra, de pronto, masticando algo, una galleta quizás, y hasta el tercer mordisco no es capaz de darse cuenta de lo que está haciendo y mucho menos de si fue el hambre lo que llevó aquel alimento a su boca.

Pero ahora pensemos que es capaz de abrir un paréntesis consciente entre el momento en que siente el impulso de comer algo y el momento en que lo hace. Un momento para pensar si es hambre lo que le lleva a la galleta o es el aburrimiento, la tristeza, la rabia...

Aprender a abrir esos paréntesis es una de las técnicas de mindfulness (conciencia plena) en las que entrena a sus clientes la tarraconense Minerva Castillo, coach nutricional.

Castillo trabaja junto a una nutricionista acompañando a personas con sobrepeso. «Equilibrar el peso no sólo es una cuestión física; la mente y las emociones son una parte fundamental en el proceso, ya que en muchas ocasiones los problemas de sobrepeso son consecuencia de algo más profundo», defiende.

Y es que, asegura, cómo nos relacionamos con la comida refleja cómo nos relacionamos con nosotros mismos. «El cuerpo es un reflejo físico de las decisiones que hemos tomado a lo largo de nuestra vida», apunta.

Los resultados de este acompañamiento, reconoce, tal vez no sean tan rápidos como prometen las dietas de moda, pero sí que, asegura, se mantienen más a largo plazo y son más satisfactorios. Además tampoco se llama a engaño: tienen un buen porcentaje de éxito pero no son infalibles.

Emociones que pesan

El proceso, explica Castillo, no va de someterese a una simple dieta, sino de excarvar un poco más. «En muchas ocasiones esos kilos de más que acumulamos son el reflejo del peso emocional que llevamos: el trabajo, una relación tóxica, la carga del cuidado de la familia y la casa, una pérdida, la soledad, el aburrimiento... y que en muchas ocasiones tapamos con la comida. La comida nos distrae, nos hace compañía, o nos anestesia».

Castillo ayuda a las personas a hacerse preguntas como: ¿de qué tengo hambre?, ¿qué pesa en mi vida?, ¿deseo esto para el resto de mi vida?, ¿qué puedo hacer para cambiarlo?, ¿qué es la felicidad para mí?, ¿cuánta felicidad hay en mi vida?...

A partir de allí comienza un acompañamiento para que la persona consigua nuevos hábitos, persevere, se conozca, mantenga su autoestima ...«todo se puede entrenar», asegura.

Se mira, además, hacia los alimentos y ya no tanto por sus calorías sino por su química. La idea es descubrir, por ejemplo, que hay alimentos que pueden cambiar nuestro estado de ánimo y estados de ánimo que nos llevan a ciertos alimentos.

Y más técnicas prácticas: volviendo al mindfulness, piense que ahora se encuentra ante de un plato de comida. La cosa es tomarse un tiempo para ver el plato mismo: su forma, su tamaño, lo que cabe. Y luego toca ser conscientes de cada bocado, sentir el sabor, la consistencia, la textura, la temperatura, el sonido que hace... ¿Cuántas veces a llegado a la noche y no recuerda lo que ha comido a mediodía?

No más chuches de premio

Todo comienza, dice, desde la más tierna infancia, cuando comenzamos a relacionarnos con los otros a través de los alimentos. Por eso, explica, es tan importante que la comida no se utilice como premio; nada de «te daré una chuche si te portas bien». Tampoco como castigo, no es buena idea dejar a los pequeños sin postre por una mala conducta. A lalarga sólo se consigue que relacionen la comida con emociones placenteras. No es de extrañar, pues, que muchos adultos recurran a los dulces cuando quieren sentirse queridos, acompañados, seguros...

En su opinión, ante la creciente epidemia de sobrepeso y obesidad habrá que plantearse nuevas maneras de ayudar a estas personas que no se queden en lo estrictamene físico. De hecho, apunta, en algunas clínicas y hospitales ya se han percatado de la importancia de tener estos elementos en cuenta a la hora de tratar a sus pacientes.

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